viernes, 30 de octubre de 2015

Enrique Pineda Barnet: "No puedo ser acrítico"

Enrique Pineda Barnet durante el rodaje de La Anunciación (2009)
Por Habey Hechavarría Prado, 2008.

Al terminar la entrevista a Enrique Pineda Barnet sabía que en la grabadora llevaba un documento mucho más largo de lo que la revista Palabra Nueva podría admitir. Desde entonces ya estaba condenado a ofrecer un fragmento de algo a mitad de camino entre una extensa conversación y una conferencia. Las palabras del Premio Nacional de Cine 2006 y director de La Bella del Alhambra, uno de los títulos más valiosos, famosos y populares de la cinematografía nacional, tienen la misma resonancia poética de su obra.

Te espero en la eternidad (hoy La anunciación), próxima a estrenarse una vez termine la edición, es el último trabajo de una extensa filmografía. ¿Cómo se llega hasta ella?

“Mi primera película, Giselle, tiene la base de una obra clásica, existente. Hay muchos elementos de espiritualidad, de búsqueda de sentimientos. Después vienen David, Mella, Aquella larga noche, (Lidia y Clodomira). A mí lo que me interesa son los personajes, no tanto las circunstancias históricas. En el caso de Lidia y Clodomira, lo que me interesó fue la paradoja. Cómo cuatro machos reglanos, los más machos de los machos, son delatados por el más macho de todos ellos, que traiciona a sus compañeros, que se raja por cobardía, por miedo. Y dos mujeres comunes, porque Clodomira no es más que una muchacha serrana, y Lidia, una mujer de la ciudad, corriente y común, esas dos mujeres tuvieron las agallas de sufrir todos los martirios: meterlas en el mar en un saco cargado de piedras… y no hablan. Mi interés en Aquella larga noche está en el delator. Mi personaje, el que me interesa, es el delator, el cobarde. Yo lo veo como protagonista. Tenía que haber hecho la película al revés. Él es el personaje más importante. ¡Qué sufrimiento tan tremendo tiene que haber tenido ese individuo! El sentimiento de la culpa; la culpa consciente. Ese personaje a mí me produce una sensación tremenda y una gran conmiseración al mismo tiempo. Le tengo lástima, y ese es el sentimiento más horrible que le pueda tener.

”En Tiempo de amar lo que me interesa es cómo circunstancias ajenas al individuo le hacen sacrificar sus cosas más esenciales. Esa gente que también ama, que también siente, que también tiene una vida cotidiana, de repente es movilizada por un antojo historicista como la Crisis de Octubre. Y le separan del amor. Es la vida, la cotidianidad del ser humano interrumpida por un invento absurdo de guerra.

”Después viene La Bella del Alhambra. Y La Bella… me permite hacer una analogía. La Bella es una imagen analógica de la República. Rachel no es otra cosa que la República que quiso ser hermosa, que quiso ser bella, que quiso ser armónica, que quiso tener el único amor esperado, romántico y hermoso. Y no pudo ser amable. Y resultó, al fin y al cabo, una prostituta, una artista vulgar. Por eso yo no quería que las canciones fueran geniales ni bien interpretadas. Las preferí así, mediocritas, así. Y en eso terminó. No fue nada excepcional. Eso es doloroso.

La anunciación es mi primera película absolutamente de una voluntad creativa muy personal, aun después de haber hecho en Puerto Rico Angelito mío que, aparentemente, es para niños y adolescentes. La anunciación aborda un tema crucial, el más crucial, más tremendo, más trágico de la sociedad cubana y, en particular, de la familia cubana: la separación familiar. Para mí ahí hay una carga muy fuerte, muy fuerte. Primero personal, pues abarca mi familia, mis amigos, mi sociedad, abarca mi país, mi patria. Yo tengo una separación clara entre los conceptos de país, patria, tierra, etcétera. A mí no me gusta que me los confundan… Porque hay un momento en que yo puedo estar de acuerdo con una parte de esas cosas y con otra no.

”Para mí es fundamental la reconstrucción y reconciliación de la familia. Un día descubrí, allá en la Iglesia de San Lázaro, en El Rincón, la Virgen de la Reconciliación. Me quedé pasmado. ¡Ah, pero si existe una Virgen de la Reconciliación, y la reconciliación es algo rezable, es algo pedible, es algo solicitable, porque hay una Virgen para eso! Yo tengo que hacerle un homenaje a la Virgen de la Reconciliación de alguna manera.

"Entonces fue saliendo esta película. Salió un poco también por una terquedad, porque alguien dijo que el ICAIC no tenía transporte para hacer una película y yo dije, bueno, pues la hago en la esquina. ¿No hay elementos de construcción? Bueno, no importa, la hago en época actual. No… que, no puede ser de muchos personajes. Con poquitos personajes la hago. Va a ser entonces una película aburrida. No, no, porque el tema no va a ser aburrido. Es el tema de la separación de la familia cubana, y eso a todo el mundo le interesa, a todo el mundo le toca.”

De alguna manera ya me lo ha respondido, pero quisiera redondear la idea. Se perciben dos etapas en su filmografía. Una etapa anterior a La Bella… y una etapa posterior. En la primera aborda temas históricos y con un carácter político. Y una segunda etapa a la que usted más se ha referido ahora, donde hay más metáforas. ¿Qué relación usted percibe entre las dos etapas?

“Hay una cosa de principio. Mi obra de teatro que fue mención en el Premio Casa de las Américas en el año 62 ó 63, "El juicio de la Quimbumbia", es una obra que proclama desde ese momento la significación de que lo primero de todo es el hombre. Que lo que hay que cambiar es el hombre, a lo que tiene que dársele atención es al hombre, y luego a sus circunstancias, en fin, por supuesto que están perfectamente vinculados unas y otro.

”Ama a tu prójimo como a ti mismo. Primero ámate a ti mismo para que seas capaz de amar a tu prójimo, sino estás haciendo algo inútil. ¿Qué le estás dando al prójimo si no te quieres? Yo me quiero, yo me respeto, yo me estimo. Y cuando eso me falla me siento muy triste.

”Yo siento el cariño, el amor de la gente, lo siento. Y lo doy. Entonces, ¡qué cosa tan paradójica! ¿Cómo es posible que un hombre que cree en todas esas cosas, que ama tanto y que recibe tanto amor, no tenga fe? ¡Qué cosa tan extraña que diga: yo no creo en nada! Eso no es ateísmo. Es un racionalismo extremo, quizás.

”Necesito reflexionarlo todo, necesito pensarlo todo, yo no le levanto una mano a una consigna. No acepto consignas de ningún orden. Y amo a mi patria, a mi país. Lo demás son cosas circunstanciales, banales. Mi patria es mi pertenencia, el aire que respiro, el mar, el Malecón, la escalinata de la Universidad, las cuatro palmas del otro lado, el chiquito jugando en la calle. Esa es mi patria.”

Discúlpeme esta pregunta porque se la tienen que haber hecho montones de veces. ¿Qué significación personal tiene para usted La Bella del Alhambra?

“Mira, son sorpresas, sorpresas de la vida. Yo nunca pensé que La Bella del Alhambra iba a llegar a lo que se convirtió. Pero además, ocurre con todo. Ahora yo acabo de cumplir 74 años. Mi primera película Giselle, que es una película hecha con película vieja, porque por eso me la dieron, se ha convertido a través de los años en un clásico.
Cosmorama, un corto sencillo de siete minutos que fue producto de otra experiencia, se estrenó en el Chaplin en el año 63. Una semana después se puso en La Rampa y lo guardaron. Y un día, en el 2006, me llaman por teléfono: ‘Mire, le llamamos del Museo Doña Sofía de Madrid para decirle que su corto Cosmorama nosotros lo hemos considerado como un precursor del movimiento de video-arte contemporáneo, y queremos que participe en nuestra exposición permanente de arte cinético’. Y abrieron un stand. Entonces al cabo de tantos años, más de cuarenta, resucitó otra vez.

”Pasó con Soy Cuba. Alfredo Guevara me destinó para asesorar al grupo de los soviéticos que vinieron a hacer la primera coproducción cubano-soviética, y finalmente ellos decidieron que yo fuera el guionista cubano de la película. La película fue denostada en Cuba de una manera terrible. Y en la Unión Soviética también. Pasaron 40 años, y tuvieron que ir Scorsese y Coppola a Mosfilm, después que se cayó el muro de Berlín, y descubrirla. Se fascinaron. La llevaron a Nueva York. ¿Quiénes son los críticos de Nueva York para determinar que Soy Cuba está entre las 10 mejores películas de la historia del cine? ¿Por qué tengo que depender de ese criterio? Un criterio que me merece mucho respeto. Pero yo todavía no la considero buena.

”Para mí La Bella… ha sido un regalo, una sorpresa. Quizá yo puse mucha más energía, más creatividad, más pasión, y hasta más amor en cualquier otra película, y sin embargo es La Bella… la que ha tenido la gracia, el encanto y el carisma. La Bella… sigue gustando en todas partes, donde quiera que llego. Hay anécdotas muy cómicas. Hace pocos años, llego a Grecia, a una semana de cine cubano. La Bella… va a inaugurar la semana. Llevo las latas de la película acabadas de salir del laboratorio, no las habían chequeado, cosa que ocurre con frecuencia también. Cuando empiezan a proyectar, estaba la ministra de cultura y otras personalidades, la película era verde. Por algún error la copia había salido toda en verde. Termina la película y yo me estaba muriendo, escondiéndome en el vestíbulo del teatro y tratando de no ver a nadie para no tener que responder las preguntas terribles que me iban a hacer. Y viene la ministra de cultura griega y me dice: ‘¡Felicidades! ¡Qué verde tan hermoso usted ha logrado con esa película!’ Eso fue una lección.”La Bella… se hizo toda con mucho amor. Yo la quiero y, sobre todo, quiero mucho a la gente con la que la hice. Todos fueron extraordinarios desde el primer día, desde el primer momento… Ese es el toque mágico que tiene.”

Háblenos del valor que le concede a la familia.

“Es muy curioso porque también es muy contradictoria. Siempre he vivido muy alejado de la familia. Mis padres se divorciaron siendo yo muy niño, y el ala de mi padre nunca me cubrió. Mi familia inmediata, en la que conviví, era mi madre, mi padrastro y mis tres hermanos que nacieron de mi madre y mi padrastro. Mi padrastro y yo no tuvimos una buena relación. Sin embargo, los hermanos que me nacieron, dos hembras y un varón, eran lo más querido de la vida, lo más entrañable de mi vida. Y mi madre tiene para mí una altísima significación. Mis hermanos se fueron de Cuba en el año 59, lo cual me dio un desgarramiento, un dolor terrible. Luego me ha estado lastimando toda esta circunstancia de separación de la familia, hiriéndome constantemente. Ese desgarramiento de que no se podía decir que tú tenías familia en el extranjero. Yo lo dije siempre. Por eso nunca he sido militante de nada. Preguntaron si le escribía a mi familia, y aunque en aquel momento no nos escribíamos, yo dije que sí, que le escribía a mi familia. Nunca renuncié a ellos. A pesar de que había esa división por la presencia de mi padrastro. Volví a ver a mis hermanos en el 89. Fue como si hubiera sido ayer. Conocí a mis sobrinos adultos, pero como si hubieran nacido en mis brazos.

”Creo que lo que dice Martí es absolutamente cierto: cuando hay un hermano que falta en la mesa, no hay cena, no hay fiesta, no hay júbilo, no hay felicidad. En la vida práctica una familia puede ser bien llevada o no, frecuentada o no, pero está. Para mí ese concepto de familia es muy codiciado. Quizá la amo tanto porque nunca la tuve del todo. Recuerdo algún instante en mi vida, pero muy atrás, siendo mis hermanos bastante jóvenes, bastante pequeños, donde vi la mesa completa. Y aquella sensación de mesa completa, de mesa llena, donde están todos es una sensación de abrigo, una sensación de nido de amor, que es irrepetible.”

¿Y el lugar de la madre en esa familia?

“Es también otra paradoja, porque en esta película yo presento a la madre como madre y matriarcado. Mi madre para mí es lo más tremendo, lo más grande, lo más hermoso que he tenido en mi vida. Mi madre además murió de 94 años. Amiga mía, confidente mía, mi compañera de baile…”

Recuerdo, siendo estudiante, verlo con su mamá entrando en el teatro… 

“Siempre conmigo a todas partes. Viajó conmigo el mundo entero. Era amiga de mis amigos. Mis amigos la extrañan. Muchos han dejado de venir aquí después que ella murió, porque la añoran. Yo hablo con ella porque la tengo al lado siempre. Hablo con ella pensando: si en algún lugar estuvieras y me escuchas… Con pensar basta, porque tú me lees el pensamiento.

”Al mismo tiempo, desde el punto de vista social, el papel de la madre en la cultura y en la familia cubana es un papel matriarcal que también, a veces, tengo que criticar. Esto es una herencia de la Madre Patria, España: esa madre dominante, abarcadora, manipuladora. Nuestras madres son así. Yo la amo, pero también es así. Nada es acrítico, y yo no puedo ser acrítico. No puedo dejar de pensar. Tengo que pensar y tengo que analizarlo todo.”

¿Qué opinión le merece la producción cinematográfica cubana actual?

“Veo surgir una generación nueva muy interesante, muy inquietante, que tiene otros parámetros completamente diferentes a los de mi generación, e inclusive a los de generaciones sucesivas. Por ejemplo, lo veo en películas como Utopía. Veo estos cuentos de Gozar, comer, partir. Siento una actitud. Veo también los documentales: Degeneración, el documental de esta muchachita tan interesante sobre la vivienda, todos los documentales de Carlos Barba Salva que son otra cosa muy amorosa, excelente. Y veo una capacidad crítica que me gusta mucho. ¡Qué ironía! ¡Qué nivel de ironía! Cuando yo veo las cosas de Arturo Infante, digo: pero cómo lograste esta ironía tan rica. Es como una actitud muy sabia. Es como un anciano que lo ve todo desde arriba y se da el lujo de ser irónico, de ser cínico incluso en un momento determinado. Pero yo pienso que es un cinismo sano porque es un cinismo crítico. No podemos asociar siempre el cinismo con algo malvado. Es una manera como la de Virgilio Piñera, una aguja, un estilete ahí metido, criticando; esa agudeza de Borges. Es la sabiduría, es la cultura. ¡Cómo no lo van a hacer! Y ya despeinado el mundo del dulce sueño y la bondad blandita. La bondad no puede ser blandita.”

Al documentalista Enrique Pineda Barnet, ¿lo perdimos o de alguna manera lo tenemos?

“No, no, para nada. Ahora estoy trabajando en una cronología. Estoy haciendo como un rompecabezas. Me encanta el teatro pero no tengo energía para meterle al teatro. El teatro es muy esforzado. Yo nací artísticamente en un escenario. En el cine Riviera, con cinco años, haciendo el negrito Mancontíbiri, que después sale en La Bella…, por pura casualidad. Eso fue gracias a una señora que me dijo: ¿Tú quieres bailar y…? Sí, yo sí. Me fui allí… Aplausos. La cosquilla… que yo la tengo aquí, yo tengo la memoria emotiva de la cosquilla del aplauso aquí. Aplaudían y gritaban, y yo salía, y volvía a pasar con mi farola, y seguía porque el aplauso iba arriba, y yo feliz. Una vanidad horrenda. El aplauso del teatro es inigualable porque es directo. Y tú miras con el rabo del ojo porque el resplandor de los focos que te están iluminando te ciega un poco. Pero tú vas viendo esos espectros que están ahí en la sala, y tú sientes que ellos están vibrando contigo, te están dando emoción… Eso es tremendo. Es una comunicación única. Esa sensación es maravillosa. Y es efímera, es efímera por completo.” 

Pero Pineda, además de teatrista es escritor, publicista…

“Decir es escritor, es cantante, es bailarín, todo eso es demasiado pretensioso. Yo no soy bailarín. Me encanta bailar, y hubiera dado una pierna por haber sido un bailarín. Pero yo no bailo. Yo sé lo que es un bailarín. Yo he cantado, sí canté. Había un programa en CMQ Radio que era ‘Las voces nuevas’. Lo dirigía Emilio Medrano en los años cuarentipico. Canté Quiéreme mucho, al menos la primera semana. La selección del mes la gané, la del trimestre la gané, la del semestre la gané, la del año la gané. Me dieron un programita de radio que era ‘Tres canciones para ti’. Cuando me di cuenta que mi voz no daba, que mi instrumento no era el adecuado, lo dejé. Me empeñé en el teatro. El teatro sí. Pero yo me di cuenta que todavía no tenía la creencia que hacía falta en el escenario, hay que creer, y yo todavía no creía, yo me sentía… 

”Y, bueno, lo que sí me interesó y todavía me interesa mucho es escribir. Y tuve una mención Casa de las Américas. Sería muy pretencioso decir yo soy un escritor. Yo no soy un escritor. Yo soy un tipo que cada vez que puede escribe algo. Que en un momento determinado tuvo un acierto, ¡ah, perfecto! ¿Me dieron un premio Hernández Catá? Bueno, en esos momentos me busqué más enemigos que amigos porque Guillermo Cabrera Infante me cogió un odio mortal a partir de ese momento porque gané yo. Sin embargo, la vida ha demostrado que él tenía más talento que yo. Es decir que tampoco uno se puede engreír en ese sentido.

”Hay algo que descubrí en mi vida. Descubrí que yo era maestro. Eso es lo único que yo hago bien. Lo descubrí tardíamente. Fui profesor porque me lo exigieron en la escuela de publicidad. Di clases de redacción de textos comerciales. Pero después me fui a la Sierra Maestra de maestro voluntario. Pasé hambre, dormí en el suelo, dormí en hamaca, dormí al borde de un río, tomé agua de charco, en fin todas esas porquerías para un niñito fisto del Vedado. Y sentí que yo era importante, que era útil. Y aquellos niños, aquellos campesinos de la Sierra para mí eran la gloria. Ahora, la médico de la Villa Panamericana fue alumnita mía de la Sierra Maestra, la hermana que es enfermera de la Villa Panamericana era alumnita mía, la maestra de la Villa Panamericana fue alumnita mía, el jefe de la policía de Cojimar era alumnito mío, era un chiquitico así, descalcito, de los niños míos de la Sierra. Me da satisfacción interior y digo: es que yo era maestro. Yo soy maestro.

”Bueno, me sacaron de allí porque había que cubrir otras necesidades. Me mandaron a administrar ingenios. Imagínate yo administrando ingenios. ¡Qué cosa horrenda! Y de administrar ingenios me mandaron al cuerpo diplomático. Tampoco me gusta. Para mí fue la peor experiencia de mi vida. ¿Cineasta? Yo, francamente, no sé. Yo soy cineasta por casualidad. Me fui al ICAIC a pedir asilo. Podía haber sido cineasta desde antes, porque era amigo de Julio, de Alfredo, de Titón, de todos. Caí allí, y si caí allí tenía que hacer lo que hacían allí. Hice películas.” 

Las inquietudes artísticas han llevado a Enrique Pineda Barnet al canto, a la actuación, a la locución, a la poesía, la dramaturgia, el cine, la narrativa y a la publicidad comercial. Cosechó éxitos y supo reconocer sus verdaderas afinidades y talentos. También recogió disgustos, pero él ha sabido retribuir con una estela de cariño a su alrededor. Entregar los derechos de autor de su reciente película a los jóvenes del Movimiento Nacional de Video de Cuba es un gesto más del que no habló.

Fuente: Palabra Nueva, 2008.