lunes, 1 de febrero de 2016

La Anunciacion y las Relaciones en el Mar.

La Anunciación, de Enrique Pineda Barnet
“Estoy desesperado: Vuelvo a leer el diario de este loco y no puedo hacer nada. Ni un nombre completo, ni una dirección, ni algún lugar que me indique cómo hacérselo llegar.
Lo vi por primera y única vez el Martes 12, hace hoy una semana y un día. Me encontraba en el Cine 23 y 12 el primer día de un postgrado que daría Enrique Pineda Barnet a especialistas de cine. Comenzaba a las 10 de la mañana y entrando en la sala del cine el señor director nos viró sobre nuestros pasos: 
“ –A la esquina, a 23 y 12-” , sin explicación previa, …sólo: “-No conversen, observen, ¿qué sucede?, cuando yo les avise retornamos-”.
Muchos se habrán preguntado si estaba loco, pero en fin, el Mar, todos obedecimos como chicos disciplinados.
Llegamos a la famosa esquina. Enrique nos  filmaba con su cámara de video a todos y la tarja que señala lo del carácter socialista. En la calle la gente pasaba y ambos, gente y grupo nos mirábamos como en un efecto de distanciamiento. Miré hacia la galería y lo vi por primera vez.
Allí estaba, haciendo unas fotos tras los cristales y a su lado reconocí a Kacho.
Fui a saludar al pintor  y la portera me cerró el paso.
-Déjelo pasar, es mi primo- mintió Kacho. Casi  nos abrazamos y le pregunté qué hacía. Me explicó que un reportaje y  fotos de su última  exposición. Casi le recriminé que no me hubiera llamado a mi para las fotos. Entonces reparé en las obras. Remos y botes por todas partes. Pequeños botes tallados o construidos con cualquier material. Remos grandes y chicos, en diversas instalaciones. Pinturas. Dibujos. Siempre de remos y botes. Me invitó a pasar y me justifiqué con el taller, prometiéndole regresar cuando terminara. Ya el grupo retornaba al cine 23 y 12. Antes de marcharme me fijé en el fotógrafo: tendría unos 31 años. Pelo ensortijado y nariz a lo griego. De ojos pardos y medía aproximadamente 1.80 metros. Delgado y nada corpulento. Sentí algo extraño. Mis compañeros me llamaron  y me fui.
Después de dos horas del insoportable taller volví a la galería. Entré para ver a Kacho y descubrí algo raro en el fotógrafo. Su mirada era intranquila, estaba eufórico y las preguntas que le hacía a al artista no eran frías. El tono de su voz era bien alterado y gesticulaba a cada comentario. Más que una entrevista a Kacho, aquello era un intercambio de ideas sobre los balseros. El también respondía sus propias preguntas y completaba las del artista. Después se levantó y continuó con las fotos. Tenía tres cámaras, dos colgadas al cuello y hombro y otra en mano, tirando indistintamente con las tres. Kacho se despidió alegando otra cita y yo decidí quedarme para terminar de ver la expo, a la cual, aunque cerrada, tenía acceso, dado mi falso parentesco con el artista. El foto-reportero dejó la cámara,  que tenía en mano,  encima de un bolso y salió a telefonear, según dijo.
Había un remo gigante, casi de mi tamaño, pero contibuaba hacia arriba, ramificándose en un árbol. Un árbol alto y frondoso y sus raíces: la paleta de un remo. Kacho estaba loco. Entonces,  entró el otro, corriendo, loco también, tomó un maletín que estaba junto a la puerta e hizo una señal de despedida. Lo ví por los cristales, abalanzarse sobre un camión detenido en la 12 avenida y que salió disparado una vez que el loco lo abordó y el semáforo cambió de maduro  a verde.
Cuando me marchaba la veladora me atajó:
-Mire, se le queda aquello.
Retrocedí y vi la cámara y un pequeño bolso.
Observé a la señora y me di cuenta que era de esas personas incapaces de hacerse responsable de algo. ¡Y así era veladora!
Tomé la cámara y el bolso y me propuse buscar alguna seña y llevárselos al otro día a su dueño. De lo contrario se lo llevaría a Kacho, que lo conocía.
Esa noche revisé el bolso: ni dirección, ni nombre ni seña alguna. Solo la cámara fotográfica, dos lentes, varios rollos fotográficos y el diario espeluznante. El diario de un loco. Era el diario de un viaje, pero de un viaje que aún no se había realizado. Era la preparación del viaje. Primero el encuentro y la presentación de un grupo: cinco personas en total, el sería el sexto. Aportó una brújula y un tanque de agua plástico. No los conocía, sus sospechas, sus miedos , la construcción del “tareco” y su vela, en medio de un pueblo sin costas ni ríos. Una salida frustrada y la reorganización de todo. Sus experiencias con “el palo Mayombe” y su introducción en los actos religiosos del grupo. Y en el fondo de todo su amor. Un amor enorme por lo que dejaba. Por la ciudad. Su ciudad. Nuestra ciudad.

En uno de los días, el  Viernes 8 de Julio, hace una reflexión del por qué de su viaje, por qué abandonar la ciudad que tanto ama, el por qué de esa aventura, o mejor, de esa locura. Quería hacer un reportaje único: la historia de cómo seis personas arriesgaban sus vidas en un balsa de 5X2 metros, cómo lo llevaban a cabo. Eso no se había documentado y el lo haría, un fotoreportaje desde adentro. Había además un texto anexo con la descripción de sus impresiones o recuerdos, de ciertos lugares que fotografió.
Al otro día corrí a casa de Kacho. Era miércoles 13 de Julio y en uno de los últimos días del diario había un dato fatal: saldrían el miércoles 13. Definitivamente la suerte estaba en contra nuestra, el pintor se había ido a provincias y no regresaría hasta dentro de 15 días. Le pregunté a Julia si conocía al periodista que lo entrevistó en la galería, de qué revista o periódico era, algo, su dirección, nombre, algo. Ella no sabía nada, -espera a que regrese- me dijo.
Estoy desesperado. Tengo en mi poder todo el marterial.
Ayer fue el sexto día y hubo mal tiempo. No pude resistirme a la curiosidad.  Soy fotógrafo también. Revelé los tres rollos blanco y negro y prefiero hablar solo de uno de ellos. El menos comprometedor. Son fotos de La Habana. Pienso que las tomó un Sábado, las de los textos anexos.  A cada una le corresponde uno.
Llevo días recorriendo el Malecón,  los arrecifes, bañándome con las olas, mientras espero verlo para devolverle sus cosas y no tener que decirle: “…Te espero en la eternidad.”

HASTA AQUÍ UNA PARTE DE LAS HISTORIAS QUE ME ESCRIBE MI EX ALUMNO, QUERIDO, GILBERT, QUIERO PONERLAS EN MI BLOCK. PORQUE, POCOS AÑOS,  MESES DESPUÉS, OCURRE LA LLAMADA “CRISIS DE LOS BALSEROS” Y GILBERT REPRODUCE EN SU VIDA LO QUE PRESAGIÓ EN SUS NOTAS DE AQUEL TALLER.
A PARTIR DE ESTAS NOTAS SE CREA UNA HISTORIA COINCIDENTE, ENTRE LOS ; BALSEROS, PIES MOJADOS. PRISIÓN DE GUANTÁNAMO, REENCUENTRO EN MIAMI, FILMACIÓN EN CUBA DE MI PELÍCULA “LA ANUNCIACIÓN” EN EL EDIFICIO DE 23 Y 12. QUE SE INICIA CON LA HISTORIA QUE CUENTA GILBERT DE SU ESTANCIA EN EL TALLER, QUE SE REPITE EN SU PRÓLOGO, Y QUE GILBERT ALCANZARÁ A RECONSTRUIR Y FOTOGRAFIAR CUANDO, POCOS AÑOS DESPUÉS, SE INICIA MI FILMACIÓN QUE LLEVA COMO SUBTÍTULO “TE ESPERO EN LA ETERNIDAD”.

DEJEMMOS EL TIEMPO  VOLAR…
ENRIQUE PINEDA BARNET.