domingo 4 de marzo de 2012

Verde verde, pero no tanto

marzo 3, 2012 |

Por Dariela Aquique

De la pelicula Verde Verde de Enrique Pineda Barnet.

HAVANA TIMES, 3 marzo — La cinematografía cubana se ha distinguido mayormente por su calidad, salvo algunas citas menos felices. Muchos títulos durante décadas han hecho a diversas generaciones, disfrutar de un cine inteligente, con excelente actuaciones y sugerentes dramaturgias.

Aunque con muy pocos recursos y escasos financiamientos para las producciones, se ha incursionado en casi todos los géneros con bastante dignidad. Y sin ánimo de chovinismo, creo que el cine cubano es de lo mejor de Latinoamérica.

Categórico de nuestra filmografía es justamente ese sentido de lo nacional, ese sello tan propio, esos detalles de localismo, que es lo que la ha hecho más universal.

Una nueva producción fue estrenada hace muy poco, con guión y dirección, nada menos que de Enrique Pineda Barnet, el director de cine que obtuviera la primera nominación a los Oscar de una película cubana, en la categoría de Mejor Película Extranjera en 1991; con su inolvidable Bella del Alhambra. La también ganadora del Premio Goya 1990 de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, el Premio Mano de Bronce en Festival Latino de New York y el Premio Pitirre en Festival Cinemafest de San Juan, Puerto Rico, entre otros.

Esta vez Barnet nos propone Verde-verde, una trama atemporal y aespacial, pero con evidentes referentes en una Cuba quimérica. El argumento va de un flirteo gay entre Alfredo, un marinero (enfermero naval, como se hace llamar el propio personaje), y Carlos, un dandi buscavida, técnico en informática.

La fábula cronológica se sitúa en tres locaciones, el impúdico bar de un puerto, la habitación o cobertizo de Alfredo y pasillos laberinticos, todos ellos conectados por un viejo y mugriento ascensor, en un coquetear excedido con el simbolismo como estilo y la superposición de la pintura como disyuntivo de las unidades motivacionales o secuencias.

No creo que el entorno de la intrepidez del filme resida en la temática, aunque ella no deja de ser la coartada perfecta para exorcizar antaños demonios escondidos, los que una gran parte de lo más notable de la intelectualidad cubana, guarda como una deuda para con la sociedad, con su tiempo y sus dramas personales.

Fue Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabio, la primera película cubana que encarara explícitamente la homosexualidad, descansó sus partituras en una edulcorada versión del excelente cuento, El lobo, el bosque y el hombre nuevo de Senel Paz. Y fue en aquel instante el más polémico suceso, no por su contenido en sí, sino por lo recriminado de este hasta ese momento.

Hoy estamos de vuelta con Verde-verde a este tópico, esta vez con más acritud, sin críticas sociales, sino con revelaciones existenciales. Ahora que la campaña anti homofobia en Cuba está de moda, es el momento propicio para sacar a la superficie tantas ganas contenidas de mostrar esas tantas caras verdes, enmascaradas en el miedo a mostrarse cuan maduras están.

No creo sin embargo que sea una de nuestras películas más representativas, con un tempo ritmo denso y una manera un tanto exótica de abordarla, me recuerda más al cine de Almodóvar, que al nuestro.

Con actuaciones muy dignas y orgánicas de Héctor Noas (Alfredo), Carlos Miguel Caballero (Carlos) y Farah María (La dama seductora). La participación de la pintora Rocío García y la Dirección de arte de Nieves Laferté. Producida por el ICAIC, Malas Compañías, Producciones Audiovisuales Artex, Ibermedia.

Enrique Pineda Barnet ha estrenado una película que se aleja de aquellos dramas épicos o sociales realizados en los 60 y los 70,con títulos como Un pelea cubana contra los demonios, La ultima Cena, Lucía o Memorias del subdesarrollo o de la comedias de los 80 como Se permuta o Los pájaros tirándole a la escopeta.

Que se distancia más aún de las coproducciones de los 90, nada felices como Hacerse el sueco o Amor vertical. Que no tiene la impronta de Adorables mentiras, Clandestinos, La vida es silbar o más reciénteme Los Dioses rotos o Habanastation.

Verde-verde se aleja de toda la filmografía nacional, no pretendo valorarla en buena o mal, sino en ajena, de un color demasiado verde para mi gusto y según varias opiniones, el de muchos.

Fuente: Havana Times

viernes 2 de marzo de 2012

Crónica de un espectador: Rolando Pérez Betancourt sobre "Verde verde", de Enrique PIneda Barnet

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu / 2 de marzo de 2012

Cuando todavía escribir de cine no era una profesión, a principios de los años sesenta, vi en el Teatro Campoamor cómo varias parejas se levantaban y, entre protestas, abandonaban la sala, mientras en la pantalla transcurría la violación que con dureza plasma Ingmar Bergman en La fuente de la virgen.

Se sabe que El último tango en París llevó a los tribunales a Bertolucci y que la película estuvo suspendida en Italia por más de quince años (no hace mucho se reveló que el proyecto original concebía una historia de amor entre dos hombres en el París de los setenta, pero ¡ni pensarlo para la época!).

Y Brokeback Mountain, para solo citar tres cintas, fue bombardeada por sectores conservadores en los Estados Unidos y, cuando se pasó en nuestra televisión, tarde en la noche, aunque hubo aplausos, también hizo sonar el timbre del teléfono con voces que preguntaban ¿qué era aquello?

Desde sus inicios, la temática amor-sexo-erotismo, en imágenes y conceptos, ha tenido que avanzar con pies de plomo ante prejuicios y, también, sensibilidades de todo tipo.

Y eso que el cine nació machista, se desarrolló machista, y en buena medida lo sigue siendo, aunque ya no a rajatabla, debido a que la problemática homosexual ––no sin luchas de por medio–– ha ido sacudiéndose moralinas e impedimentos.

Cualquier película puede traer hoy día un tópico homosexual trabajado con "elegancia" dentro de un argumento más abarcador, y ya nadie se asombra o, en todo caso, se asombran pocos.

Sin embargo, a filmes dedicados por completo al acople entre parejas del mismo sexo, se les siguen demandando la contención y "el sumo cuidado", en especial si en la trama se ven implicados varones, pues más tolerancia (siempre machista) hay tratándose de ellas.

Cierto que existe un denominado "cine gay", pero se dirige principalmente a un público definido y por lo tanto tiene limitaciones en su difusión.

Lo que no puede negarse es que al sexo, como sujeto dramático, ya sea heterosexual u homosexual ––sobre todo este último, y no obstante las receptividades y conocimientos que trae el paso del tiempo–– se le sigue viendo con aprensiones, a veces cercanas a las de aquellas parejas que, cincuenta años atrás, buscaron las puertas de salida en el Campoamor.

Pineda Barnet juega al duro en Verde verde, una película que concibe no para un cine gay en específico, sino para cualquier tipo de espectador.

Se trata de un filme de tesis que sin medias tintas trata de decirlo todo sobre un ocultamiento temático (aunque no desconocido) que entrelaza homosexualidad, prejuicios sociales y psicológicos, posibles afectos verdaderos entre la pareja de marras y mucha violencia, y al respecto habría que recordar que en cualquier archivo policiaco del mundo se recogen tragedias muy similares a las que recrea el filme.

Por primera vez el machismo, la homofobia y una estela de matices más son tratados en la cinematografía cubana hundiendo el cuchillo hasta el mango, y para ello se recurre a un muestrario de seducciones captadas in situ, es decir, no narradas por metáforas o sugerencias elípticas, sino haciendo ver al espectador, con lujo de detalles, el desgarramiento entre dos hombres que se conocen en una noche de taberna y en la intimidad empiezan a descubrirse.

Una manera de asumir el trance que para algunos espectadores funcionará como reflexión y para otros se quedará en el mero escándalo de las imágenes, y cabe preguntarse si con un poco de contención ilustrativa (que nada tiene que ver con "equilibrios" ni censuras), la cinta hubiera encontrado mayor interiorización a las esencias de sus valientes planteamientos.

Prevalece en los diálogos de Verde verde la impronta del teatro ––como en toda la concepción del filme–– y no escapan ellos de un aire de didactismo, además de que el rompimiento en los tiempos parlantes ––como síntesis de una larga noche y para darles entrada a las escenas con el más joven de los hombres corriendo entre galerías oscuras–– se puede apreciar lo mismo como intención artística, que como quebrantamientos en la dramaturgia.

Unos diálogos asumidos por Héctor Noas y Carlos Miguel Caballero que van de lo brillante imaginativo a la reiteración no justificada, principalmente hacia el final alargado, en que el director se deja tentar por las mieles del melodrama.

Transcurriendo en una bien trabajada visualidad, Verde verde trae a la memoria, en lo que respecta a la utilización de dibujos incorporados a la narrativa, aquel memorable Juego de masacre (1967) del francés Alain Jessua, pero Pineda Barnet se luce en el impacto dramático que le impregna a esas ilustraciones.

Otros aspectos son más discutibles, como el personaje que interpreta Farah María, símbolo del eterno femenino presente en el conflicto, demasiado reiterado en su deambular poético por oscuras galerías.

Necesaria Verde verde y con alientos innegables en sus planteos, pero al mismo tiempo sin poder escapar de objeciones a cómo dice artísticamente lo que tenía que decir.

Fuente: Granma

jueves 1 de marzo de 2012

José Massip, Premio Nacional de Cine 2012

José Massip, uno de los directores más relevantes del cine cubano, recibió este 1 de marzo de 2012 el máximo reconocimiento que otorga la cinematografía nacional a figuras descollantes del séptimo arte por la obra de toda la vida.

Realizador de obras como El maestro del Cilantro (1962), Historia de un ballet (Suite Yoruba) (1962) y Homenaje a Amílcar Cabral (1980); Massip fue fundador de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, del ICAIC y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Su sólida formación le ha permitido incursionar en el ensayo, la crítica de teatro, el cine, la literatura y la docencia. Durante diez años presidió la Sección de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC; y por iniciativa suya –junto a Manuel Octavio Gómez- surgió el Premio Caracol de dicha institución.

Militante de izquierda desde el segundo lustro de los años cuarenta, José (Pepe) Massip colaboró con la filmación de El Mégano en 1955, documental que está considerado como punto de partida del Nuevo Cine Cubano.

En 1959 trabajó como asistente de dirección de Julio García Espinosa en el documental La vivienda; más tarde, desempeñó igual función a las órdenes del holandés Joris Ivens (1898-1989) en los documentales Carnet de viaje y Cuba, pueblo armado, ambos filmados en 1961.

Con anterioridad, Massip ya había dirigido sus primeros materiales: Los tiempos del joven Martí y Por qué nació el Ejército Rebelde. Su documental Historia de un ballet constituye una fina recreación artística del aporte africano a nuestra cultura. Basándose en la “Suite Yoruba” del coreógrafo y bailarín Ramiro Guerra, con el acertado empleo de la Fotografía (Jorge Haydú), la Edición (Mario González), la Banda sonora, y la narración en off de Luis Carbonell; transformó dicha pieza en una obra antológica.

La decisión (1964), Premio a la dirección de actores en el XIV Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, fue su ópera prima en ficción. También son de su autoría Páginas del diario de José Martí (1971) y Baraguá (1986). En otro título suyo, apenas conocido, Guantánamo, mezcla el documental y la ficción.

Entre sus obras más premiadas se encuentran Historia de un ballet (Suite Yoruba); por la que obtuvo, entre otros, el Gran Premio Paloma de Oro en el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Leipzig en 1962, y el Primer Premio Medalla de Oro en el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino en Bilbao, España, en 1964. Además, Madina Boe le valió el Primer Premio Dragón de Plata en el Festival Internacional de Cine de Cortometraje de Cracovia, en 1969; la Copa del Comité Central de Sangkun (en el Festival Internacional de Cine de Phnom Penh, en el mismo año.

Por su meritoria trayectoria como pedagogo, realizador cinematográfico y ensayista, ha recibido la Distinción por la Cultura Nacional, la Réplica del machete mambí de Máximo Gómez, y en el año 2003 se le otorgó el Premio Caracol de la UNEAC por su dedicación al cine a lo largo de su vida. Además, es considerado el cineasta cubano que más profundamente ha tratado la vida de José Martí.

Fuente: Cubacine

domingo 26 de febrero de 2012

Teresa de Jesús Montoya sobre el filme "Verde verde", de Enrique Pineda Barnet

para Enrique

Mi adorado Enriquito...qué deseos tan grandes de ver Verde verde y de verte a ti!!!! Por fin,¿cuándo vienes?. Sería maravilloso ver la película juntos...bueno, lo dejo a la vida, pero avisa!
Yo estoy feliz por ti, pues más allá de que te apoyen o no lo suficiente (o te "des-apoyen") en algunos casos, lograste hacer una obra que creo te debías a ti mismo y se le debía al cine y a un grupo humano (ya encasillar me cae muy mal) muy maltratado y muy auto-castigado también, sin que nadie haya podido dar una verdadera explicación coherente que justifique semejante abuso y autoflagelación.

Supongo que como cada cosa cae cuando debe y donde debe, era este el momento para hacer semejante película: había que tener muchas vivencias, conocer bastante al prójimo, haber reflexionado mucho, haberse equivocado mucho también y haberse perdonado, ser un hombre y un artista forjado- entre muchos otros requisitos- para que semejante empeño en el que te metiste saliera victorioso...debes estar orgulloso de este bebé - tan querido como los otros, imagino-, pero que trae consigo la sabía carga de tus años dorados...

En fin, orgullosa de ser tu alumna y amiga, celosa de no estar en tus proyectos, verde de ansiedad por sentarme delante de la pantalla y esperanzada de que sea pronto...y segura, muy segura, de todos el éxito que cosechas y los que vendrán, aunque curiosamente sé que la trascendencia que esperas no son los reflectores de una premiere, sino algo más profundo, salvaje e necesario: penetrar el alma de los hombres.

Te beso y abrazo fuerte:
tt

Miami, 21 de febrero de 2012

jueves 23 de febrero de 2012

Havana Times: VERDE VERDE, de Pineda Barnet

22-feb-2012

"Verde verde" se presentó en el cine Club Diferente.

Por Irina Echarry

El espacio Cine Club Diferente lleva casi cuatro años promoviendo el audiovisual comprometido con la diversidad, y el 14 de febrero por primera vez tuvo un estreno cubano:Verde Verde, la última película de Enrique Pineda Barnet.
En la cola para entrar al cine 23 y 12 algunas personas comentan que no les gustó, el filme ya se ha difundido clandestinamente de memoria en memoria.

Un hombre de unos 45 años no la pudo terminar de ver: está muy grotesca, muy desagradable. Sin embargo un gay dentro del cine exclama: es basada en la vida real.
Y si nos ponemos a pensar ninguno está equivocado, es que la “vida real” es desagradable por eso inventamos falsedades que la disfracen.

Pero Pineda Barnet no cree en falsedades ni disfraces, así que Verde Verde provocará una explosión de comentarios, unos más subidos de tono, otros más convencidos de la necesidad de tocar el tema de la homofobia y la violencia masculina.
Odio, frustración, rechazo a lo diferente, amor, sexo, violencia, hay de todo esto en la película, pero lo que despunta es el miedo.

“El miedo. Mira que el miedo acaba con la gente. La gente se paraliza con el miedo” reflexiona uno de los protagonistas. Con esta frase Alfredo justifica la trama.
Es el miedo a lo desconocido el que provoca rechazo. El miedo a reconocerse en el otro, a sentirse despreciado, humillado, perseguido.

Es el miedo el que prohíbe el disfrute, el que crea estereotipos. El otro personaje, Carlos, dice: “yo no le tengo miedo a ná,” reafirmando con estas palabras su profundo miedo a la vida.
Pero lo que más repite Carlos, es “yo soy un hombre.” Lo repite hasta el cansancio luego de entrar a la casa de Alfredo, de jugar con las palabras, de bailar juntos, y luego de tener sexo con él.

Carlos, ahogado por el remordimiento, teme que sus amigos se enteren y toma una decisión drástica.
Al finalizar la proyección, como siempre en el cine club, tuvo lugar un debate en el que todas las opiniones fueron favorables a pesar de que los comentarios en la calle tienen otro matiz.
Para el cineasta Tomás Piard: “es la película más honesta que se ha hecho en todo el cine revolucionario. Es la más revolucionaria. La más valiente… Es una película sobre la libertad.”

Alguien pensó que era “la historia de la pasión, de lo que pudo haber sido una historia de amor si no estuviera marcada por los prejuicios,” y sentenció: “es una película necesaria.”

Una adolescente de 16 años llamada Lauren contó que Alfredo defiende su derecho a no ser discriminado porque lo importante “más allá de que te gusten los hombres o las mujeres es que seas una buena persona y hagas buenas cosas en la vida.”

Mariela Castro reconoció que es una obra de arte en todos los sentidos, y resaltó el manejo de los símbolos.
“Es una historia tan antigua llevada a la realidad actual, con una problemática compleja por lo escondida que está.” Mariela llamó la atención sobre los actos violentos contra los gay “no es un problema local, es un problema mundial”, y siguió diciendo que en Cuba estos casos no son considerados crímenes de odio, sino crímenes pasionales.

Entre otras opiniones alguien resaltó que la cinta refleja la violencia de género del hombre hacia el otro hombre (lo que la sociedad exige de ellos) y sobre sí mismo (el control para lucir como hombre ante la sociedad).
Analizando más la forma que el contenido hubo quien disertó sobre su carácter renovador del lenguaje del cine cubano y la importancia de la obra pictórica de Rocío García, casi otro personaje dentro de la cinta.

Ya que se trataba del Cine Club Diferente hubiera hecho falta una opinión diferente, como las que se escuchan en la calle. Alguien que hablara de que la historia está forzada, que los personajes fueron construidos sobre estereotipos (el gay inteligente, dulce, amoroso; la transición de Carlos “el machito” es muy predecible) o que los diálogos no son verosímiles y el personaje de la Dama Seductora queda fatal.

De haber sucedido esto se habría cumplido el reclamo del director quien antes de comenzar el filme dijo: “échennos con el rayo.”

Fuente: Havana Times

martes 21 de febrero de 2012

Hombres de verde: Deseo, intimidad y violencia

POR LETRA S • 20 FEB 2012 • VIHTRAL •

A propósito de la película “Verde-verde”, del cubano Enrique Pineda Barnet, el escritor insular Abel Sierra reflexiona sobre la forma en que la homosexualidad ha sido retratada en la cinematografía de Cuba.

En la foto Abel Sierra (1)

Hace algunos años, murió en La Habana de modo violento a manos de un joven amante, el actor Miguel Navarro. Los detalles de su muerte nunca fueron rebelados públicamente, y el expediente criminal, contenedor de los motivos y pormenores del asesinato, permanece seguramente –bajo el sello de “clasificado”- en algún archivo de la nación. Su ocultamiento forma parte de un silencio social consensuado en torno a lo que se dice y lo que no se dice, donde la narrativa homosexual se erige como una cicatriz que el cuerpo nacional insiste en ocultar. Este trágico suceso tiende a diluirse en los records policiales de asesinatos o lesiones, porque no existe una tipificación de violencia de género que permita una intervención estatal ni de la sociedad civil en ese sentido.

El director Enrique Pineda Barnet, inspirado en los casos de las muertes de Navarro, Roberto Garriga(2) , y en otros que también han corrido la misma suerte, nos entrega su último trabajo cinematográfico, el largometraje de ficción Verde-verde, para abrir una discusión pública en torno a la violencia, el deseo y la identidad homoerótica. Producida luego de casi veinte años del estreno del conocido filme de Tomás Gutiérrez Alea Fresa y chocolate, esta película de Pineda Barnet transita por otros caminos más incómodos y menos confortables, al distanciarse de la tradición cultural insular, que ha escamoteado/silenciado al espectador/lector el deseo y la intimidad sexual entre hombres.

Fresa y chocolate terminó siendo una propuesta moral conciliatoria, “tolerante”, asimilativa, que intentaba integrar la figura del homosexual -asociada simbólica e históricamente con la penetración colonial y pérdida de soberanía- a nuestra “comunidad imaginada” heterocentrada, plagada de héroes y panteones. La película de Titón respondía a la necesidad de ofrecer una imagen de cambio de una nación interpelada por una profunda crisis, tras la caída del muro de Berlín. Asimismo tenía -al menos para las autoridades oficiales- una función instrumental: la de contribuir a pasar página a períodos oscuros de la historia nacional como las UMAP(3). En carta del 10 de enero de 1994 al general Raúl Castro, hoy presidente del Estado cubano, el entonces director del ICAIC, Alfredo Guevara, le reenvía unos comentarios que le hiciera llegar a Fidel Castro el 23 de noviembre de 1993 a propósito del filme Fresa y chocolate:

No hay problemas políticos, o mejor, se abordan temas políticos a granel pero se resuelven en la conducta, las palabras, las acciones y la evolución de los personajes protagonistas. Cada cual se afirma en su idiosincrasia pero cada cual se afina en su espíritu revolucionario, en su humanidad (…) Fidel con este filme, asumido, y sin nada que decir, cerramos internacionalmente ese horrible momento que algunos llaman Capítulo y que prefiero llamar ‘inciso’, que fue la UMAP.(4)

Resulta interesante la relación que se da entre cultura y política en Fresa y chocolate. El hecho mismo de la preocupación estatal por su “incorporación”, es decir, su cooptación al marco revolucionario, indica precisamente que constituyó en su momento un “ruido”, un reto a las categorías empleadas en el terreno de lo político hasta entonces. El filme le sirvió al Estado cubano para reconciliarse con su pasado más cercano de intolerancia y discriminación. El país necesitaba abrirse al mundo, y la película contribuyó desde la cultura a ofrecer una nueva imagen de Cuba; pero también marcó el inicio de una transición que iba de una postura represiva de la sexualidad homosexual durante varias décadas, a una más contemporánea en la que se han desarrollado mecanismos y políticas de control más sofisticados e invisibles sobre estas identidades, bajo el marco políticamente correcto de la “diversidad” cultural.

En Fresa y chocolate, el personaje de Diego -tiene una anatomía “indiscreta” y es predeciblemente gay-; deviene un estereotipo nacional al constituirse en síntesis(5) hegemónica de características físicas, psicológicas, morales e intelectuales que se esperan socialmente de un homosexual. Diego encarna una búsqueda de validación y de estabilidad, al tratar de erigirse como referencia obligada a la hora de concebir lo homoerótico.

Ahora con Verde-verde, Enrique Pineda funda una estética cubana homoerótica desde otras configuraciones, al tratar de integrar al corpus nacional la figura del bisexual que se sale del marco binario tradicional de homo/hetero, loca/buga, una imagen que ha sido ocultada y descartada por mucho tiempo en la cultura cubana. En esta película, Enrique Pineda Barnet realiza un profundo acto de transgresión artística al exponer al espectador de un modo explícito a una relación entre varones, como nunca antes en el cine cubano. En ese sentido, la visualidad erótica desarrollada por el director no se inscribe en el terreno de lo “porno”, porque no está diseñada para producir “efectos” sexuales sobre los cuerpos/mentes de los espectadores, sino para emplazar la tradición que ha objetificado el cuerpo y la sexualidad femenina como únicos motivos artísticos.
El cuerpo, aquí, es un espacio de subversión de lo socialmente aceptado y Enrique Pineda interpela a las nociones tradicionales acerca de la sexualidad homoerótica, que ha sido entendida históricamente a través de una simple economía de jerarquías y roles sexuales, basados en penetrar y ser penetrado; lo que establece como consecuencia, en el plano simbólico, “posiciones de sujeto” privilegiadas o subalternas.

La historia transcurre en dos locaciones fundamentales: un bar y la casa de Alfredo, un enfermero naval, marinero (imagen global de lo gay) -encarnado brillantemente por el actor Héctor Noas-, que “seduce” a Carlos, un joven informático “straight”, interpretado por Carlos Miguel Caballero. El bar -con strippers, drogas, juego, travestis y prostitutas- es un espacio lúdico que de alguna manera recicla algunos mitos que contribuyeron a teorizar la homosexualidad como “vicio”, como constitutiva de tales ambientes decadentes. Este, precisamente, fue uno de los puntos de vista que justificó el destierro del homosexual del marco político nacional revolucionario fundado en la idea del hombre nuevo.
Ahora bien, si bien es cierto que la película trabaja con unos cuerpos que se resisten a ser predecibles de antemano; al mismo tiempo, Verde-verde juega con el estereotipo del varón que hace de su configuración hiperbólica de macho duro, una estrategia de ocultamiento de la homosexualidad; algo que está por ser demostrado, pero que vale la pena explorar. Esta idea deviene tesis fundamental del guion, que sostiene la hipótesis de que los sentimientos de vulnerabilidad y temor pueden convertirse en sentimientos de violencia para afirmar la identidad masculina.

Verde-verde -como ya expresé antes- es una película transgresora al presentar la intimidad entre hombres de modo descarnado; sin embargo, se inscribe en una especie de pacto tácito con el lector/espectador, que ha condicionado, en gran medida, la representación homosexual y su desenlace narrativo. De esta manera, la muerte, el suicidio, el destierro o el asesinato, se han convertido en las únicas salidas posibles a estos personajes. Varios ejemplos dan cuenta de este “arreglo” entre autores y lectores en la literatura cubana del siglo XX. Desde El ángel de Sodoma (1928) de Alfonso Hernández Catá, La vida manda (1928), de Ofelia Rodríguez Acosta hasta Hombres sin mujer (1938) de Carlos Montenegro, por citar sólo algunos ejemplos, el deseo homoerótico siempre ha estado “predestinado” a fatales desenlaces. Asimismo, el guion de Fresa y chocolate expulsa de Cuba a Diego para que la historia sea socialmente aceptada, tenga un final “feliz” y los espectadores se vayan contentos a casa.

Verde-verde participa de esta convención porque la película termina con la muerte violenta del marinero a manos del joven informático, después de haber sido penetrado por el primero. Aquí, el pánico homosexual surge ante la posibilidad de ser identificado como gay y por el sentimiento de culpa ante su propio deseo.

Como todo producto artístico, Verde-verde es un filme está codificado, y numerosas alegorías y símbolos son desplegados, algunos con más éxito que otros. El título mismo del filme está en clave y remite a la sentencia popular “verde-verde da maduro”, y sugiere que detrás de una configuración hiperbólica subyace el ocultamiento de una falta, o podría significar también “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”, muy a tono con el argumento que sostiene el film; algo que como dije antes está por demostrar y puede constituir una camisa de fuerza para el propio guión. El uso del verde, me resulta muy provocador porque simboliza el color del ejército, de la represión, de los hospitales y las clínicas mentales, lugares sobre los que se ha articulado todo una mitología homosexual occidental que viene desde el siglo XIX.
Otro de los símbolos utilizados tiene que ver con la escena donde el marinero muerto reposa como un Cristo, recurso empleado quizás para que podamos identificarnos con él y así integrarlo a lo nacional. O de lo contrario subyace el interés por destacar que la sexualidad funciona como ideología dentro de lo que se conoce como religión secular, articulada en una serie de creencias y dogmas políticos.

Merece la pena reflexionar en torno al suceso más violento del filme. Se trata de la escena donde el marinero después de haber sido asesinado, es castrado y desprovisto de la lengua. Estas imágenes se inscriben en una geopolítica del cuerpo y revelan cómo determinados lugares se convierten en significantes de la sexualidad. La lengua vendría a representar un marco binario de lenguaje/silencio: “Ahora no se lo vas a poder decir a nadie”, dice el informático después de cortar la lengua del marinero. Por otra parte, el corte del pene es una operación, una cirugía política de mutilación del propio deseo. “Maté a un hombre por maricón”, vocifera el victimario entre sollozos, desesperado por salir del lugar donde yace el marinero. De esta manera, el “maricón” encarna la otredad y es al mismo tiempo una categoría que funciona como resorte de la violencia y mecanismo de (des)identificación homoerótica para “el hombre a todas” que ha asegurado ser el informático al inicio de su encuentro con el marinero. Al poner en boca de este personaje la frase “yo soy un hombre a todas”, Enrique Pineda ha expresado la masculinidad como promesa, una promesa que nunca se cumple y que termina con la decepción y el resentimiento. Esta idea es fundamental para entender cómo funciona el género en tanto categoría de identidad. La masculinidad y la feminidad no son sino promesas, ideales imposibles de encarnar completamente, por eso hay que entenderlos como performances infinitos encaminados a ser corroborados, probados constantemente en el ámbito social.(6)
La escena de la castración puede ser leída como guiño intertextual al film de Nagisa Oshima L’Empire des Sens (El imperio de los sentidos), de 1976; metáfora del placer perverso, donde el corte se produce ante la imposibilidad de poseer completamente al otro o para que el otro sea completamente suyo. Quizás pudiera entenderse como una referencia al deseo sádico que se complementa con lo que rechaza, con lo que repugna, asco traducido en erección pánica(7) , diría Roland Barthes. Eros y Tánatos, fundidos nuevamente en el marco binario.
Esta película es un coming out de Enrique Pineda Barnet: “Es uno contra uno, es el ser o no ser, lo peor y lo mejor de mí. Son los destrozos del alma, los pedazos propios, expuestos en Verde-verde de una manera brutal, cruda,” dice(8). Aquí, el director propone una “epistemología del closet” otra, una metafísica del secreto, de “secreto abierto” -explicaría Eve Kosofsky Sedgwick-, pero no desde la visibilidad pública y el orgullo propio de la clase media blanca en contextos europeos y norteamericanos, sino desde el ocultamiento y el silencio, más cercanos a nuestra realidad latinoamericana.
Enrique Pineda nos muestra una historia orgánica, y los argumentos son coherentes con la tesis que ha desarrollado; sin embargo, casi al finalizar la película, el asesino pronuncia un parlamento frente al cadáver que es en cierto modo desconcertante y subversivo: “Yo hubiera podido quererte”. Finalmente, al quedar atrapado en el propio laberinto de su deseo, se encuentra ante un charco, espejo que le devuelve su propia imagen, un “reencuentro con lo idéntico”, diría Lacan. Esta frase se torna poco creíble, desde el punto de vista narrativo y de la configuración del personaje, y sólo tendría sentido si al director le interesara significar la masculinidad como parodia de su propia representación y sus imperativos, que es lo más probable.
Este parlamento puede ubicarse dentro de lo que Beatriz Sarlo llamó “ficciones sentimentales”(9); un homenaje de Pineda Barnet al bolero y al melodrama, en que la grandilocuencia crea un distanciamiento respecto de la escena violenta. El bolero en Cuba, como el tango en Argentina, se convirtió en un espacio de intimidad, una suerte de confesionario moderno inscrito en una poética de emociones “universales”: tristeza, amor, miedo, angustia, orgullo, culpa, pasión y, sobre todo, el tema del amor imposible. Este homenaje en Verde-verde se manifiesta en su banda sonora; la canción de Frank Domínguez Tú me acostumbraste (1957), de alto contenido homoerótico, da cuenta de ello: “Yo no concebía cómo se quería en tu mundo raro y por ti aprendí….” Estesoundtrack que formó parte de las listas de éxito de finales de los cincuenta, parece haber sido compuesto expresamente para esta película.
Con el uso del espejo, Enrique Pineda me hace recordar -más allá de Lacan- la escritura lesbiana de Alejandra Pizarnik, que desarrolla toda una poética sobre esta figura: “el amor es este viaje inútil/ pero muy suave/ al otro lado del espejo”(11). Y en otro poema apunta: “El poema que no digo/el que no merezco, Miedo de ser dos/ camino del espejo; / alguien en mí dormido.(12) Ahora bien, si en Pizarnik el espejo es un leit-motive y –como ha descrito en un ensayo Silvia Molloy- es el soporte en el que se reflexiona sobre el lesbianismo, pero de manera borrosa y confusa; un refugio de existencia, una morada, vuelta al closet para el ocultamiento/revelación(13); en Verde-verde el espejo es un charco putrefacto, es espacio contaminado de descubrimiento, pero, sobre todo, de la abyección.
Ahora bien, la teoría psicoanalítica –basada en una serie de ideales y mitos acerca de leyes culturales que rigen el parentesco, la significación y la producción de la diferencia sexual- articula en gran medida el corpus de esta película. La idea sobre un Eros bisexual original y creativo que la cultura vendría a organizar y separar luego, a través de identificaciones y rechazo, es constante en Verde-verde. Esta noción, que establece un marco binario naturaleza/cultura, ha sido bastante criticada por la teoría queer, por operar con una concepción del cuerpo como texto en blanco que la cultura vendría a modificar. De esta manera –apunta Judith Butler-, se encubre la complejidad acerca de cómo se impone todo un régimen discursivo del género y la sexualidad. Esa idea -producida en una lógica de entender las identidades como categorías estables y “universales” (hombres, mujeres, homosexuales, bisexuales etc.)- oculta las intersecciones culturales, raciales, sociales, históricas y políticas que constituyen precisamente esas categorías.(14) En ese sentido, se cuestiona Butler, en qué medida la “identidad” es un ideal normativo más que un rasgo descriptivo de la experiencia.(15)
La película sugiere algunas interrogantes que van más allá de su contenido pero que subyacen en las preocupaciones de su director. ¿La relación erótica entre hombres necesariamente está fundada por una relación perversa de poder-placer? De acuerdo con el antropólogo mexicano Guillermo Núñez Noriega, una visión apegada a esta descripción excluye un espectro de relaciones que acontecen en un terreno más equitativo, en las que los sujetos no se involucran en una experiencia de dominación y humillación, sino de placer y afecto y donde la dicotomía de placer-poder estratificada por el papel erótico y de género no ocurre.(16) Lo anterior, me parece crucial, no para minimizar o desechar los conflictos sobre los que Verde-verde indaga, sino para imaginar y establecer también otros marcos referenciales y de acercamiento esta temática.
Numerosos valores artísticos y argumentales posee este filme de Enrique Pineda. Estamos en presencia de un director que sabe hacer un cine de la mejor calidad. Esta es una película conmovedora, inquietante y muy provocadora. Pero, ¿qué puede aportar concretamente este filme a la cultura cubana contemporánea? Más que un espejo que refleje pasivamente determinadas problemáticas, creo que lo más importante es que Verde-verde ofrece la posibilidad del remake, de la emergencia de otras aproximaciones desmarcadas de las instituciones estatales (médico-sexológicas) y las agendas que estas imponen sobre el tema. Quedan abiertas otras conjugaciones y zonas de género y la sexualidad que demandan ser problematizadas con urgencia. Es necesario entender esta película no como una sutura, como un cierre, sino como una propuesta provisional que debe seguir fundándose constantemente.
Verde-Verde es realmente un filme a destiempo, si tomamos en cuenta las discusiones globales actuales sobre estos temas; y que han pasado casi veinte años desde su “antecedente” más cercano, Fresa y Chocolate, al menos en cuanto a largometrajes de ficción, me refiero. A destiempo no quiere decir viejo, rancio; nunca es tarde para recomenzar, para tratar de rellenar las grietas y los huecos que una cultura pretende mantener abiertos.
Habría que agradecerle a Enrique Pineda Barnet esta película imprescindible y necesaria, que no es sólo un desgarramiento, sino un profundo acto de honestidad intelectual y personal. Estoy seguro de que en lo adelante no habrá que esperar tanto para que el público cubano se “exponga” nuevamente a películas de este corte.

La Habana, 19 de diciembre de 2011.

(1) Abel Sierra Madero (Matanzas, Cuba, 1976). Ensayista, investigador. Doctor en Ciencias Históricas. Es especialista en estudios de género, sexualidad y procesos de construcción de la nación. Ha impartido conferencias en universidades de México, Estados Unidos, Italia, España, Suecia y en el Reino Unido. Su libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana, Editorial Casa de las Américas, 2006, fue premiado en el Concurso Casa de las Américas. Este libro también recibió el Premio Catauro Cubano (2007) que otorga el Instituto Cubano del Libro.
(2) Tomado de: Elizabeth Mirabal, Carlos Velazco. “Verdes verdades. Entrevista a Enrique Pineda Barnet”. En Revista Cine Cubano, No. 180, ICAIC, La Habana, abril-junio 2011, p.153.
(3) (UMAP) Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Centros de trabajo que existieron en Cuba, de 1964 a 1967, para la “reeducación” de ciudadanos y su integración al marco de los valores socialistas. A estos campos fueron enviados homosexuales, religiosos y otros sujetos que se salían del marco simbólico establecido por el paradigma del “hombre nuevo”.
(4) Alfredo Guevara, Tiempo de fundación, Iberoautor, Madrid, 2003, pp. 493-494.
(5) Tomo esta definición de estereotipo de Ricardo Pérez Monfort. Estampas sobre el nacionalismo popular mexicano, CIESAS, México DF, 2003, p. 122.
(6) Judith Butler. El género en disputa. (The gender trouble). El feminismo y la subversión de la identidad, Universidad Nacional Autónoma de México/ Editorial Paidós Mexicana, México, DF, 2001, p.172.
(7) Roland Barthes. Lo obvio y lo obtuso. Imágenes, gestos, voces. Editorial Paidós, Bercelona, 2002, p.217.
(8) Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco. Ibídem, p.149.
(9) Beatriz Sarlo. El imperio de los sentidos. Narraciones de circulación periódica en la Argentina (1917-1927), Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2000, p.47.
(10) Eduardo P. Archetti. “Masculinidades múltiples. El mundo del tango y del fútbol en la Argentina” En: Daniel Balderston, Donna J. Guy (comp.). Sexo y sexualidades en América Latina (Sex and Sexualities in Latin America), Editorial Paidós, Buenos Aires, 1998, p. 293.
(11) Alejandra Pizarnik. Obras completas, Buenos Aires, Corregidor, 1993.
(12) Ídem, p. 75.
(13) Sillvia Molloy. “De Safo a Baffo. La diversión de lo sexual en Alejandra Pizarnik.”. En: Daniel Balderston, Donna J. Guy (comp.). Sexo y sexualidades en América Latina (Sex and Sexualities in Latin America), Buenos Aires, Editorial Paidós, 1998, p. 364-366.
(14) Judith Butler. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Universidad Nacional Autónoma de México/ Editorial Paidós Mexicana, México, DF, 2001, p.35.
(15) Ibídem, p.50.
(16) Guillermo Núñez Noriega. Masculinidad e intimidad. Identidad, sexualidad y sida, El Colegio de Sonora; PUEG UAM, México DF, 2007, p.296.

Fuente: Letra S

Estreno en Cuba de "Verde verde", filme de Enrique Pineda Barnet

Cine Cubano

"Verde verde da maduro"

"Mi próximo proyecto se va a llamar La Virgen de la Caridad"

Enrique Pineda Barnet, uno de los maestros de la cinematografía cubana acaba de estrenar Verde verde, uno de los títulos más controvertidos del séptimo arte en Cuba...

Por ADA ORAMAS ESQUERRO
20/02/2012

La versatilidad, unida al talento son las claves del éxito de Enrique Pineda Barnet, quien posee un horizonte infinito de creatividad como realizador cinematográfico y, además, suma veinte títulos entre largometrajes y cortometrajes. Se ha desempeñado como guionista de cine y televisión, a lo cual une su labor de dramaturgo, autor de obras de danza y ballet, profesor universitario, actor y locutor.

Su filmografía ha proporcionado al cine cubano títulos convertidos en íconos de diversos géneros, entre los cuales sobresalen Giselle, de 1961, un filme que inscribió en su atmósfera el lirismo de la obra y la maestría de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso; y La Bella del Alhambra, 1989, la expresión cimera del musical en la gran pantalla cubana, ganador del Goya en 1990, conferido por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, que situó a Beatriz Valdés como una primera figura del género ante el mundo.

Pineda ha sorprendido al público y a la crítica con Verde verde, una denuncia a la homofobia, inscrita en los códigos del cine negro, en la cual engloba una crítica a cualquier manifestación discriminatoria, realizada con la audacia de un adolescente y el análisis de un experimentado realizador, por todo lo cual ocupa un punto focal en los juicios de críticos, especialistas, cinéfilos y espectadores, con opiniones encontradas acerca de su crudeza, y las gradaciones de su erotismo, sin que nadie ponga en duda la gran calidad de la puesta en pantalla que se aviene a las corrientes más vanguardistas del género, con imaginación, intencionalidad y un nivel actoral de alto relieve. El filme se exhibe hasta este miércoles en el Chaplin y, desde el jueves en el Cine 23 y 12, hasta la otra semana.

UNA LUCHA CONTRA EL ODIO

—¿Cuál es la tesis que esgrimiste en Verde verde?

—Me baso en que el odio conduce a la muerte, por esto la película plantea la lucha contra el odio. Y antes de comenzar la filmación, lo primero que hice fue operarme del odio: sacar de mi corazón, de mi pecho de mi vida hasta el último vestigio de odio.

“Ese es el objetivo esencial de mi tesis y hacer reflexionar a la gente en una denuncia a los homofóbicos y exigir el derecho de cada cual a su preferencia sexual, a ejercer su voluntad en cuanto a esta preferencia.

“Esa es una reflexión necesaria en nuestro país donde existe una homofobia muy fuerte, producida por un machismo enfermizo, que también se manifiesta en la discriminación de la mujer. Existen otras discriminaciones como la racial que persiste todavía, aunque no parezca posible.

“Me refiero a la mentalidad de algunos, porque en los papeles, en la Constitución están plasmadas leyes que defienden el antirracismo, y combaten cualquier tipo de manifestación contra la discriminación de la mujer y a proclamar su derecho a la igualdad, pero estos pensamientos están presentes en la conciencia y en la cabeza de personas con mentes retrógradas, aunque no reconozcan que lo son”.

BAJO LA PIEL DE UN MACHISTA ENFERMIZO ESTÁ UN HOMOSEXUAL REPRIMIDO

—¿Cómo podría resumir su actitud ante la vida?

—Ellos actúan con hipocresía, portan máscaras para ocultar sus verdaderos pensamientos; dicen una cosa, piensan otra y hacen otra. Esa doble moral es una característica de quienes no admiten la diversidad en ningún sentido. Mientras el machismo es más fuerte, está encubriendo la debilidad, la actitud condenatoria de un homosexual reprimido y de ahí la frase: “Verde verde, da maduro”.

“En la política ocurre igual, por eso me remito a Lenin, porque el extremismo es el peor mal desde el punto de vista ideológico y esto lo denunció Lenin cuando dijo que registra el interior de un extremista y verás un oportunista. Y yo pienso que cuando escarbes en la piel de un machista enfermizo, encontrarás un homosexual oculto, pero vivo”.

LOS HETEROSEXUALES CONVIVEN CON ELLOS SIN PROBLEMAS Y SIN FOBIAS

—¿Cómo asimilan esta preferencia sexual los heterosexuales en general?

—El heterosexual no tiene problemas, porque quien tiene una vida más equilibrada no adopta posturas homofóbicas. Conozco a hombres heterosexuales que son capaces de convivir con homosexuales encantados de la vida, porque no los distancian ni les molestan, no les huelen mal, porque no están lastrados por fobias. Pero hay hombres machistas y mujeres machistas igualmente que los repelen.

LOS ACTORES MOSTRARON MIS PERSONAJES EN SU DIMENSIÓN EXACTA

—¿Cómo descubriste a Carlos Miguel Caballero, el actor que encarnó al más joven de los protagonistas?

—Lo seleccioné en un casting hace más de veinte años para un proyecto de una película que no llegué a realizar nunca. Se titulaba La diversión y no la llegué a filmar por extremismos. Me la censuró alguien, de quien no diré su nombre, porque no vale la pena.

“Carlos Miguel elaboró su personaje con pasión, como yo lo había concebido, pienso que logró una actuación convincente e inteligente. Héctor Eduardo está en una categoría superior, es un actor que impresiona por su desdoblamiento, posee una madurez extraordinaria. Ambos mostraron mis personajes en su dimensión exacta y, a veces, fueron más allá.”

FARAH MARÍA DEJA HUELLA PORQUE ES MUY SENSIBLE

—¿Cuál es el simbolismo de la dama seductora que con tanto acierto interpreta Farah María?

—La concebí como una especie de fantasía, de ensoñación del adolescente con complejo de Edipo. Era esa imagen de los primeros años de vida del muchacho, era su ideal y no le per-mitió acercarse a otra mujer, porque resumía su ilusión.

“Estoy de acuerdo con tu criterio de que Farah María dejó su huella en la película y logró hacerlo porque es muy sensible. Quedó muy impresionada cuando vio la escena del personaje de Carlos arañando la pared, pues estaba tratando de descifrar la magnitud de la atracción que ella ejercía sobre él, me dijo que sintió el deseo de ese hombre y se impresionó tanto que tuvo que cerrar la puerta impactada por la fuerza de su sentimiento”.

“ME ALEGRA EL IMPACTO CAUSADO POR LOS EFECTOS ESPECIALES”

—El intenso ritmo de la película adquiere mayor relieve con los efectos especiales, ¿podrías referirte a ellos?

—Son muchos, en realidad, tanto los realizados con la cámara como con la computadora, han aportado sus conocimientos, experiencia e imaginación y se ha logrado un conjunto de efectos para realzar los momentos de clímax, incluso en el flash back, intencionalmente reiterativo, de los acusadores, casi monstruosos, con imágenes distorsionadas, en una burla cruel, que lleva al personaje de Carlos a una situación límite.

“Utilizo determinados efectos especiales, con la complicidad de la música y de contrastes de luz y sombra, porque los oscurecimientos también contribuyen a la atmósfera de la película. Produzco efectos que concilian la ilusión y la fotografía. Son técnicas que me parecen algo habituales, pero me alegro de su impacto”.

EL PÚBLICO ES MÁS INTELIGENTE, MÁS SENSIBLE Y CON MAYOR PERSPECTIVA QUE NOSOTROS”

—¿Cuál es tu opinión acerca de la acogida del público a Verde Verde?

—Ha sido buena. Muchas personas decían que el público no iba a entenderla y algunos repitieron los criterios de las agencias publicitarias de otra época, quienes afirmaron que el público tiene siete años de edad. Pero yo no estoy de acuerdo con semejante afirmación. Por eso, me remito a unas palabras pronunciadas por Dorticós cuando dijo: “al público no hay que bajar, al público hay que ascender. El público está más arriba que nosotros”. Yo pienso que el público es más sensible, más inteligente y posee mayor perspectiva que nosotros.

—Antes de despedirnos, Enrique, ¿podrías darme un anticipo acerca de tu próximo largometraje?

—No puedo hablarte de eso todavía. Se va a llamar La Virgen de la Caridad. Y la mantengo como un absoluto secreto.



Fuente: Cubahora