martes, 8 de mayo de 2012

Entrevista a Raúl Rodríguez Cabrera: Una foto verde, y otra verde… filme maduro


Por Esther Lilian González de la Fuente


Primero tras una cámara, luego supervisando la filmación desde un monitor, y por último corrigiendo cada detalle en el proceso de posproducción, estuvo RAUL RODRIGUEZ CABRERA, Director de fotografía de VERDE VERDE.
En varios trabajos de Enrique Pineda Barnet, Raúl ha estado presente; por tal motivo les une una fuerte relación de trabajo. Inmediatamente después de conocer el argumento, comenzó a tener una imagen de la película, que se fue consolidando en la búsqueda de las locaciones. La primera fue el bar ‘El Palermo’, en Centro Habana; a su juicio, “un lugar ideal”… pero la mayor demora fue el apartamento, porque al inicio presentó problemas para el sonido y casi termina descartado.


“A mí me encantó el lugar desde el primer momento, me pareció que no podía ser otro. Las dificultades empezaron porque el sonido ambiente influía mucho en la banda sonora, y se intentó –peligrosamente- a descartar el lugar. Pero según mi experiencia de más de 30 largometrajes, cuando veo una locación que me parece ideal trato de defenderla. Y en este caso también Enrique estaba convencido”.
“En el momento que nosotros vimos la locación por primera vez, no tenía nada que ver con lo que después apareció en la película; aunque ya nos imaginábamos cómo quedaría el espacio, cómo colocaríamos todos los elementos escenográficos para el trabajo de los actores. Teníamos una idea sobre cuál sería su atmósfera finalmente”.

“Junto con Pineda Barnet y Pablo Massip, quien realizó la cámara de la película, se comenzó a convertir el guión literario en un guión técnico, pensando siempre en las necesidades de la historia, y tratando de ubicar a los actores y los objetos en el plano. Se analizó también la parte del bar, y ahí se prestó especial atención al actor.
“Comencé a pensar cómo tenía que ser la luz para esos lugares, y las ventajas y desventajas para iluminar. Cuando empezamos la película -para el bar- asumí una iluminación muy reducida, traté de que la luz no fuera tan artificial que te encuentras por lo general en las películas; para eso creé una atmósfera lumínica que fuera totalizadora”.
“Durante la filmación empecé a ver dónde podían ir las fuentes de luz. Por ejemplo, cómo trabajar con utilería para que los elementos del bar fueran creíbles; y así, sobre la marcha fuimos encontrando el carácter del lugar”.

Con respecto al trabajo con la cámara, Raúl nos cuenta: “Empezamos a trabajar con dos cámaras pero después consideramos que con una era suficiente. Uno de los acuerdos a los que llegué con Enrique en cuanto a la estética fotográfica de la película, era que se hiciera toda con cámara en mano”.
“Eso fue para nosotros como un principio. A Enrique, nada más que se lo planteé, le pareció a tono con la idea que él tenía. Creo que la película no podía tener rigidez, sino que debía ser muy suelta, donde los actores se movieran para cualquier lugar y la cámara los siguiera”.

Durante la filmación en el bar todo estuvo iluminado; es decir, para cada toma no se creaba una iluminación nueva, sino que la cámara se movía para cualquier parte sin necesidad de cambiar lámparas. Eso requirió un trabajo previo para evitar que se viera algún cable, micrófono, elementos que siempre hay que cuidar. “Era difícil para mí -que estaba viendo el monitor- y para el operador de cámara -que se movía jugando con la intuición y las instrucciones del director-; aunque yo también tenía una gran tranquilidad, porque Massip es un excelente Director de fotografía también…”

“El hecho de tener muy buenos actores, y muy buenos figurantes; y de contar con una utilería precisa para reflejar ese ambiente, la secuencia del bar fue muy rápida y salió sin muchos contratiempos…”
“Después filmamos los elevadores, que son los elementos que unen una secuencia con otra. Los filmamos en distintos lugares, y eso nos costó trabajo, porque no es fácil filmar un elevador desde arriba, ni adentro porque por lo general son muy pequeños”.
“El laberinto fue la secuencia más difícil, porque hubo prácticamente que fabricarla en medio del muelle y buscar rincones para filmar. Esa secuencia me obsesionó desde el comienzo de la película”.
“La película a partir de la mitad hacia el final se va calentando, aparece el color rojo desde el momento en que ellos empiezan a bailar, él enciende una luz más cálida, más íntima, y a partir de eso hay un calentamiento en el color de la película que se va incrementando hasta el clímax. Sin embargo, en todos los planos del laberinto hay una imagen más bien fría, azul… Hay una especie de contradicción entre una secuencia y otra para delimitar lo que es el laberinto, y para 
aclarar un poco al espectador lo que es el tiempo real…”

Luego, el equipo de trabajo pasó a la filmación del apartamento, donde Raúl se planteó iluminar el lugar con una determinada intensidad, para dejar la búsqueda del elemento dramático durante la fase de posproducción: “Yo le propuse a Enrique hacer en la habitación una iluminación más brillante, con el objetivo de que cuando llegáramos a la etapa de corrección de luces, poner las cosas en su lugar, oscurecer lo que hiciera falta y aclarar lo que hiciera falta también; pero teniendo siempre una imagen de protección que nos permitiera movernos en ambos lugares. Él no estuvo de acuerdo, me dijo que la atmósfera tenía que quedar exactamente como quedaría al final, y llevamos la iluminación a ese punto dramático que necesitaba la película”.
“Revisaba plano a plano que se filmaba, aunque se hiciera más lento el proceso. Era necesario porque si no se perdían cosas, y así fue marchando día a día la película…”
“Mi mayor miedo era que fallara el elemento visual, porque entonces no se iban a ver las actuaciones y eso era lo más importante; era necesario hacer un fuerte trabajo de iluminación y de cámara”.

“Además, es una película que se filmó en orden. En la medida en que el filme avanzaba nosotros teníamos que avanzar también con la atmósfera que buscábamos en la iluminación”.
“Como Director de fotografía de esta película sufrí mucho -no por problemas personales con nadie, al contrario todo el equipo se llevaba muy bien-, sino porque la trama de la película me fue envolviendo. Es tan así que cuando llegó el momento climático del asesinato de uno de los personajes, creo que esa noche no pude dormir”.
“Generalmente cuando trabajo en una película tengo un nivel de distanciamiento muy grande con los actores y con lo que está pasando, pero Verde verde es tan dura y tan compleja que casi me creía lo que estaba pasando en el set. Eso es muy bueno por un lado, y muy malo por el otro; porque te crea un nivel de angustia existencial que llega un momento en que tú estás haciendo la película, pero no estás disfrutando de ella”.
“Es tan extraordinario el nivel de los dos actores que te lo crees todo. Cuando nosotros regresábamos del rodaje -que siempre era muy entrada la madrugada-, siempre los actores, Enrique y yo íbamos juntos en el carro, y pasaba una cosa muy simpática: no hablábamos una palabra. Todos estábamos en silencio, como si estuviéramos metidos en la historia sin poder salir de ella; es decir, que cada paso que dábamos en la historia nos estaba costando...