sábado, 30 de marzo de 2013

Cuando el cine de tesis danza


Por Manuel López Oliva

Por haber sido entrevistado para el documental Tuya para siempre (2013), pude tener una más detenida comunicación con sus realizadores, y conocer del corto tiempo en que fue producido. La doble perspectiva de apreciar, desde su génesis, el propósito que le sirvió de guía, y contemplarlo luego como totalidad en una proyección privada, me ha permitido formarme cierto número de consideraciones sobre su naturaleza de producto cinematográfico justo y necesario.

Es por eso que me atrevo a decir, en primer lugar, que esta “puesta para pantalla” de Pablo Massip sobrepasó, en el proceso de su consecución, el plan inicial previsto. Lo que nació del trabajo de cámara, de las opiniones acumuladas, del montaje de imágenes y la búsqueda de una estructura que se adecuara al espíritu mismo del asunto “documentado”, no sólo corresponde a la mejor tradición de la documentalística cubana (que es el aporte mayor de nuestro cine al “séptimo arte”), sino que ha devenido un apretado ensayo cinematográfico integrado por  dos  líneas básicas de exposición –con color para las tomas danzarías y en blanco negro para los testimonios- que se entretejen en calidad de  complemento y contrapunto dentro del discurso audiovisual.

Se trata de un mediometraje concebido con la función de registro de la abierta interpretación coreográfica que Rosario Cárdenas y sus danzantes  hacen  del poema María Vivan, de Virgilio Piñera. Es una suerte de homenaje reflexivo en claves de cine, que además de ser revelación exacta de las conexiones de espíritu entre la reconocida artista cubana de la danza y el magistral dramaturgo, capta el modo de identificarse las estéticas de Lezama Lima y Piñera con la poética corporal de la Cárdenas.

Tuya para siempre constituye una suma de penetraciones en los particulares códigos teatrales del cuerpo y la proxemia inherentes a la compañía de Rosario Cárdenas. Pero es también radiografía valiente y franca, antropológica y vivencial, de problemas de la vida social y política, la cultura, la moral y la condición humana que han repercutido no sólo en el caso de Virgilio, sino así mismo de mucha gente del arte, la literatura y el pensamiento que han vivido en la historia insular de los cincuenta y pico años últimos.

Con acertados dinamismo y ritmo en la colocación de los testimonios -lo que evita el cansancio receptivo- y a la vez mediante un entrar y salir constante de la representación escénica y los ensayos que arman la “Vivan danzaria”, esa peculiar indagación de tesis en la trayectoria de la coreógrafa recurre a dimensiones metafóricas y sinestésicas que enlazan el híbrido  lenguaje cinematográfico usado y la lógica artística renovadora, plural, a veces provocadora y libre del sistema siempre actual del mencionado grupo de danza.

Fuente: Cubacine