jueves, 30 de julio de 2009

Filma Pineda Barnet

Por: Mercedes Santos Moray
(2009/07/10)

Casi dos décadas después de haber dirigido el mejor musical del cine cubano, “La bella del Alhambra”, volvió a las pantallas una película dirigida por Enrique Pineda Barnet, Premio Nacional de Cine, que es un largometraje de producción modesta, realizado con mínimos recursos, y que sin embargo es una de las más conmovedoras películas cubanas del último trienio, “La anunciación”.
Escritor, hombre de las artes escénicas, en el teatro, la televisión y el cine, Enriquito ha sido también un investigador de nuestra realidad, desde los orígenes de su filmografía, recordemos aquel otro importante y emotivo momento de su obra, el largo no de ficción, sino documental, “David” con el que buscó explorar y también presentar al público, al ser humano, al héroe que fue y siempre será el legendario Frank País, en este uno de los mejores filmes producidos en la historia del nuevo cine cubano.
Como, igualmente en su cinematografía, cuenta Pineda Barnet con otro clásico, al atrapar la memorable interpretación de “Giselle”, por Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, filme realizado sobre las tablas del actual teatro Karl Marx, en La Habana, especie de teatro filmado, y que guarda también la notabílísima actuación de la desaparecida Mirta Plá como la reina de las Willis, así como la actuación como bailarín del maestro Fernando Alonso.
Pero ahora, y con un staff de jóvenes técnicos en el mundo del audiovisual que lo reconocen como su maestro, vuelve Enrique al plató, 17 años después, para entregar a los cinéfilos cubanos y a todos los espectadores, su reflexión sobre la sociedad cubana de hoy, desde la célula de una familia, con desgarramientos, contradicciones, divergencias y convergencias, en la evocación del amor como reclamo sustancial para cualquier espíritu humano, obra en la que el cineasta también participa, como actor-ausencia-ritornello, en el personaje del padre, que habla desde el silencio a sus hijos y nietos, a su esposa y a cuantos le escuchamos conmovidos en la butaca, mientras seguimos las actuaciones, a la manera de un gran coro, encabezadas por Verónica Lynn, Broselianda Hernández y Héctor Noas.
Filme que no es anecdótico, que además no cuenta con los consabidos “ganchos” del cine contemporáneo, es decir, no hay sexo, ni violencia, ni música trepidante, ni lenguaje cuajado de ironías y palabrotas, ni tampoco recursos especiales, sino y sobre todo, un argumento sólido, una excelente dirección de actores, que se mueven en el reducido espacio de un minúsculo apartamento habanero, en su pobreza y dignidad, historia de máxima tensión afectiva, película que es un apelativo a la meditación, y como afirma el propio cineasta, constituye su testamento artístico, aunque todos le deseamos salud y esperamos por otro filme, para que no pierda jamás el camino del set y de dar la orden de cámara, acción, para felicidad del cine cubano.