viernes, 10 de febrero de 2012

"ENRIQUE PINEDA CONTRA LOS PREJUICIOS" o, "la bobería simplificadora de las frases hechas"

POR MARIO CRESPO

Afiche de Nelson Ponce

Me llama la atención que lo único que destacan los que redactan notas de prensa, encabezamientos y titulares sobre la película Verde Verde, sea sólo que se trata de una película con temática gay. Esta manía de simplificar las cosas, de quedarse en la superficie puede ser fatal para la obra y para el artista. Película gay en La Habana, ¡oh, milagro!

¿No es posible proponer que se vea un poco más allá en la propuesta de Enrique? Indudablemente son muchas más las cosas que están detrás del diálogo y el escenario en el que se mueven los personajes de la película de Enrique y resulta que los titulares llaman a ver una película de maricones. Me parece terrible y creo que Enrique y otros realizadores cubanos han sido víctimas de esta manera simple de ver las cosas incluso a veces hasta por parte de aquellos que tienen como responsabilidad el diseño de políticas de trabajo y gestión.

No se me ocurrirá negar que Titón (Gutiérrez Alea) y Humberto Solás son dos directores canónicos, de primera línea, pero el síndrome simplificador y frívolo, que los etiqueta con frases, también los hace víctimas a ellos por efecto contrario y los deja solos, aislados, sin competencia, sin elementos de comparación en su arte y con su generación. El simplista etiquetamiento con frases excluyentes deja por fuera a sus colegas y hace tanto daño a unos como a otros. Si preguntamos a cualquiera por Memorias o Manuela o Lucía, aunque no las haya visto o visto a medias, te dirá maravillas, se deshará en elogios y usará palabras y frases como “lo máximo o genial”, resuelto el problema, este tipo es un enterado. Y no sólo con "gente de la calle" sucede esto, entre otros de “adentro” es común notar como se olvidan películas y realizadores que también han llamado la atención, trajeron premios importantes y son estudiados en el mundo entero en las cátedras de cine.

Entonces quiero hablar de Enrique y su obra, de la incansable búsqueda de este realizador y recuerdo que búsqueda, investigación, experimento, son siempre sinónimos de riesgo, que es una de las sustancias que alimenta al arte:

En cierta ocasión, alguien que se sentía muy autorizado en sus opiniones, me dijo que Enrique Pineda estaba acabado y que ya no filmaría una película más. Ultimaba en ese momento el realizador Aquella larga noche, con Raquel Revuelta y María Eugenia García como protagonistas. Una película en la que ya indagaba en los fenómenos de la psiquis trayendo a primer plano el tema del traidor. Yo conocía obras anteriores como Cosmorama (1964); David (1967) Ñame y M.S Mejor Servicio (1972) y otras que me llamaron poderosamente la atención como Mella, película con una gran cantidad de riesgos y experimentos de puesta en escena. Así que no entendía la razón de semejante sentencia y no me detuve a hacer caso a la pedante y falaz afirmación de mi interlocutor, intransigente crítico del trabajo de un creador tan sincero. Opté por no seguir el curso de la conversación, total, pensé inmediatamente, ellos dos están luchando por un lugar en la historia del cine cubano y todavía está por ver quién llega más lejos y con mejor pie. La carrera no termina hasta que no se rompa el estambre en la meta, dejé el tema y empecé a hablar de béisbol.

Lo cierto es que después de aquella afirmación, la carrera de fondo continuó y Enrique trajo el primer y único Goya que tiene Cuba hasta estos momentos con un clásico que es LA BELLA DEL ALHAMBRA, que dicho sea de paso, fue bastante maltratada en su momento en el Festival de Cine de La Habana de ese año. El jurado curiosamente no "vio" que mereciera un coral la película y ni siquiera la brillante actuación de la jovencísima actriz Beatriz Valdés, quien además hizo gala de un enorme profesionalismo al verse obligada a entregar el premio a mejor actriz a una colega de otro país, mientras el público gritaba su nombre pidiendo el premio para ella. Momento histórico en la vida de una actriz, donde los haya.

Pero sucede también que Cosmoramaque él llama experimento visual y sonoro, tomando como base la obra del cinetista Sandú Darié, está siendo venerado, estudiado y reseñado como el primer video arte del mundo, lo llaman del Museo Reina Sofía y críticos y estudiosos se ocupan de él. ¿De quien más con una obrita de apenas cinco minutos, que además era su segundo trabajo como director? Antes, sólo había realizado un corto llamado Fuenteovejuna para el departamento de Enciclopedia Popular, actor en El Maestro del Cilantro (1961) y coguionista en la ficción Crónica Cubana y observo que estamos hablando de los años 1963 y 64.

Del año 64 es su participación como guionista en el equipo de Soy Cuba, la gran coproducción soviético-cubana, compartiendo créditos con los míticos Kalatosov y Urusevsky.
Como toda persona medianamente enterada sabe, esta película es redescubierta por otros dos mitos del cine Martin Scorsese y Francis Ford-Coppola, que maravillados con esta superproducción, enterrada en las mazmorras desde la segunda semana de su estreno y sepultada en malsano olvido, lanzan la voz y se convierte en motivo para un trabajo documental (El Mamut Siberiano, V.Ferraz. Brasil
,90 minutos.
2004) y vuelve a armarse el revuelo alrededor de Enrique y su trabajo.

Si revisamos con minuciosidad y sin monomanías todo su trabajo posterior a estos que mencioné arriba, vamos a ver cómo el lugar común en su obra es la búsqueda, la experimentación y el riesgo. Ajeno a la bulla, a la moda, a los clichés, Enrique ha trabajado obcecado como un iluminado, escribiendo guiones, haciendo documentales, autofinanciándose cortos como First, junto a sus alumnos y otros artistas como el fotógrafo Raúl Rodríguez y el actor Héctor Noas. Crea escuela en su casa, imparte cursos, escribe narraciones y poemas que reparte generosamente en su blog y en su lista de correos. Invito a ver nuevamente David, o Versos Sencillos (1972), o Ensayo romántico ( 1985), El Chareton del Buendía(2008), o First, pequeño ensayo fílmico de ficción en el que indaga sobre el fenómeno de la “otredad” y veremos cuánta búsqueda, cuánto lanzamiento al vacío sin miedos y sobre todo, sin paracaídas. Invito a ver en Verde Verde, algo más que una película sobre el tema gay, vamos a ver cuánto daño pueden hacer los preconceptos y las falacias; las afirmaciones tatuadas en la conciencia individual y del grupo. El tema del sexo y el tabú sobre lo gay es sólo el pretexto límite, pero con un pequeño esfuerzo notaremos que nos sirve para mucho más que para analizar lo gay, esta película.

Fuente: La Quintica, blog de Mario Crespo