miércoles, 16 de septiembre de 2015

SOBRE PREMIOS, OSCARES Y DESIERTOS (del blog Cine Cubano La Pupila Insomne)

ES UN PERVERSO JUEGO HISTÓRICO: SI TE BORRO, NO EXISTES.
JUEGO QUE LA HISTORIA SABE INVERTIR:
LA OBRA EXISTE, los funcionarios, censores, 
oportunistas y politiqueros, se borran solos.
Enrique Pineda Barnet

Premio Goya 1990
Pre-Candidatura a los Oscar 1990
Premio Nacional de Cine 2006

CARTA ABIERTA A JUAN ANTONIO GARCÍA SOBRE PREMIOS, OSCARES Y DESIERTOS.

San tranquilino, 14 de septiembre de 2015.

Estimado Juan Antonio.
He leído con mucho interés (siempre te leo) tu post en CINE CUBANO, LA PUPILA INSOMNE, “Sobre premios, oscares y desiertos” y la nota de la Redacción de Cubacine que tiene el buen tino de reseñar qué películas optaron por ser candidatas cubanas a la candidatura de los Premios  de las diversas Academias: Ariel, Goya, y Oscar, dejando implícito que no todas las películas cubanas del año participaron en el proceso de selección, lo cual, como tú insinúas, es sintomático de muchas cosas.
Lo primero, es que no todos los cineastas cubanos reconocemos esta manera de selección a la cubana, a lo ICAIC, que implica que uno como productor o director inscriba su película en un franco ejercicio de presunción que, en ocasiones, no toma en cuenta el alcance o los propósitos de la obra que has hecho. En mi caso tengo por norma no hacer este tipo de gestos y si aplico a las convocatorias de diversos festivales es porque no me queda otra opción para intentar mostrar el cine que hago. En nuestro caso, el del cine cubano, que no tenemos Academia y mucho menos una amplia producción de películas, me parece una paradoja muy irónica y excluyente. Agradezco que de la dirección Artística del ICAIC me hayan llamado para consultar mi interés en participar, pero les dije que no, que no creía que Venecia fuera una película seleccionable para esos premios y aquí cerraría mi comentario si no tuviera varias interrogantes que compartir.
¿Por qué no está La obra del siglo siquiera en la lista de precandidatos a la candidatura de la candidatura? ¿Consultaron a Carlos Quíntela? ¿Por qué no La pared de las palabras? ¿Acaso Fernando Pérez no quiso participar? Parece una perversión coincidente, una trama secreta, un complot,  que las producciones independientes más notables del año no hayan participado de esta selección, pero es una muestra elocuente de la crisis y el conformismo institucional que persiste en el Cine Cubano.
¿Por qué tengo que ir yo a tocar la puerta de una institución para que esta reconozca mi trabajo o no? ¿Por qué la institución que debe velar por la promoción internacional del Cine Cubano se conforma con hacer su trabajo a medias? ¿Cómo puedes permitirte dejar desierta la candidatura cubana a los premios Oscar cuando al menos una película como La obra del siglo hubiera sido una muy digna candidata? ¿Por qué hay unos estatutos? ¿Qué estatutos, si nosotros no tenemos una Academia? En el momento en que el cine Latinoamericano se hace más visible para todo el mundo, nosotros optamos por “dignificarnos” en la bruma. 
Es triste Juan Antonio, la crisis del Cine cubano ha crecido tanto que ya dejó de ser estética para convertirse en una crisis ética. Más de dos años llevamos los cineastas cubanos luchando por una Ley de Cine que reordene y democratice la circulación de nuestras producciones, y a veces somos los  propios cineastas los que atentamos contra nuestras demandas  aceptando el  statu quo, cuando debiéramos ser más consecuentes y radicales.  
Vivimos en el país del no me acuerdo, doy dos pasitos y me pierdo. Estamos perdidos. Nuestras instituciones no nos responden ni nos representan porque hace rato perdieron su razón de ser y su confianza en nosotros.
Estamos en el desierto, sí, a la intemperie, en plena sequía espiritual, en la dureza orgullosa de ser una isla y conformarnos con eso.
Entonces, parafraseando aquel título del libro tuyo sobre el Oscar, te dejo mi última pregunta:
¿Quién le pone el cascabel al cine cubano?
Un abrazo, 
Kiki Alvarez.

SOBRE PREMIOS, OSCARES Y DESIERTOS
Recuerdo que en la gentil nota introductoria que Rufo Caballero escribiera para mi primer libro (“¿Quién le pone el cascabel al Oscar?”, Editorial Oriente (Santiago de Cuba) y Universidad de Veracruz, México, 1999), y que titulara “La lectura perversa del descreído”, mi siempre recordado crítico anotaba:
A mí el Oscar no me apasiona, tampoco me preocupa: no me interesa. Como no me interesan los premios de Cannes, Berlín o La Habana. A mí me motivan las películas y las ideas; no los premios, que son en la inmensa mayoría de los casos piruetas circunstanciales, orquestaciones de coyuntura, detonantes de feria, cúmulos de azares e intereses bastante ajenos a la naturaleza misma del arte”.
Quien conoció a Rufo Caballero sabe que en su caso, polemizar era casi siempre una fiesta intelectual, una provocación para no quedarnos callados. Extraño esas polémicas en que muchas veces nos enfrascábamos, debates donde reconocíamos que más allá de nuestras diferencias como individuos estaban los fenómenos culturales que merecían estudiarse con el mismo rigor con que se analizan las llamadas “obras maestras del arte”.
No sé si alcancé a convencerle que detrás de la historia frívola de las alfombras rojas que propicia cada año el Oscar, hay una historia de la tecnología del cine que aún espera por ser pensada críticamente, puesta en contexto, como un modo de explicar mejor la evolución del lenguaje cinematográfico y la emergencia de distintos públicos. Estoy pensando en la cronología de esas categorías técnicas que suelen olvidarse a los cinco minutos de anunciados los ganadores, o en los maravillosos cortometrajes premiados (preparé hace algún tiempo un libro para el festival de Huesca en España), donde puede encontrarse la libertad creativa de muchos realizadores que después serán domesticados por la industria.
He traído a Rufo a mi memoria (otra manera de mantenerlo activo en el blog), porque seguramente hoy estaríamos comentando la decisión del ICAIC de dejar desierta la nominación al Oscar al mejor filme de habla no inglesa por parte de Cuba. Obviamente, intentaríamos explotar la lectura sintomática del hecho noticioso más que la noticia en sí; porque son cuestiones diferentes aunque igual de legítimas: es verdad que un premio es algo que será importante apenas para un grupo de personas durante un brevísimo tiempo, pero está la otra cara de la moneda, y es que a mí me importaría muchísimo que alguien a quien estimo lo recibiera. De acuerdo, un premio no salva el mundo, o no cura el cáncer, como diría Warren Beatty de las películas, pero si ayuda a que alguien se sienta durante un rato menos prescindible de lo que normalmente somos en la vida, pues bienvenido sea.
Les dejo entonces con la noticia que gracias a Francisco Puñal puedo compartir hoy en el blog. Y que como dicen en televisión, cada cual saque sus propias conclusiones.
Juan Antonio García Borrero
Escrito por  Redacción Cubacine 
Los filmes Meñique, de Ernesto Padrón y Vestido de novia, de Marilyn Solaya, fueron seleccionados para representar a Cuba en los premios Ariel y Goya, respectivamente.
La Comisión de selección del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) estuvo integrada por el realizador Jorge Luis Sánchez, la actriz Eslinda Núñez, la vicepresidenta de Relaciones Internacionales, Susana Molina, el productor Frank Cabrera y la directora Patricia Ramos.
Dicha comisión argumentó que Meñique fue seleccionado por tratarse de un filme que tiene la calidad necesaria para competir en este certamen. El mismo cuenta con una buena factura técnica y constituye una interesante adaptación cinematográfica sobre un cuento versionado por José Martí.
Por su parte, Vestido de novia fue elegido por ser una ópera prima que aborda con sensibilidad un tema hasta hoy muy poco tratado en la cinematografía nacional. Es una película que se inscribe en un período complejo de la realidad cubana y fue filmada con mucha credibilidad y sinceridad. Sus valores de interpretación, uno de los mayores logros de la obra, avalan de igual modo su participación en el certamen.
Los miembros de la Comisión, por mayoría de votos, decidieron dejar desierta la candidatura cubana a los premios Oscar.
Vuelos prohibidos (Rigoberto López), Contigo pan y cebolla (Juan Carlos Cremata), Fátima o El parque de la Fraternidad (Jorge Perugorría), La emboscada (Alejandro Gil) y La ciudad (Tomás Piard), fueron los otros filmes que optaron por representar a Cuba en estos premios.