lunes, 21 de julio de 2014

"Upstairs", texto de Manuel Rodríguez-Leiva

Héctor Noas, en Upstairs (2014), de Enrique Pineda Barnet
He vivido casi la misma agonía del Vagabundo de Upstairs, tratando de abrir el archivo en la Memoria USB, pero al igual que el personaje no prescindí de mi propósito y esta tarde al fin pude descargarlo y disfutarlo, ya libre de todo obstáculo!!!!
Si bien es cierto que ya yo había hecho mi investigación sobre el corto(a propósito del estreno en Puerto Rico ) y escribí algo al respecto para apoyar la proyección en la Sala Beckett, después de ver la interpretación de mi querido Héctor, la lectura se torna irremediablemente mas profunda y desgarradora. Héctor, lejos de ser  “tu actor fetiche" como muchos críticos y periodistas le han llamado, es a mi juicio, el instrumento (superlativamente refinado), el eslabón crucial que absorbe todo el sentimiento que encierra tu creación artística para luego, de modo magistral trasmitirlo y cautivarnos con un mensaje visiblemente creíble.
Upstairs es un ejercicio de meditación donde no se necesita de una gama de colores ni de palabras para invitarnos a la reflexión obligada sobre el propósito de nuestra existencia terrenal. Es la materialización visual del tortuoso y álgido recorrido por la vida de su director, un hombre al que yo admiro y respeto muchísimo; un alquimista de corazones que pulió en el taller de su azotea a  otro gran ser humano, a mi amigo, hermano y actor preferido Héctor Suarez Noas; ambos de la mano  han calado con su transparencia y honestidad mi sensibilidad, desnudando mis emociones y mis miedos y convirtiéndome paralelamente en un mejor ser humano.
Tras la mascara del personaje de Upstairs no hay otro rostro que el del propio Pineda Barnet, el mismo joven atrevido que con solo 17 años iniciaba su cabalgata hacia picos de piedra con temor a morir sin derecho a sudarse el pan, tal y como nos cantaba en su “Elegía al Condenado”. El mismo rostro del hombre que en “First” armado de una piedra destruye (libre de culpa) el espejo que le devela su Yo interno. También están los rostros del Ricardo de “La Anunciación” que se derrumba en las escaleras de su apartamento( el templo de la familia) vencido por la cotidianidad y la frustración, y el de Alfredo de “Verde-Verde” que nos cautiva y contagia hasta convertir su dolor individual en el dolor de todos.
Los caminos que ha transitado Pineda Barnet han estado llenos de piedras y cuestas empinadas que son las que han hecho trascendental su paso por la vida. El podrá prescindir de todo pero de lo que nunca podrá librarse es de su entereza y su propósito de SOBREVIVIR.
Gracias Enrique por tus inmerecidos agradecimientos en los créditos, gracias por tu amistad y por tu cariño. Te prometo que seguiré buscando a ese hombre llamado Máximo y cuando me lo encuentre le rogaré que no desaparezca y se quedé, ya por siempre, junto a mi.
Miami, 11 de junio de 2014