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lunes, 9 de octubre de 2017

Condecoración de Enrique Pineda Barnet, Caballero de la Orden ’’Artes y Letras’.

    Este martes 26 de septiembre, en presencia de numerosos invitados del mundo del cine y de la cultura cubana, el Embajador de Francia en Cuba, Señor Jean-Marie Bruno, entregó las insignias de “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres” al gran realizador cubano Enrique Pineda Barnet.
    Enrique Pineda Barnet


    Esta ceremonia fue la ocasión de volver a abordar la carrera y la importante obra del cineasta, así como los numerosos premios que han acompañado su trayectoria.
« Mi verbo es puentear: vivo para reunir territorios, personas, amores, afectos, familias. Vivo para acercar no para distanciar; para tender puentes, no para levantar muros ».
El autor de estas palabras, Enrique Pineda Barnet, guionista, cineasta y documentalista, es reconocido como uno de los más importantes del panorama cubano. Autor de más de 25 películas, Enrique Pineda Barnet marcó la historia del cine cubano. Sus obras más conocidas incluyen Soy Cuba (1964), Giselle (1964) y La Bella del Alhambra (1989).
Ha sido laureado en numerosas ocasiones por la calidad de sus películas. Su filmo La Bella del Alhambra fue multi-premiado en festivales internacionales. Recibió el Premio Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y fue seleccionado como aspirante al Óscar en la categoría de Mejor película extranjera.
Además, como fundador de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, del Teatro Estudio, de la Escuela Profesional de Publicidad, y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Enrique Pineda Barnet es una figura esencial de la vida cultural cubana.
Por ello, ha sido condecorado con la Medalla de la Cultura Nacional así como la Medalla José Manuel Valdés Rodríguez de la Universidad de La Habana.
En 2006, el Ministerio cubano de Cultura y el Instituto Cubano del Arte y de la Industria Cinematográfica (ICAIC) le entregaron el Premio Nacional de Cine, premiando el conjunto de su carrera y de su obra.
En 2016, Enrique Pineda Barnet recibió el Coral de Honor durante el 38vo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
En Francia, la obra de Enrique Pineda Barnet suscita un interés creciente como lo demuestran estudios universitarios de los últimos años (tesis de Sebastián Pruvost, en 2015 de la Universidad de Borgoña), la difusión de sus películas en París (durante el Mes de la cultura cubana, mayo de 2016) o la proyección de Soy Cuba, película de la que fue el coguionista, a través del canal televiso Arte.
Con esta condecoración de “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres”, la Ministra francesa de la Cultura honra a este extraordinario realizador cubano.
Para leer el discurso del Embajador, pusar aquí.
Fuente: Embajada de Francia en La Habana.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Coral de Honor: el rescate de la esperanza

Enrique Pineda Barnet, Coral de Honor 38 Festival Habana
Enrique Pineda Barnet, ese grande del séptimo arte, quien acaba de recibir el Coral de Honor del 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de la vida, continuaría el legado familiar, pero al ganador del premio Goya por ese clásico nombrado La Bella del Alhambra (1989) le esperaban caminos distintos, y gloriosos
José Luis Estrada Betancourt 
18 de Diciembre del 2016 0:37:48 CDT
A él, que desde que era un crío había sido, según ha confesado, un mirahueco, un rascabuchador de la vida —de ahí su afición por el cine, dice—, no hubo quien lo hiciera mirar por el lente de aquel microscopio que le llevaron de regalo. Todos tenían puestas sus esperanzas en que Enrique Pineda Barnet, ese grande del séptimo arte, quien acaba de recibir el Coral de Honor del 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de la vida, continuaría el legado familiar, pero al ganador del premio Goya por ese clásico nombrado La Bella del Alhambra (1989), le daba pánico con solo pensar que el anhelo familiar pudiera hacerse realidad.
La verdad es que si se miraba fríamente era lo que tocaba: su tío-abuelo, Enrique Barnet, había sido un destacado científico —colaboró con Carlos J. Finlay en el descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla—, mientras que otro hermano suyo llegó a trabajar con Tomás Romay. «Mi abuelo inventó una fórmula anticatarral, en tanto mi padre, quien se divorció de mi mamá y de mí, también se convirtió en médico», contó a Juventud Rebelde el coguionista del aplaudido Soy Cuba, el mismo que decidió adoptar el apellido de su mamá: ese ser visionario y lleno de amor que le obsequió una guitarra.
Para regocijo de la cultura cubana y universal, desde temprana edad el pequeño Pineda Barnet sintió una pasión infinita por el arte, que desembocó finalmente en el mundo del cine, pero que lo llevó a entregarse sin resistencia al teatro y a la radio, donde realizó su primer gran recorrido; a la literatura, las artes plásticas, la música, la danza... «Mi madre, que siempre fue muy inteligente y tuvo una conciencia de mí extraordinaria, comprendió que yo no iba a ser científico y me regaló una guitarrita barata, con la que di serenatas a todas las niñas de mi barrio, porque por ahí andaba la cosa», rememora el principal homenajeado de la jornada de clausura del 38 Festival.
«El festival y su dirección ha tenido la inteligencia, la bondad y la capacidad política de cicatrizar una herida de hace 27 años, cuando se privó del premio de actuación a Beatriz Valdés por La Bella del  Alhambra, a pesar de que el público no dejó un instante de pedir justicia. Con este Coral de Honor que se me acaba de entregar ha quedado demostrado que cada vez que se resarce un error se está llevando adelante un acto de justicia», le comentó a este diario el incansable creador.
«El Coral de Honor ha significado para mí el rescate de la esperanza. Eso es lindo. Estoy conmovido, y Beatriz también. Es un reconocimiento que abarca a      todos los cineastas del país y a todos los cinéfilos porque todos han sido mis corales», apuntó este hombre vivazmente octogenario, quien anda involucrado en un proyecto con uno de sus alumnos, Carlos Barba SalvaMi Virgen de la Caridad.
. Se trata de
«Será un drama musical que nada tendrá que ver con La Bella... Lo protagonizarán Beatriz Valdés y Héctor Noas, quienes con sus respectivos personajes se trasladarán a finales de 1958, poco tiempo antes del triunfo de la Revolución. Ella interpretará a una cantante de boleros llamada Virgen que seducirá a un joven en un cabaré de mala muerte, bajo la vigilancia de Johnny, el proxeneta que defenderá Noas», nos adelanta, y sus ojos le brillan porque el cine lo llena de felicidad.
Es un amor que nació en su niñez, «cuando con tres años miraba las películas y me quedaba fascinado con los personajes. Hasta en mis juegos yo hacía películas. En una ocasión me obsequiaron una profusión de soldaditos de plomo con sus castillitos de cartón, pero nunca los utilicé para hacer pum pum, sino que montaba un gran show: les ponía ropas y los bajaba por las escaleras cantando. ¡Creaba tremendos musicales!», narra con una sonrisa en sus labios.
Años después no solo realizaba su mayor sueño, sino que nos entregaba obras que perduran en el tiempo y que él conserva en un lugar especial dentro de sus recuerdos. Ese es el caso de David, que tanto lo marcó. «Me sedujo mucho la personalidad tremenda, mágica y paradójica de Frank País: un joven, demasiado joven —tenía mi misma edad—, y yo en la película lo estaba tratando como un contemporáneo. Empecé a encontrar en él lo que yo hubiera sido o, más bien, lo que yo hubiera querido ser. El personaje de Frank País me volcó y me hizo cambiar no pocas cosas de mí mismo».
También Giselle dejó en Enrique una huella importante. «En esa película tuve que convertirme en maestro de los bailarines, enseñarles actuación para cine. Y eso fue hermosísimo, pues me dio la dicha extraordinaria, el privilegio de tener de alumnas a las Cuatro Joyas y, de enseñar y sobre todo aprender, de Alicia y Fernando. Me da un poco de pudor decir esto, pero me parecía increíble que pudiera trabajar con estas personalidades y con aquellos que más tarde se convirtieron en joyas, porque ese joyero es enorme».
Puesto a hablar de satisfacciones, tampoco pude dejar de mencionar el aporte que significó en lo profesional dirigir, por ejemplo, a Raquel Revuelta y a Armando Bianchi en Aquella larga noche, «esos extraordinarios actores que habían sido mis papás en los primeros programas de radio que hice; como mismo en Mella me tocó asumir esa responsabilidad ante aquellos que fueron mis maestros en Teatro Estudio: Sergio Corrieri, Enrique Santiesteban, Armando Soler, René de la Cruz, Ángel Toraño... Igual me sucedió con Pedro Reintería y Salvador Wood en Tiempo de amar. A veces digo: a mí se me ha olvidado morirme. Todo el mundo me va pasando. Escribí un cuento que se llama Ella dio al desmemoriado (un homenaje martiano), donde hablo sobre ese juego malévolo del destino...», afirma quien aún conserva en un sitio muy especial la jícara donde su abuelo, que había sido mambí y corneta de Máximo Gómez, tomaba café.
Su creatividad inagotable también se puede rastrear en Soy Cuba, la primera y única película filmada entre Cuba y la ex URSS, que en la actualidad es objeto de culto, pero cuando se estrenó fue muy incomprendida. Enrique lo explica con el poder que tiene «la magia del tiempo. Si bien dentro de la lata de la película no entraron hormiguitas para cambiarla, cuando uno la destapa decenas de años después se percata de que son las hormiguitas de uno las que están distintas. Es uno el que ha cambiado, la vida ha cambiado, las perspectivas de las cosas también, y uno ya no mira igual. Ahora Soy Cuba dice nuevas cosas y dejó de decir otras. La magia está en eso, en el tiempo».
Sin duda, aunque existieron otras, La Bella del Alhambra ha sido el gran musical cubano...
—Antes y después de la existencia del Icaic hubo cine musical en Cuba. Antes está Romance del palmar, la imagen de Rita Montaner; después, Cuba baila,  Nosotros la música, Suite YorubaPatakín... Pero La Bella... —pongámonos vanidosos— culminó una experiencia. Todas estas películas fueron escalones que recorrí, las estudié, las analicé. La Bella... era una deuda que teníamos con el público cubano, y logró un enganche popular muy fuerte. Todavía lo tiene. Siempre se recibe con la misma frescura.
Ha sido fundador de muchas cosas: de la Uneac, de Teatro Estudio, de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo...
—Te confieso que nunca me ha gustado tener el número uno. No tengo ningún empeño en ser primero de ninguna cosa. En todos esos eventos e instituciones siempre he sido una parte, pero nunca he estado en un lugar primigenio. No me siento cómodo en ese papel. Sin embargo, me place estar en primera fila, porque veo mejor; o de lo contrario, muy alto para mirar desde arriba y proyectarme.
«Pasa el tiempo y a veces uno mismo no tiene la medida exacta y precisa de lo que está ocurriendo en el momento en que lo está haciendo. Eso se alcanza con los años. Cuesta el tiempo para saber que estabas en el instante en que eras un sencillo puntico en un lugar, que luego se convirtió en un espacio significativo».
—Ha dicho que la pedagógica fue un descubrimiento tardío...
—Efectivamente. Fue una vocación que apareció a los 20 años. Yo estaba seguro de que sería artista; de hecho, lo hice saber, lo impuse en mi casa, pero desconocía que era maestro. Y ese hallazgo para mí fue algo superior. No es que sustituya mi tarea de creación, es que el magisterio también lo es.
—Asimismo ha afirmado que tender puentes ha sido su vida…
—No me caben dudas de eso. Ahora que hablo de magisterio te cuento que me encanta preguntar a mis alumnos por sus nombres, pero no me interesa saber el que le pusieron sus padres y que olvidó fácilmente, sino ese que llevan como energía interior, ese verbo activo permanentemente que habita dentro de cada cual: amar, crecer, vivir, partir, tener, abrazar... Y mi verbo es puentear: vivo para reunir territorios, personas, amores, afectos, familias. Vivo para acercar no para distanciar; para tender puentes, no para levantar muros.

domingo, 10 de mayo de 2009

Caracol de Honor

CUANDO RECIBÍ EL AÑO PASADO EL PREMIO NACIONAL DE CINE, LO DEDIQUÉ A MIS ALUMNOS, QUE SON LA ESPERANZA.

ESTE CARACOL DE HONOR, LO DEDICO A: MIS MAESTROS, QUE SON MI ESENCIA:

A MI MAESTRO DE RADIO, QUE ME ENSEÑÓ LOS SECRETOS DE ESA MAGIA, MARIO BARRAL.

Mi maestro de teatro, que me realizó en la escena: ANDRÉS CASTRO.

A mi maestro de televisión, que me enseñó desde el musical hasta el drama: ERNESTO CASAS

A MIS MAESTROS EN LA LITERATURA, QUE ME ENSEÑARON LA RAIZ: DON FERNANDO ORTIZ, JUAN MARINELLO, JORGE MAÑACH, RAIMUNDO LAZO, FRANCISCO ICHASO Y ANTONIO BARRERAS.

A MI MAESTRO, EN EL EJERCICIO DEL CINE SINTETIZANDO A TODOS: JULIO GARCIA ESPINOSA.

A MIS INOLVIDABLES: LUCY NEGRIN, MERCEDES GONZÁLEZ, MERCEDES PEREIRA, FERNANDO PORTUONDO, HORTENSIA PICHARDO, LEVY MARRERO, ENRIQUE HERNÁNDEZ MIYARES, ROSARIO NOVOA.

Y A MI MADRE, QUE ME LO ENSEÑABA TODO.

GRACIAS POR TENDERME LOS PUENTES.

Enrique Pineda Barnet. 2007

sábado, 9 de mayo de 2009

Premios y Reconocimientos

Premio Nacional de Cine. La Habana, 2006.

La Anunciación
Premio de Maqueta en el séptimo Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás, Gibara, Holguín, 2009.Leer link

La Bella del Alhambra
Premio Goya de la Real Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, 1990.
Aspirante al Oscar a Mejor Película Extranjera, 1991.
Premio Mano de Bronce en Festival Latino de New York, 1991.
Premio Pitirre en Festival Cinemafest de San Juan, Puerto Rico, 1991.
Premio Coral de música a Mario Romeu y Gonzalo Romeu. XI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, Cuba. 1989.
Premio Coral de escenografía a Derubín Jácome.
XI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, Cuba. 1989.
Premio Especial del tabloide cultural El Caimán Barbudo a Beatriz Valdés. XI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, Cuba. 1989.
Premio de Radio Habana Cuba. XI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, Cuba. 1989.
Uno de los diez filmes más significativos del año. Selección Anual de la Crítica. La Habana, Cuba. 1989.
Premio Caracol de dirección. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990.
Premio Caracol de fotografía a Raúl Rodríguez. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990. Premio Caracol de sonido a Raúl García. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990.
Premio Caracol de edición a Jorge Abello. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990. Premio Caracol de diseño de vestuario a Diana Fernández. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990.
Premio Caracol de escenografía a Derubín Jácome. Concurso de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990.
Premio a la mejor película otorgado por la Universidad de La Habana. 1990.
Premio Girasol de la Popularidad a la mejor película. Revista Opina. La Habana, Cuba. 1990. Premio Girasol de la Popularidad de actuación a Beatriz Valdés. Revista Opina. La Habana, Cuba. 1990.
Premio del Complejo Cultural Cinematográfico Yara. La Habana, Cuba. 1990. Premio de actuación a Beatriz Valdés. Sección de Artes Escénicas de la UNEAC. La Habana, Cuba. 1990. Mejor filme y Mención Especial de mejor actuación femenina a Beatriz Valdés. Festival Internacional de Cine de Troia. Portugal. 1990.
Premio El Mégano de la Federación Nacional de Cine Clubes. La Habana, Cuba. 1991.
Premio Quebracho (del público). Festival Cinematográfico Internacional de Ciudad de Asunción. Paraguay. 1991.

David
Filme cubano más significativo del año. Selección Anual de la Crítica. La Habana, Cuba. 1967.

Giselle
Uno de los filmes más significativos del año. Selección Anual de la Crítica. La Habana, Cuba. 1964.
Diploma al Mérito a Enrique Pineda Barnet, otorgado por el Jurado del Dance Film Award Competition. Dance Films Association Inc. Nueva York, Estados Unidos. 1979.

Mella
Uno de los filmes más significativos del año. Selección Anual de la Crítica. La Habana, Cuba. 1975.
Comité de lucha por la Paz y la Soberanía Nacional. Festival Internacional de Cine de Tashkent. Uzbekistán, URSS.1976.
Comité de Uzbekistán. Festival Internacional de Cine de Tashkent. Uzbekistán, URSS.1976. Diploma de la Unión de Sindicatos de Uzbekistán. Festival Internacional de Cine de Tashkent. Uzbekistán, URSS. 1976.