viernes, 25 de julio de 2014

APRENDIZAJES

FIRST, ECUACIÓN,UPSTAIRS…
Los hice sin recursos, sin un centavo y rogando apoyo para la postproducción, que nadie me dio. Nadie lo distribuyó y creo que algunos se exhibieron una vez de modo casero.

Ya estoy en ese camino. He realizado mis mejores trabajos en esa forma, por mi cuenta o muy restringido. Y de ese modo aprendí a prescindir y he prodigado ese concepto como método, no como arte. PRESCINDIR no es hacer CINE IMPERFECTO, como propone Julio García Espinosa, con lo que a veces concuerdo, tampoco es CINE POBRE, que concluyó Humberto Solás y que sostuvo un hermoso festival en Gibara. No se trata de teorías ni de método y mucho menos de política. Es del principio de PRESCINDIR, que nunca es empobrecerse, es aprender a seleccionar lo ESENCIAL y dejar a un lado la hojarasca, lo prescindible. No niego el regodeo del barroco, el artificio imaginativo de la poética, la magia. Pero, llegado el momento de la verdad, lo prescindible se separa por sí mismo, y queda lo esencial. En fin, puede ser que envejezco, creo que maduro. Por otro lado, y no es otro lado , llegué a entender la inutilidad del odio, la toxicidad del dio, para quien odia, esto me vino por aquello de la homofobia, naturalmente fue un proceso a partir de uno mismo, vi cómo el homófobo odia al otro porque se odia a si mismo, porque repele lo que carga consciente o subconscientemente, y por ahí estudié las fobias, las fobias raciales, sexuales, religiosas…y me dije ¡Cojones, si toda esa gente que odia se hacen odio a sus esencias. El odio es un cáncer. Y ME OPERÉ DEL ODIO. ¡Que alivio, qué ganancia, qué saco de piedras solté. Ni odio ni roñas, ni rabietas y sus parientes. No, no es que me volví  jesuita ni nada de eso. No simpatizo con el concepto del PERDON a pulso. Ni con la aceptación de todo, porque perdemos sentido crítico, sentido de selección . Es que si estudiamos aquello o a aquel que “odiamos”, lo vemos por sus cuatro costados, analizamos el por qué lo rechazamos, el origen de eso, de dónde nace el conflicto, y llegamos a entenderlo, “comprenderlo”, y no es que entonces lo aceptemos, no es que lo perdonemos, es que si lo entendemos, vamos a separarlo del odio y quizás lleguemos hasta a tenerle un algo de comprensión o de un desprecio, desapego, en fin, que lo minimalizas. El daño no se olvida, pero no vamos a cargar con él, porque sería un saco de piedras innecesario.

Quería decir por  donde anda mi obra, anda por mi cabeza y por mi corazón. Ando liviano, pero tirando a fondo.
Y algo a lo que no he alcanzado. En el transcurso de la vida, he observado que, en nuestro mundito, cada uno se cree “el ombligo del mundo” “MI” “YO”,”MIO”, o en todo caso un hipócrita “NOSOTROS”,” “nuestra obra”. Y pensé, si el pobre Dios existiera tendría una cantidad inmensa de ombligos. Y me esforcé para seguir pensando, eso de pensar que es tan trabajoso ¿no sería mejor cortarse el cordón umbilical y prepararse para aprender a ser olvidado? Parece que hay una necesidad, un instinto, de quedarse sembrado, de trascender: los filósofos, los artistas, deportistas, científicos, todos quieren – queremos- trascender, en nuestra obra o en nuestra sangre. Morir, no queda más remedio, pero morir dejando una huella más grande que nuestra esta, la anterior y la anterior a la anterior vida. Bueno, que estallen todos los archivos de las computadores del universo. 

¡Qué chiquitico es el mundo! (comparados con YO)*

Debemos aclarar que la frase final es una IRONIA, no somos el ombligo del mundo, ni quiero serlo.

Enrique Pineda Barnet
La Habana, Junio 14  del 14