sábado, 19 de septiembre de 2009

Vagabundo

A veces, no, casi siempre, siempre, quisiera ser vagabundo, Soy un vagabundo, sin techo real o no, no es el problema. Un vagabundo no tiene techo verdadero, ni lugar.

Un vagabundo no existe, no tiene paradero, domicilio reconocido. Tampoco tiene deudas, nexos, ni historia para contar. Solamente, duerme en cualquier lugar, bajo un puente, en el escondite más recóndito de una poblada ciudad. Un vagabundo no tiene memorias, para qué, no piensa en qué comer, devora lo que encuentra, no necesita nada de vestir, se abriga. No sufre enfermedades, está enfermo. No sueña, es un ensueño en sí. Un vagabundo no necesita nada, lo tiene todo. Un vagabundo tiene muchos amigos: todos, aquellos que cruzan, se detienen, pasan por encima, saludan, ignoran. Un vagabundo es universal, políglota y desprendido, su primera lección es prescindir. Es el ciudadano más rico del mundo. Un vagabundo se baña en el chorro de agua celestial porque ha alcanzado la gloria.

Enrique Pineda Barnet
La Habana, marzo 30 de 2009

2 comentarios:

Julio dijo...

Ser un vagabundo es hermoso... Yo quiero ser un vagabundo, y que aunque sea un rayito de esa gloria me alcance a tocar.

Susana dijo...

Siempre te leo con placer querido Enrique, me llevo este cuento para compartirlo con los amigos del grupo del ICAIC, esos que aunque lejos siempre te recuerdan con profundo cariño. Te abrazo,
Susana