viernes, 27 de julio de 2012

AQUELLO QUE ME ES VEDADO


Nunca me he detenido a pensar en El Vedado porque el Vedado siempre ha estado conmigo. Sin embargo, me han asaltado angustias en mis sueños de exilio -digo exilio por aquello del desgarramiento de la distancia y el tiempo-. El sentimiento de destierro es insoportable y perturbador. No siempre se siente cuando estás lejos, pero me ocurría en Moscú, en el 63. Moscú estaba nevado, hermosamente nevado para un caribeño, evocaba los arbolitos de Navidad en el Vedado, con la nieve simulada de algodón y escarchas para encubrir la base de palos cruzados del árbol navideño. Moscú era la Navidad perdida. Yo me creía feliz pues disfrutaba mi primera larga distancia –que es otro sentimiento encontrado-. La estatua de Pushkin, los niños llevando flores al poeta, me emocionaban. Recuerdo que a mi regreso un personaje supuestamente respetable me tildó de endulcorado por haberle enviado una postal cálida sobre el invierno ruso: los sorprendentes tulipanes rojos que amanecían plantados durante la noche, en la mañana moscovita nevada y perfecta.
Ah, la noche, luego del vodka, el caviar y las matrioshkas…el sueño profundo y levitador que hace sucumbir caribes como témpanos helados. Cuando recostaba la cabeza en la inmensa almohada rusa, entornaba los párpados por su propio peso y…aparecía el angelito diabólico:

-¿Ya estás dormido, nené?

Entonces se dibujaba en el sueño mi inmenso malecón habanero, más bien el largo tramo del malecón del Vedado, y tras él se extendía interminable un mar helado, un mar totalmente congelado, pista de patín de hielo, iceberg sin sumergir, infinito, donde Sonja Henie patinaba para mi infancia, en el Vedado, donde estuvo la pista de hielo del Palacio de los Deportes, donde antes estuvieron las Playitas del Carneado, donde ahora está exactamente la Fuente de la Juventud y en la niñez gocé el grandioso espectáculo del Circo Ringlyn,  los Cantos y Danzas de España, y alguna Follies no recuerdo si Bergere o no Bergere. Y mi primera vez que traspasé las cercas alambradas hacia los arrecifes, antes de la Fuente, pero después del Palacio Deportivo, o después de demolido, ya no sé…los arrecifes donde aquella diva, sirena o diosa o qué se yo, me llevó adolescente para enseñarme el amor sobre las rocas.
Love on the rock. Y entonces se cumplía: mi mar, donde acababa el malecón de mi Vedado, se congelaba para hacerme añorar mi Vedado erótico y tropical. Mi pesadilla terminaba cuando mi sirena amada se me iba a congelar, en el instante mismo en que  iba a convertirse en una triste sardina frappé para mi nostalgia moscovita.

Mi Vedado, lo prohibido que me es vedado. No puedo responder una encuesta sobre el Vedado, no puedo hacer una historia del Vedado, ni mucho menos intentar construir el Vedado en piedras o ilusiones. El Vedado es mi somnolencia y mi insomnio, mi pesadilla y mi anhelo, lo perdido y lo ganado. No tengo otra posibilidad que soñar evocando en desorden mi Vedado
.
Otra noche de mis sueños recurrentes fue con la Escalinata, no la de Odessa, quizás influenciado por Potemkim, pero era mi escalinata del final o del comienzo del Vedado, mi escalinata de la Universidad, donde el Vedado se va a introducir bajando hacia La Habana, o se va a elevar ascendiendo la colina. En la pesadilla atroz la escalinata se nevaba. Y veía descender la masa enardecida de estudiantes, del 33 y de los 50 y del 59, por las escaleras nevadas, y ellos con inmensos abrigos de pieles y chapkas cubriendo sus gallardas cabezas. Terribles pesadillas del Vedado. Ay,  el Alma Mater con abrigo de visón. Algunas de estas imágenes me condujeron al guión cinematográfico de “Soy Cuba”.
Es cuando he sufrido el Vedado, cuando me fue vedado, y cuando aparecieron los jóvenes cadáveres en los contenes de las noches.
El Vedado es una flor: la piscuala. No, el Vedado es el Galán de Noche. No, el Vedado son los framboyanes, o las casuarinas. Las arecas. Las arecas no, los jazmines de montaña y los de cinco hojas, y los embelesos, y los marpacíficos y las buganbilias. Ah y las campanas amarillas, que en los 60 los muchachos descubrieron para sus alucinaciones. El Vedado, en realidad son las rosas Catalina Lasa por toda aquella historia en que el amor de Baró, su esposo, le inventó una rosa, que él no inventó pero mandó a inventar y le construyó un palacio, en el Vedado, con arenas del Nilo y mármoles de Carrara y techos del mismísimo cielo, custodiado por columnas y leones, en Paseo y 17 en el Vedado, poblado de rosas Catalina Lasa.

El Vedado donde las rosas competían con rosas. Las Georgina Menocal, rojas, ensangrentadas, de tallo largo y aroma seductor, en el Jardín Trias de la calle 12. Frente a las lívidas, como de té, Catalinas, delicadas mejillas de vírgenes con alientos de recién nacidos. Las rosas competían con las rosas en el Vedado.
Y venía el cochecito de “El Encanto”, un coche salido de Cinderella, con sus corceles y cascabeles, y una musiquilla inigualable, que no era de Tchaicovski, como de valsecillo en caja de música. El Cochecito de El Encanto, con sus vitrinas a ambos lados exhibiendo tentaciones de toda índole. Cuando el cochecito de El Encanto abría sus compuertas traseras, como las de cualquier diligencia de los Westerns, era como una caja de Pandora, la posibilidad de todas las sorpresas: cintas, lazos, botones, aretes, collares, fantasías finas, abanicos, vanitys, encajes, talcos aromáticos, perfumes de París, sedas y terciopelos, raso, ropas interiores discretas, enigmáticas, sólo mostrables a las damas…
¡Ah el mágico cochecito de El Encanto! Como la maleta de cuero de Moisés el polaco, que vagaba de casa en casa para destapar ante las doncellas de la servidumbre las magias de Las Mil y Una Noches ¡el vetiver! ¡el rimel embeleso para simular ojeras y ostentar el vicio sobre los párpados! El despliegue del Damasco y los abanicos de sándalo. Las ligas de encajes y tira bordada para lograr que las medias de seda negra accedieran a las entrepiernas.
Eso era antes o durante la grandeza de “El Encanto” en Galiano y San Rafael, con la dama del perrito y el caballero del sombrero de copa inclinado al saludo. “Ya es verano en el Encanto “, en la Esquina del Pecado.

-¡Mangoo de la Torrecilla! Mangoo, mangüé…

Venía detrás, reinante, el carretón de mulas del manguero, adornado con su enorme aureola de hojas del árbol de las tentaciones de Caín, y las seductoras montañas de carnosos mangos amarillos, rojizos afiebrados, verdes, tornasolados. Mangos de la Torrecilla o del Caney, mangos manzanos, mangos bizcochuelos, mangos filipinos para las embarazadas y verdes para comer con sal por el antojo. Pero detrás vendrá la carretilla del frutero tocando el triángulo:

-Aquí traigo las naranjas, piña fresca y de la tierra, ciruelas de California, para llevar son los anones y de Chinaaa… son las naranjas.

Y otro: -Desnuda la mandarina, desnúdala…

Pero si te portas mal, los Reyes Magos no te van a traer más que carbón. Pues para que no se te olvide, ahí viene el carretón del carbonero. En el Vedado, el carbonero gallego, tiznado, con su bolsa de cuero al cinto ancho de cuero, arreando su carretón de mulos para las casas con rezago que todavía cocinan con carbón. El carbonero es el coco, el miedo, el que te viene a castigar. Mientras leemos cuentos de Andersen donde los gnomos y los duendes entran por las chimeneas tiznados de carbón. Es un tiempo que se despide. El tiempo del carbón.

Eso viene del Cerro, de la Calzada del Cerro de donde emigran las familias que no han podido arrancar sus celosías, los medios puntos, los traspatios ni las rejas torcidas como encajes o los guardavecinos. De eso se ocupará Amelia Pelaez y nos lo devolverá con creces, mientras Portocarrero, Cundo Bermúdez  y Mariano, traerán las mamparas, los paravanes, lámparas y candelabros de los interiores del Cerro. Y entre otros tantos cargarán las columnas, los capiteles, repisas, vitrinas, comadritas y sillones, abanicos de nácar, bibelots, porcelanas de Cevres o biscuit, bacarás, bronces y marfiles,  barandas y mosaicos de portales… y las naturalezas muertas.

Pero el Vedado tendrá su propia personalidad, exhibirá el portal y sus doncellas domésticas uniformadas que con el tiempo se convertirán en damas, amantes, actrices, modelos, o gobernantas,  por las cuales, Cándido, el billetero del 33, “subía al cielo con la muñeca”.
El traspatio se esconde, los columpios se asoman. Los jardines tendrán diseños como pequeños escoriales o babilónicas pequeñeces. La yerbita japonesa, las margaritas del Japon, los palitos chinos, las siemprevivas, las brujitas voluntarias cuando llueve, los helechos  y la invasión punzante de los cactus, las coronas de Cristo y las rosas de mármol. Debe ser también la desértica proximidad del mar.

En el Vedado la noche siempre está estrellada y tiritan azules los astros no muy lejos. Las azoteas permiten toda suerte de sueños, ensueños, empeños risueños…

Si tuviera que elegir un emblema para representar al Vedado, posiblemente me quedara con El Caballero de París, esa imagen quijotesca y patriarcal, romántica, épica y mística a la vez. Con su larga capa negra de Caballero, sus cabellos  jamás cortados, petrificados por el tiempo y la ausencia, que le van inventando en vida un aire de mausoleo. Sus brazos cargados de coronas, flores secas, cintas moradas. La nariz como una proa hacia y desde el misterio. Los ojillos ocultos bajo las cejas indagando adentro, y ese andar flotante, deslizado sin cansancio, que vaga musitando parábolas, presagios o sentencias, despojado de todo, genio del desapego en el reino de los que tienen demasiado, guerrillero del amor. Capaz de sobrevivir a todos los embates del tiempo, asumiendo por techo y casa cualquier quicio, cualquier abrigo descubierto, en el Vedado. El Caballero de Paris torcido en hierro para alargarse en Quijote en el Parque de 23 y J, ya que el hermoso fundido que le hace Villa lo alejan al Convento de San Francisco –aunque las estadísticas le inventen su retórica para andar La Habana, 
El Caballero desde mi infancia –remotísima pero vivida- deambulaba mi Vedado.

Tilín tilín sonarán los heladeros, heladitos de la India como hechos en casa, en carritos o a caballo, la campana de Guarina, Hatuey, cremosos homenajes precolombinos, ya que  todavía no se había extendido la cultura del ballet, ni Loipa ni Copelia. Pero cualquiera correría a cambiar una paletica, loly-pop, popcicle, coco glacé, o un barquillo de chocolate, por el puestecito de chinos de 23 y 8. ¡Esos helados de los chinos con su sabor natural inimitable!

Y ya que andas cerquita, te llegas al café vecino  y vas a comer un sándwich de pan de flauta untado en mantequilla, con jamón planchado, queso patagrás, pierna de puerco y pepino, rematado con mostaza, calentado y apretado a la plancha, para que humee y huela a ganas-de-comerte.

Por otro lado, El Carmelo de Calzada, frente al Teatro Auditórium, te ofrece su especialidad Helena Ruth, con pechuga de pavo, mermelada de fresas y queso crema, en tanto te tomas un frozen de chocolate o un juanillete tostado. Y para precios módicos, un Acorazado de pasta de jamón con la misma composición. Hasta que llegue La Marquesa, la negrita catedrática, flaca y recta, con su sombrerito de velo cubriéndole medio rostro, mitones en desuso regalados por la marquesa de no sé qué, y te pida una contribución a su aristocrática presencia que elegantiza la mendicidad con su arrogancia.

El Vedado con vendedores de flores, en carretillas, bicicletas, canastas sobre la cabeza, dulceros con tableros que gritan:

-ME VOOOY…- Jorrín, el dulcero, un negro gordito y bonachón, clonado de Bola de Nieve, te separa los eclairs, las señoritas, los capitolios, merenguitos, yemitas, o pastelillos de guayaba, de carne, de jamón o cangrejitos de queso…que cocinan las Señoritas Vildósola (damas solteronas venidas a menos) o las monjitas de La Preciosa Sangre, que cuando lleguen los días de Difuntos prepararán delicias con los huesitos de santos.

Pero si no te gusta tanto refinamiento, te vas a la bodega de Angel Miña, el asturiano de la esquina, donde a diario se juega al cubilete, los domingos al dominó en el portal y el sobrino canta a todo meter: “Mi aldea donde el alma se recrea al volverla a contemplar…” y te compras un coquito quemao, un coco prieto con el peor nombre del mundo, que te empiezas a enterar de que lo escatológico también tiene su público. Alegrías de coco, queque, panqué, cremitas de leche, boniatillo con su talquito por arriba, naranjitas acarameladas, torticas de Morón, panquecitos de Jamaica, rosquitas, melcochas, raspaduras, rompequijá, cariocas,  dulce guayabas, masareales, merengones, matahambres, y mil cosas más…Antes de que pase el pirulero, o el que cambia globos por botellas..O cante la ocarina mágica del afilador de tijeras, soltando chispas de su rueda de la fortuna.

¡Qué me dices del viejo del pajarito que hace que su azulejo saque de una gaveta el pensamiento azul que requerías para adivinar tu suerte en el amor!

O el vendedor de novelitas rosa: M. Delly, Rafael Pérez y Pérez, ¡Cuánta cultura! Y el que lleva el bastidor con Poesías en colores,  por veinticinco centavos un poema especial para tu tristeza de amor.

                                               “Si tu me olvides sufriré mi pena,
                                                 Si me abandonas moriré de amor
                                                 Y mi alma sola, de tristeza llena
                                                 Irá vagando por tu cruel dolor…” 

Pasarán en las mañanas los jardineros, con sus rastrillos y sombreros de guano, a encender los surtidores y esgrimir indecorosos las mangueras.

Y el granizadero con granizo cepillado de todos los colores y sabores, en competencia con los duro-fríos y el globero que pregona los zeppelines, remolinos, pitoauxilios, reguiletes, silbatos, matracas, pajarillos de papel enrollados, boomerangs, yoyos, juegos de yakis, suizas, y todo cuanto hace ruido, estalla colores, vuela o crea la ilusión,

Panchita la del jabón Candado para darte un premio si le quitas el churre a la barriga de la ropa con jabón Candado, con Pirey Fuerza Blanca. Las gitanas, que no vienen de Gitania, ni de allende los mares, pero sí se las saben todas…vendrán con sus sayas amplias cargadas de vuelos y floripones, y sus largas trenzas y collares, a echarte las cartas y decirte el pasado, el futuro, el premio de la Lotería y la mujer trigueña que se atraviesa en tu camino, y que poco a poco pasa a ser castaña y termina siendo rubia en la medida en que asientas o discrepes.

Los papalotes, coroneles o chiringas, se empinarán mejor en los parques, para no enredarse con los laureles o las casuarinas. Y el malecón y el parque del Maine crearán la fantasía del Globo de Matías Perez, o el de Cantoya, y los que leen, se enteran de Julio Verne o de la voladura del acorazado, y los patines resbalarán con esa sensación vibrante deslizándose sobre los mármoles del Maine.

En las noches de invierno, por las esquinas principales, pregonarán los churros para su chocolate caliente  y los maniseros se escaparán de los Aires Libres del Prado para que los vecinos del Vedado no se acuesten a dormir sin comerse un cucurucho de maní. Pero los que dan sabor a la noche van con sus dos latas de tamales calientes, que

-Piiican y no pican.

Y pasa el tiempo y pasó un tranvías frente al mar,  para allá y para acá. El Vedado se va llenando de otros móbiles. y otros móviles. Y aparecen los Chevrolets, los Fords, los Pontiacs, Buicks, Cadillacs…y los convertibles adornados en los carnavales que se inician en el malecón del Vedado, no caben las marcas y modelos en el gran barrio del Vedado, el “pudiente” barrio del Vedado, el limpio barrio del Vedado, siempre asfaltado, sin baches, algunas calles aun con adoquines, como J entre 27 y 27 de Noviembre, o en H entre 15 y 17.. Habrá ómnibus, guaguas, por 23, por 17, por Línea. Y líneas de tranvías por las tres avenidas, y atravesando por 12 y por L. El Vedado parece un barrio bien trazado. Las calles paralelas al mar, van ascendiendo en números impares: 1ra, 3ra, 5ta, 7ma que le dicen Calzada por no sé qué antojo, por qué vieja calzada,  la 9na se llama Línea, por aquello de la modernidad, luego un tiranuelo megalómano le pone General Batista, hasta que se cae –el tiranuelo, no la calle- y vuelve a ser Línea, y así sube a 11,13, 15… hasta 29.
Las perpendiculares son más entretenidas, la Calle Paseo divide al Vedado en dos aurículas, viene siendo como el punto Cero. De Paseo a la derecha, hacia el Río Almendares, que termina el Vedado, primero cerrado por el Puente de Pote en la calle 23, y por debajo, cerca de su desembocadura en el mar, con un puentecillo de hierro, que se abre , o se abría, para que las embarcaciones pudieran entrar o salir al río.

 Esto venía a ser a la altura del final de la calle 11, también atravesada por líneas de tranvía. Marcada por la afamada Posada de 11 y 24, pobre albergue con vocación de laberinto,  presto al escondite y las revelaciones escandalosas  de personalidades de todos los tiempos. Otra locación de Titón en Fresa y Chocolate, para demostrar que David es varón a toda prueba, como si con eso fuera suficiente. 11 y 24 refugio de amores, pasiones, lascivias y sextos pecados capitales. “T y R se aman…” “juntos para siempre “ “te espero en la eternidad” o “si me pides el pescao te lo doy” y un diccionario de aportes al idioma y la grafología más imaginativa en sus murales interiores.

Luego se construyeron túneles, cortos y seguros, bajo el río, para conectar al Vedado con la otra barriada, que devino en más privilegiada, para las grandes mansiones, chalets, y avenidas, que hicieron del Vedado la prima venida a menos, y del Nuevo Vedado, la nueva clase.

Uno de los túneles desemboca en la deslumbrante 5ta Avenida de Miramar, que ahora nos enfrenta al castillo francés de la familia de Cocó de Armas y Conchita Fernández, ya con las torres sin tejas, porque no llegan tejas verdes francesas, y porque ya sus residentes son los hijos de los hijos de los hijos de la vieja servidumbre que heredó o se las arregló  para heredar la residencia y no hacen o tratan de no hacer arreglos, esperando, quizás, mejor fortuna.

Pero vuelvo al Vedado, porque Miramar es tentadora.

Pues, magistralmente trazado, el Vedado, a partir de la Avenida Paseo, hacia el Río, aguas de Oshún, orisha de las aguas dulces.

Hay que ver, hay que ver… que en los tiempos de los tranvías, hablar de los Orishas era un atraso, brujería, un acto marginal, Hoy por hoy si en el trazo de cualquier boceto no incluyes algún orisha estás faltando el respeto a la igualdad, a la diversidad étnica y religiosa, y de paso, mostrando tu ignorancia y una actitud sospechosa. Ya se pasean por las calles, orondos babalaos,  iyabós todos de blanco. Y hasta proclamamos iyabós gallegos, mexicanos, italianos, panameños, eslavos y escandinavos Y ya no se limita un tambor a las cuarterías y solares como los de  E entre Calzada y Línea, o El Tubo de  24 e/ 15 y 17,  El Reverbero, La Palangana o el famoso Solar Miami de Calzada y J, o  El Merengue, o El Palacio de la Leche, (también conocido por El Carreño)…precursores de la destrucción o el abandono. Fascinación de turistas supuestamente solidarios que encuentran pintoresca la miseria ajena. Grupos sociales ahora dispersos, integrados o   invasores de  la sólida entraña del Vedado, arrastrando –como ocurrió antes con  la emigración del Cerro- esta vez, la tendedera (sábanas blancas colgadas en los balcones), la mesa de dominó bajo el framboyán o cualquier árbol mayor de la cuadra, con su correspondiente botella de ron, la bronca y el tres-en-uno con bocina stéreo, con o sin guaguancó. Ahora, también con su elemento enriquecedor, que se sugiere en las cafeteras de Acosta León, hasta desarrollarse en los cuerpos pintados de Mendive, o los sígnos de Belkis Ayón.

De Paseo hacia el Río, quizás para aprender a contar, se inician las calles numeradas de dos en dos, en números pares: 2, 4, 6, 8…hasta llegar a 32, enriqueciendo la cabalística y la charada. De Paseo hacia el mar –tener en cuenta que el mar circunda con su malecón toda la ciudad- que es de Yemayá, la otra orisha, hermana de Oshún, pero que es la dueña de las aguas saladas. Cuídate de Yemayá Olokun, que toma formas insospechadas y arrastra a sus hijos al fondo del mar –hay que tocar el piso cuando mencionas su nombre- y debes tirarle ofrendas, flores, despojos y de cuanto hay.

Entonces, de Paseo hacia el Mar, hacia el Este,  las calles se denominarán con las letras del alfabeto, con lo cual, todos los que pasan por el Vedado se están alfabetizando con sólo atravesar sus calles. De Paseo al mar serán: A, B, C, etc., de modo que si alguien está leyendo mientras va paseando, es porque ya se aprendió el alfabeto. Hasta llegar a la calle O, donde termina el Vedado para que, atravesando la Avenida de Infanta, ya se encuentre en La Habana. Por la forma semicircular de la urbanística, hay una calle P, muy cortica, que justamente la utilizaron los arquitectos para edificar su Colegio.

Una gran avenida también surca el Vedado, de Norte a Sur, es la misma llamada Calle G, titulada Avenida de los Presidentes, que se inicia en el malecón y tiene el largo alcance de desembocar en la Avenida de Carlos III, actualmente Salvador Allende, donde por encima culmina también  el Vedado, entre inmensos árboles, con un busto a Bartolomé Masó, presidente de la República en Armas, la Facultad de Artes y Letras, el Stadium Universitario, los traspatios del Hospital Calixto García, y los farallones calizos que cercan el antiguo Castillo del Príncipe, cárcel de crueles historias de hombres sin mujer en distintos períodos de inhumanidad.

La Avenida de los Presidentes se hace dramática. En las noches, los fantasmas de los  muertos del hospital, bailotean con los fallecidos en la cárcel, juegan con los deportistas  accidentados del Stadium y los letrados ya exhumados, recuperan sus cuerpos para cantar loas a esta simbiosis. Mientras, las parejas sin techo, hacen el amor en las cuevas de los farallones, bajo las copas de los árboles, enredados entre sus grandes raíces.

La calle G, Avenida de los Presidentes, es un amplio y extenso paseo central, adornado de bancos y palmeras, bellos jardines que no envidian a su parienta 5ta Avenida de Miramar. Suponía destinada a exponer los monumentos a lo que históricamente sería nuestra herencia de dignidad de gobiernos republicanos. Y ahí comenzó el dimeidirete y al primer presidente Estrada Palma, encaramado en su pedestal, lo cortaron al ras de los pies de bronce. Allí quedan sus zapatos y hasta algunos turistas creen que es un Monumento a los Zapateros. No llegaron a erigirse a otros presidentes, así ha sido de complicada nuestra Historia. Hoy, rellenando los espacios predestinados, los ocupan héroes de la Patria Grande: Bolivar, Juárez, Allende… Un monumento ecuestre al Gral. Calixto García Iñiguez, presidente de la República en Armas,  reconstruído, inaugura la avenida y sugiere cabalgar sobre una proa al mar. Otro monumento descomunal culmina la  Avenida, el monumento al Gral. José Miguel Gómez, también presidente. El primero en mármoles negros, el último en mármoles blancos con esculturas y columnas, reproducción en miniatura del Monumento a Victor Manuel II en Roma. En el primero, custodiados por inmensos y legendarios cañones, el último coronado de palmeras y laureles, frente a los parques de arbolitos recortados, bancos de hierro torcido y tablones verdes, reconstruído recientemente.

Otro monumento se mantiene en honor a su esposa América Arias, cuyo nombre aun ostenta el  Hospital de Maternidad de la cercana  Línea y G.

En el Vedado, como en la ciudad, las esquinas adquieren significados:
L y 23, 23 y G, Paseo y Línea, 23 y 12.

Cuando de niño pasaba los sábados en la mañana hacia la casa de mi abuela en Línea 53, desde mi casa en 15 y 4, gustaba de caminar por 23, para enfrentarme a la visión impresionante de las furnias de 23 y L. En donde hoy está el Cine Yara y el Hotel Habana Libre, inmensas fosas en las que, lejanas e inaccesibles, se veían abajo las agencias de ventas de automóviles, atractivas por sus toldos de rayas y los flamantes autos. Arriba, en el espacio donde está hoy Copelia, solamente el tétrico Hospital Reina Mercedes, especie de imagen conventual, amarillo, con su portón imponente, donde el recuerdo me remonta a las películas de miserias, monjas sin rostros, enfermos tirados en el suelo, epidemias, heridas, llagas, fetidez y lamentos,
Nunca me atreví a asomarme, desde lejos, las galerías de altas arcadas y sombríos personajes.

Luego, en el espacio actual del Hotel, creció un tentador Parque de Diversiones, con su estrella, los carros locos y la montaña rusa, lo cierto es que no ha vuelto a haber un Parque de Diversiones decoroso para los niños del Vedado, aunque Jalisco no se raje.  Después el mismo sitio fue cercado con altas vallas, largo tiempo, mal recuerdo alguna carpa de circo, quizás Santos y Artigas, Razore o Montalvo, se me confunde la esquina que pudiera salirse del Vedado a Infanta y San Lázaro. A la vez que la zona opuesta fue creciendo de otra forma. Bajaba hacia lo que hoy es La Rampa, y estaba la otra furnia a la orilla del Hotel Nacional, nacido con mi nacimiento, cargado de eventos y guerritas ya al nacer , y en frente, donde está el Cine La Rampa, una techumbre de zinc cubriendo un amplio espacio de cemento, inauguró una delicia para los jóvenes: las Boleras Tony. Juegos de bolos, con cafetería con las primeras máquinas para hacer batidos, y victrolas que tocaban los últimos discos de moda: Bin Crosby,  Frank Sinatra. Y allí hubo fiestas juveniles, y hasta bailes que todavía no estaban a mi altura. Fue un avance de modernidad juvenil en el Vedado. Mientras en 17 y N la pollería El Liro, inauguraba otra cafetería moderna donde también aparecían los batidos de chocolate, la leche malteada, sándwiches de pan de molde y galleticas preparadas. En frente, donde hoy se encuentra el FOCSA, se estableció el Club Cubaneleco, de la Cuban Electric Company, para Calixto Kilowat , sus trabajadores y asociados. Allí había cancha de Tennis, cancha de squash, piscina, y Casa Club, se hacían fiestas, deportes y vida americana.  Mientras la Pollería El Liro crecía con sus batidos y victrolas, para cambiar años después los pollos por los conejitos.

En 12 y Calzada, el Vedado Tennis Club realizaba la pretensión de ponerse a la altura del Havana Yatch Club o el Biltmore…inaugurando un nice club con la cancha mayor, la piscina mayor, el salón de bailes mayor, en el mayor aristocrático quiero-y-no-puedo del Vedado.

No me di cuenta, o habré tenido fiebres por leer antes de tiempo a Thomas Mann, cuando crecieron el Hotel Havana Hilton, el edificio Radiocentro, para trasladar a allí, desde Monte y Prado en La Habana, los estudios de CMQ radio donde canté, actué, escribí, dirigí y no me di cuenta, el cine teatro Warner en la esquina de L y 23, y  tampoco sé cuándo demolieron el hospital que luego fue parque, después cabaret, sala de exposiciones, hasta llegar a ser Copelia. Cuanto se construía en aquella esquina donde hubo el Hospital, estuvo destinado al fracaso, hasta que en un exorcismo, Copelia se levantó como un platillo volador, a la vez que el Palacio de los Deportes, también cósmico, crecía en la fuente luminosa o el Bidet de Paulina, la entonces Primera Dama de La República, que ni era la esposa pero la cuñada cargada de leyendas del Presidente Grau, quebrando tradiciones. Grau, un presidente surgido del Vedado, “hace el pollito”, dice que hay dulce para todos, se construye una chocita en Miramar, baila ante las cámaras de Televisión un cha-cha-chá con la bailarina Floreana Alba, es catedrático de la Universidad, sabe hacer el ridículo y al final queda invicto cuando se le pasa la cuenta, porque verdaderamente amigos, la cubanidad es amor..

La esquina de 23 y L estalló como la gloria. El edificio Radiocentro, la CMQ, sus programas radiales con audiencia de público. Los estudios para ver los programas, los artistas circulando por la zona, cazadores de autógrafos que años después trascienden a la fama. Una cafetería por la entrada de la calle M, una barbería de lujo con chismes y telas cortadas, tiendas  y sastrerías en los pasadizos de los bajos, por arriba escaleras aerodinámicas, una discoteca con venta y cabinas para audiciones de discos selectos, mi prima Fifina , la inglesa, recomienda los discos,  otras pequeñas tiendas, sastrerías y boutiques, librerías, fotografías, restaurante chino El Mandarin, una farmacia moderna. Y el Warner, un gran escenario para grandes espectáculos: shows, el nuevo concepto del show de Adrián Cuneo. Y detrás la película, “Night and day” estrenó la gran pantalla. Recuerdo los primeros shows: la Navidad, una gran caja de regalo en el escenario y de ella iba a surgir una bailarina, una gran sorpresa, una idea mágica: Leonela, como una muñeca articulada, una especia de presagio o eco  de Copelia.
Y después los espectáculos de Alberto Alonso y Armando Suez, Elena del Cueto y Luis Trápaga, Dick y Biondi, Ana Gloria y Rolando, Marta Perez, Isidro Cámara, Los Chavales de España, Tina di Mola, Facundo Rivero y sus Riveros, Las Däida, Olga Guillot, Ernesto Bonino, Celia Cruz, Esther Borja, Adolfo Guzmán…

Warner convertido en Radiocentro, Radiocentro convertido en Yara. Yara inaugura conceptos de Centro Cultural, Yara estrena espectacularmente  mi “Bella…” y se convierte en mi piñata mayor. ¡Ay, aquel estreno de La Bella que parecía un Año Nuevo! El público participando, riendo, aplaudiendo, llorando, y luego abrazándose en el vestíbulo celebrando un no sé qué! En verdad creo que aquella vez se me cumplieron los sueños.

Se alzó inmediato y majestuoso el Edificio del Retiro Odontológico, nuevo alarde arquitectónico, Que en el 63 fue locación sincronizada con los fondos del nuevo edificio del MINREX y Radiocentro, en esas mágicas combinaciones que hace el cine, por el genio de la fotografía Serguei Urusievski para la película “Soy Cuba”

El Havana Hilton ostentó su patio central, espectacular interpretación en síntesis del patio cubano: piedras hermosas, palmeras, vegetación amazónica, helechos, fuentes de agua, cascadas, celosías, medios puntos, en una estilización nunca antes vista. En el 2do piso el bar Las Cañitas, la piscina tras los cristales. Abajo el restaurante Polinesio, absoluta novedad, tiendas boutiques con objetos de arte, piezas orientales, perfumerías…joyas. Podías encontrarte a Ava Gardner en chancleticas o a Marlon Brando, comidas exóticas, tragos exóticos servidos en conchas, caracoles, cocos, con flores, gardenias, orquídeas, perlas… Tótems africanos. Y por los cuatro costados, las más altas expresiones del arte cubano: Un mural de cerámica, presentación de Amelia Pelaez al frente, un mural de vanguardia de Cundo Bermúdez por el  costado de 23, y murales interiores impresionantes de René Portocarrero. Restaurantes y bares interiores creando ambientes sugerentes, íntimos, tropicales o mediterráneos, con atmósferas diversas. CATAY, la primera tienda para tocar lo exótico.

L y 23 se revela como la esquina del futuro, e inició lo que sería después el boulevard de La Rampa. Bajó a convertir la Funeraria Caballero en salón de arte y luego en estudio de dibujos animados y cine para la Televisión. La Televisión que en el inicio de los 50 invadió con 2 canales en La Rampa y cambió la vida de la ciudad.

Y el Pabellón Cuba donde hubo un monte rocoso lleno de cuevas de ratas y desperdicios. Allí se inauguró el Salón de Mayo con artistas plásticos del todo el mundo, y el Congreso Internacional de Arquitectos que llevó a las aceras una muestra de cada uno de los plásticos más significativos: Lam, Amelia, Porto, Mariano, Martínez Pedro, Sandú Darié…como grandes mosaicos. Y se elevó el audaz edificio del Retiro Médico. Y queda en la crónica de los sucesos los encontronazos entre las izquierdas y las izquierdas, y le sacan los trapos sucios a Xiqueiros, trosquistas y  anarquistas y se enciende una bronca de arte y política, que envidiaría la mismísima Elena Poniatovska.

Por el contrario, la esquina de 23 y 12. Se trata de dos mundos y un puente que enlaza esos dos mundos. El primer mundo, que lo envuelve todo, o es centro de todo, es la calle. La esquina de 23 y 12, como una estrella de los vientos, brújula cuyo eje es el centro de la esquina, donde alguna vez hubo un semáforo central que ahora está dividido en 4 semáforos. Este centro, apunta hacia cuatro puntos cardinales:
1.- El mar, en los acantilados de las calles 12 y malecón. La Vida.
2.-El Cementerio, La Muerte. Vedado dentro del Vedado, una señal de tránsito indica “SOLO ENTRADA”, con el grupo escultórico de las Tres Virtudes Teologales de Villalta Saavedra en la puerta misma del Cementerio de Colón. Considerado entre los más bellos cementerios del mundo, por sus joyas esculturales y arquitectónicas, y por la significación de las familias sepultadas allí. Dentro, duermen ciudadanos de todas las categorías, custodiados por la variedad mayor de esculturas, columnas, cúpulas y torres. Y la Capilla Central del arquitecto Eugenio Rayneri

3.- La larga avenida 23 hacia La Rampa, al  moderno Boulevard de los 50, que también muere en el mar, y para darle paso quitaron la farola Art-Deco que elegantemente daba su broche de cierre a la Avenida.

4.- Y de 23 hacia el Puente de Pote, puente sobre el río Almendares, encima del conocido y novelístico Bosque de La Habana, -lugar de intrigas, leyendas de crímenes, policíacos y pasiones de amor, de escondites y pasos prohibidos-. Donde hoy se esfuerza en sobrevivir un parque infantil con merenderos y alquiler de botes que dejaron de pasear. El Almendares que fue cuna de yates millonarios y barcazas de pescadores, río de Oshún para bautizo de sus hijas e hijos, untados en miel y salpicados de flores amarillas, caminos intrincados como selvas para las pillerías y excursiones riesgosas de la infancia de pantalones largos..

La esquina de 23 y 12 es anacrónica, pertenece a todas las épocas, transitada por los mismos personajes  de siempre: un vagabundo, una religiosa, una prostituta, un señor, un vendedor, un billetero, una viuda, un bandido, un trabajador, un poeta, militares, estudiantes. El Caballero de París se tropieza con el Tamalero de pican y no pican, La Marquesa entra a La Pelota como si fuera El Carmelo de Calzada, Bebo vende sus periódicos de todos los tiempos (El Pai, Alerta, Granma), la guagua se abarrota o deja a la gente esperando, monjas, jineteras, iyabós, floreros, policías…un fotingo, un coche, un heladero, floreros con canastas llenas de flores en la cabeza, floreros en las aceras, crisantemos,  gladiolos, azucenas, dalias, rosas, claveles, mariposas…mariposas que inundan el aire con su olor, la mariposa es la flor nacional de Cuba, la mariposa es su símbolo, blanca, pura, frágil, aromática, seductora, sensual y efímera, o billeteros que prodigan la suerte y la poética de las charadas que apuntarán en las vidrieras de tabacos y cigarrillos:

-¿Qué te apunto a la bolita?, -Anoche soñé con vapor… juega el 23.

Vallas que anuncian cervezas con modelos curvilíneas para el Meneito, que brindan algo más que levadura y espuma,  o enarbolan consignas que ofrecen disyuntivas como la esquina: vida, Patria, o muerte..

Es como un circo surrealista de Tomás Sánchez, donde Cristo converge con la mujer barbuda, los zanqueros y los malabaristas, Belkis Ayón inaugura un juego ritual como Mendive en la puerta del Cementerio, Pedro Pablo Oliva hace volar sus novios en la azotea del edificio, Alicia Leal diseña los interiores de las casitas desde sus ventanas abiertas… Yovani Bauta desnuda la espalda de un hombre en otro cuarto.
Es la calle múltiple, abigarrada, multicolor, brillante, en el tráfico, el bullicio y el silencio. La esquina de ángulos anchos y perspectivas dinámicas como las ciudades de Koyaniskatsi. Nelson Domínguez abre una galería de Arte.
Una imagen real y ficticia, de lo real maravilloso o del realismo mágico, como la maqueta de la Habana o una ciudad de cerámica de Fúster. Esa Ciudad Otra de Ismael Gómez Peralta. El espectro de la ciudad nocturna. La esquina eje. Barco fantasma anclado que a veces levanta su proa afilada, a veces deja su ofrenda ensangrentada en medio del asfalto mojado.
 La sonoridad es incongruente, en la alfombra del tráfico de los años, que no se ha ido, aun el eco de los tranvías y los pregoneros, los silbatos y los patinazos, las bicicletas en los baches, el mar lejano,  los motores de los cacharros, las lejanas marchas de entierros solemnes y entradas triunfales, los gritos de las consignas populares y de las bandas marciales, la fiesta de los carnavales y las ferias, las campanadas de  los lejanos conventos, el eco de algún barco lejano, los aviones que lanzan propagandas o amenazas, sirenas de perseguidoras, ambulancias, carros de bomberos, o el alarido ante el cañonazo de las nueve. Su base es un son muy ecléctico, mezcla de trova y pop donde Kurt Weill se encarna en La Guantanamera y le sirve de documento sonoro a Juan Piñera.

Desde el tope del edificio más alto de 23 y 12 el viento, las azoteas, las tendederas y las nubes, campanarios, torres y cúpulas, el humo lejano de alguna chimenea en 180 grados. Desde el centro de la calle hacia el mar: comienzan a sonar las campanadas de la capilla del cementerio.

Entre la calle y sus habitantes, el edificio enigmático que se eleva en la esquina, como dueño y señor de todos los tiempos, alto para su época, grande todavía, con su bajorrelieve que marca un cambio de destino.

Bancos de jardín para poetas trasnochados y fotógrafos que descansan sin cansancio. Su portal de arcadas y medios puntos, a veces apedreados. Portales transitados por personajes lentos, jubilados cansados. Con su Correo que casi funciona, en un universo de Kundera o  Kafka, buzones oxidados y entelarañados , bancos con parejas de los años 20 que han envejecido dentro de sus ropas, las que han envejecido sobre ellos. Vagabundos y ancianos que pernoctan el mediodía en los bordes de las vidrieras, niños que patinan sin patines.
Y el Centro Cultural, que expone obras de vanguardia de artistas jóvenes airados, con instalaciones acromegálicas y juegos de absurdos, como los filmados en “Fresa y Chocolate” por Titón. Y la entrada al edificio, el ascensor que no asciende, oxidado, con sus rejas en X, clausurado con cadenas y candados también oxidados, y la escalera estrecha, oscura, estrecha, que hace espiral sobre la jaula de hierro que nunca más subirá. Con sus ventanas como caries asomadas a respirar el mar o el cementerio, las ventanas ajenas y los techos, la intimidad desgarrada al escarnio de las miradas empecinadas, las hendijas para los vouyers, el pulmón de los asmáticos. Zona gris, por momentos plateada, oxidada en ocres, sombra de descanso o agobio, puente entre el reposo y la asfixia.
Esquina de proa de barco encayada en medio del bache en charco de la ciudad otra, un día después.
La gritería de los niños, los piropos

–“Si cocinas como caminas guárdame la raspita”,

las cornetas de los vehículos, las victrolas

-“…nosotros, que nos queremos tanto, debemos separarnos no me preguntes más…”
 y las bromas

–“a que tu no sabes lo que le dijo la hormiguita al elefante…?”.

Lo mismo una marcha grotesca de Fariñas,  la Engañadora o una marcha D´Souza, el Americano en Paris, el órgano de Manzanillo o Tierra en Trance, toques de Roldán o Cecilia de Roig, un borracho que canta una canción, un golpe de cubilete que no abolirá el azar, una bronca o carcajadas de jugadores de dominó, silencios significativos.

El épico bajorelieve de la esquina, que marca un hito histórico, obras impresionantes, ruido infernal, el correo del portal, todos adormilados, o aburridos.
El número...81. la puerta, vieja, oscura, un ascensor herrumbroso, cafetera de Acosta Leon, clausurado con  cadena y candado. Y una escalera llena de sombras y aullidos.

23 y 12 para mí es el corazón del Vedado, infancia, pasión y muerte. Mi primer cuento en 1952, “El alma al sol” se desarrolla en la barbería que había en esa esquina donde hoy está el Correo. Años después, en 1962, mi obra teatral “El juicio de la Quinbumbia” se inicia con un accidente en 23 y 12. En 1992 escribí otro cuento “Ella dio al desmemoriado” donde su protagonista toma conciencia de que se le ha olvidado morirse exactamente en el instante en que está parado en la raya amarilla que divide 23 y 12. y en 1995 escribí el guión cinematográfico “El Huracán” que cierra una trilogía, también
ocurre en 23 y 12, donde el cineasta contempla su vida en una pantalla y muere a la salida en la calle. Todo esto sucedió durante años, sin darme cuenta de lo que significaba para mí esa esquina desde mi infancia. 
Desde allí, como una rosa de los vientos todo se extiende hacia las casas en que viví, las escuelas donde estudié, las iglesias por las que pasó la boda de mis padres, mi bautizo, mi comunión y mi excomunión. El cine Renacimiento, Ámbar, en que vi la primera película y empecé a confundir la fantasía con la realidad, y el cine Riviera donde debuté interpretando el Negrito Mancuntíbiri a mis 5 años. El cine La Rampa donde estrenaron la primera película que realicé y en el Yara la última (penúltima).Y en el Chaplin. El teatro Auditórium donde repartí mi primer libro publicado, en mañanas de domingos de la Filarmónica, entre Juventudes Musicales apasionadas y bien afinadas, donde chocábamos afinidades y desencuentros, en tanto no teníamos conciencia de las glorias del universo musical que disfrutábamos.

El parque Mariana Grajales de mis primeros pasos en 23 entre C y D. La Avenida de los Presidentes de mis primeras caídas, el Maine  de mis primeros patines, el Victor Hugo de 19 y H, parque de mi primer noviazgo con el encanto de su glorieta y la sombra generosa de sus árboles, El Derrumbe del Carmelo, las ruinas donde por primera vez hice el amor bendecido sobre las piedras, El Parque de El Carmelo en honor al Padre Reginaldo, en 15 y 14, las calles y avenidas en bicicletas, los muros y pasillos laberínticos y  traspatios para jugar a los escondites, casonas deslumbrantes, jardines tentadores, los portales de los columpios.

17 y 6 ya no es el parque donde con mis hermanos dábamos la vuelta en los caballitos o en la cesta del burro a su bella e inútil glorieta,  ni donde los jueves se improvisaba la feria-mercadito que olía a apio, pescado fresco, frituras de maíz y frutas cubanas, ahora  es el Parque de la escultura que hizo Villa a  John Lennon, y reivindicó la dogmática prohibición de Los Beattles en los 60, Hay un parque Lenin, pero ahora también hay un Parque Lennon.  El parquecillo de Línea y L con la enigmática columna  de mármol negro a los chinos que lucharon en la guerra por nuestra independencia,  donde la cocinera de mi abuela se daba citas con su novio escondido cuando se oía en las noches el cañonazo de las 9 y empezaba La Novela del Aire. El parquecito  de Línea entre K y L frente al Colegio Arturo Montori. El Parque de La Parroquia del Vedado en Línea y D, El parque Villalón, junto al teatro Auditórium, hoy bien llamado Amadeo Roldán, frente a las columnas, con la escultura y la fuente de Neptuno que se llevaron a la Bahía, descrito por Carpentier en El Acoso, filmado por mí en Tiempo de Amar. El parque 23 y 32, cargado de sombras y lamentos, donde estuvo el Bureau de Investigaciones de Batista, imagen que no se borra aunque intenta ser para niños. El pintoresco  parque Vienés en el cuchillo de  Línea y G, con la curiosa casita de madera como de jardinería, y estridente –aunque vienesa - estatua dorada de Johann Strauss, El Parque del Quijote de hierro retorcido en 23 y J, En fin, el Vedado diseñado para parques.

Mi casa de la infancia en 15 y 4,  visitada por políticos de todas las tendencias, los sábados en la tarde, subido en la mesa de pin-pon en el portal, cuando me ponían a cantar boleros, que le canté a dios, al diablo y a la tierra del sol, en el Vedado, y me regalaban los muñequitos del País o me invitaban al Riviera a ver la Matinée. Pero, desde mi jardín de la infancia también le canté a Esther Borja, a María Cervantes, Zoraida Marrero, a Perlita Greco y hasta a Toña la Negra.
Muchos años después, entre los 50 y 60, en mi apartamento de Malecón y 23, a la salida misma de la Rampa, por la cercanía a las teleemisoras y los shows de los clubes nocturnos, las comelatas y descargas con Bola , las D´aida, Guzman, Esther, la Guillot, lo mismo Meme que Boby Jiménez,  Rosita  y Bianchi, o Marta Veliz la Meneito, el Benny, René Portocarrero, el maestro Roig, Menia Martínez, Alberto Alonso, Sonia Calero, Gustavo Herrera, Estrellita Díaz, Rolando Ferrer, Gloria Parrado, Raul Milián, Pepe Rodríguez Feo, Virgilio, Santiesteban, Bebo Egea, Felix Guerrero, la Remolá ,  Korda, Norka, y tantos más…circulando el Vedado, para rendirse en casa, comienzo o final .
De la terraza al malecón marchas-protesta, entierros, celebraciones, carnavales, perseguidoras, crímenes, carreras de automóviles, tanques de guerra, celebraciones, bronca en el Palacio de la leche –edificio Carreño venido a menos-, tráfico de mariguana, va a correr Fangio, entra Fidel con Camilo un ocho de enero, se echan flores al mar para Camilo el día de mi cumpleaños. En mi terraza del final del Vedado, se hace fiesta, resistencia, clandestinidad, celebración, victoria, decisiones de sacrificio, amores pasionales,  penetraciones del mar. El Vedado es la vida,

Lugares impresionantes, la otra furnia donde sobrevive el Edificio Arcos F y 21 – F y 19, donde filmé escenas de “Aquella larga Noche”, donde Clarivel despertó de su desvelo.
Los enigmáticos pasajes de Crecheríe y Montero Sánchez, con su Tren de Lavado de chinos y el Banco Continental para darle buena vista.

El imperdonablemente destruído Hotel Trocha, joya de poesía arquitectónica en mi memoria, en Calzada y 2. O el trágico destrozo de la bellísima Casona de los Loynaz del Castillo, que inicia el Jardín de Dulce María y carga tanta historia de Lorca y otras glorias. Destrozo del que aun hay huellas irreconocibles en Línea y 16 hasta Calzada, cuyo traspatio inmenso llegó a convertirse en el  refugio de gatos. O su parienta ahora en reconstrucción, después de muerta, la última casona de la poeta en 19 y E.

Por la calle E, también llamada Calle Baños, por ser la avenida que desembocaba en el malecón en los antes llamados Baños La Playita, cercanos a El Encanto y Carneado, pocetas curiosas aprovechando los arrecifes, para las familias del Vedado.

En la calle Baños entre 17 y 19, construyeron un Cine muy familiar para las familias de los alrededores, el Cine Gris, que en los años 50 dio lugar a una piquera de automóviles, de las primeras piqueras que atendía servicios por teléfono. Pero estos taxis tuvieron también el privilegio de estrenar un sistema de espionaje  del servicio secreto del régimen mediante el apoyo de los taxistas, guardias comuflageados, durante la tiranía de Batista, para controlar las conversaciones de los ciudadanos que conspiraban en la clandestinidad. Piquera Gris y Cine Gris se disolvieron.`

Si seguimos por E hacia 23 encontraremos a la izquierda la casa del poeta Eliseo Diego.
 Historias que se inician en los circos y culminan en el Olimpo.

Si retrocedemos hasta 17, tropezamos con El Palacio de la Condesa de Revilla Camargo, en 17 y E, actual Museo de Artes Decorativas, donde se han filmado escenas de varias películas, ostenta esculturas, columnas, angelotes, tesoros de arte decorativo  y según recuerdo es semejante al del Marqués de Pinar del Rio, demolido hace unos 20 años, en 19 entre A y B, Vedado. Palacio famoso por sus fiestas de disfraces sobre las que se tejieron mitos, leyendas, historias escandalosas y orgiásticas, basadas en la vida homosexual del Marqués, que al fin era un Marqués. Palacio convertido hoy en Mercado Agropecuario en 17 y 19, entre A y B. Semillas dan frutos.

En N y 25, sobre un terreno rocoso, la mansión impresionante, de la familia Cortina cercada de frondosos árboles de inmensas raíces, me recuerdan el baobab. Sus escaleras, columnas señoriales y salones interiores han inspirado al presente para mantener allí el  Actual Palacio de los Matrimonios del Vedado. Allí filmó también Manuel Octavio Gómez su primera película La Salación.

La casa de Julio Lobo, en la manzana de 2, 4, 11 y 13, donde actualmente se encuentra el Ministerio de Cultura, otro Palacio pero de sobriedad y elegancia, con ciertos toques de Art Deco. Allí jugábamos con Maria Luisa niña, y se nos unían los Taquechel, los Tellez, los Vildósola Ponce de León con su condado de Villanueva y su delirio de grandeza, y Carlitos Baralt que siempre comía huevitos fritos.

Me deslumbran: la vieja casa de González Curquejo en Línea y B, como traída del Cerro. La casa de los López García, luego de Mercy Alfonso, en Línea entre D y E, con sus hermosas rejas como encajes, donde Solas filmó “Amada”, y yo escenas de Aire Frío de Piñera.

En frente, la Casona de Cosme Blanco Herrera, donde Tomás Piard filmó Bocetos, y radica Teatro Estudio, y ahora construyeron al fondo un pequeño teatro in memorian al grande actor Adolfo Llauradó.

Además del Saint George´s School con su cúpula Art Deco, en Línea y 6,  hay otro edificio pionero del Art Deco en el Vedado, el Edificio López Serrano, construido en 1932  por Mira y Rosich, en L y 13, que se alza majestuoso todavía, en cuya torre vive el maestro de la Danza Moderna en Cuba, Ramiro Guerra, edificio donde vivió el ideólogo de la Ortodoxia cubana  Eddy Chibás. Comparable con el Edifcio Bacardí de La Habana y el antiguo Teatro América de la avenida de Italia, ejemplos máximos del Art Deco en Cuba.

Al final del Vedado, después de la fortaleza de La Puntilla, la residencia de Carlos Miguel de Céspedes, con su jardín  experimental japonés, bordeando la salida del río Almendares, ahora convertido en el restaurante “1830”. Su cúpula mudéjar techada en algún metal precioso que no todo lo que brilla es oro, brilla en los atardeceres,  visible desde todo el Rio Almendares.

La casa de Alfonso Gómez Mena, en Calzada y avenida de los Presidentes, Palacio de estilo francés, desde 1950 se convirtió en Ministerio de Relaciones Exteriores, con una adición de edificio moderno al fondo, donde padecí los “rigores” de una diplomacia que fui incapaz de soportar.

La casa de Juan de Pedro y Baró y Catalina de Lasa, en Paseo entre 17 y 19. Levantada entre dos palmas, con sus leones a la entrada, es como un Palacio Florentino,  mezclada con art decó en cuya fachada rosada, dentro de un escudo de heráldica están las iniciales PB, con las cuales siempre en juego me las apropiaba (Pineda Barnet).

La casa de Pedro Gonzáles de Mendoza, en 15 esquina a Paseo, con su piscina bajo techo en el salón de baile, sus hermosos vitrales y esculturas, actualmente, residencia de la Embajada Británica, donde disfrutamos tantas veces las cálidas recepciones de sus  mejores embajadores.

Casa de H y 17, actual UNEAC,  de la familia Gelats

El palacio veneciano de los Falla  Bonet, convertido en ciudadela, en calle A entre 21 y 23, donde Berta Bonet me regalara un anillo que se ha quebrado en mi dedo anular y un pañuelo de seda que conserva su perfume desde mis trece años.

La hermosa residencia de Isabel Falla Bonet en 17 entre H e I, donde hoy se instala el ICAP, y que fuera vistosa locación de mi “ Bella del Alhambra”.

Los edificios giran alrededor  en una danza macabra, El Focsa, que fue el coñóoo de los provincianos recién llegados a La Habana. Como un enorme panal, con su mirador inicialmente exclusivo para ejecutivos asociados, el Club de los XX, con llave y password, en los 50, pasa a ser un bar de acceso libre. En los bajos El Emperador se mantiene como si fuera casi exquisito, mientras se deterioran los pasadizos, tiendecillas y oficinas de cambios de Moneda como guaridas de juego ilícito.  
26 y 23, el de la audaz arquitectura de fines de los 50, con su Pen House de José Rodríguez Feo, donde vivió Cabrera Infante y se editó Ciclón. El Retiro Médico en La Rampa, elogiado por los masters de la arquitectura mundial, convertido en triste paravant descolorido. El antiguo Edificio de. 25 y Paseo, ya de los años 30, en cambio mantiene su presencia, aun cuando el crimen del odio hizo allí  su nido alguna vez. Alaska, en 23 y M, ha sido arrasado por el odio del tiempo. Mientras Naroca en Línea y Paseo permanece con su exclusividad donde el elevador es religioso y funciona si Dios quiere. Línea y 14 es un edificio horizontal, en cabañas, recuerda las construcciones antiguas de la Costa de Oro de España,  como un proyecto que no se continuó. Edificio Govea, envejecido desde su nacimiento en los 40, destinado a ser ciudadela, con ese tipo de construcción fascistoide de su tiempo. El antiguo Sarrá. En 23 y 12, en ese estilo que el millonario de la farmacología construyó en La Habana y cada reparto, como el Carreño de Marina y Humboldt.
Edificios para Becados, en  25 y G, con dramáticas historias de suicidios estudiantiles. Así Línea y H, 12 y Calzada

La Parroquia del Vedado en que me bautizaron, San Juan de Letrán donde mis padres se casaron, El Carmelo de los Carmelitas Descalzos de Línea entre 16 y 18 donde estaba Padre Patricio mi santo confesor y donde fui calumniado y excomulgado de mí mismo, el Derrumbe  de los Dominicos en 16 entre 13 y 15, donde hice mi comunión con Reginaldo y le serví de monaguillo y de apóstol en las procesiones para que me lavara los pies.  Las Siervas de Maria, el Convento y colegio de Las Teresianas, las dominicas americanas,  Las de Clausura de 13 entre 20 y 22. El colegio La Salle donde no hubiera querido estar, Las procesiones del Santo Entierro donde siempre fui actor de Dios.

Iglesia anglicana: 25 y K,  Judía en 17 y E (Sede de la orquesta Sinfónica), Sinagoga en Línea entre J e I, Sede del Teatro Bertold Bretch, y la que se sostuvo hasta el 59 donde funcionó luego la Casa de las Américas,  sobreviviente.

Colegios: Baldor, La Luz que disfruté, Trelles, Sedano, Rico en 23 y 2  y otras pequeñas escuelitas privadas de buena recordación.

Secundarias: El Pre del Vedado donde estuvo el Instituto de 2da Enseñanza, los colegios con secundaria, convento de las Catalinas de 23 y A. “Shools” Pitman, Havana Bussines, escuelas de secretarias, precursores de mediocridades.

HOTELES: Hotel Nacional: construido en 1929, donde estaba la vieja Batería de Santa Clara. En 1933 escenario de las confrontaciones sangrientas de las Fuerzas armadas. El año en que nací. Y con una larga historia de artistas, deportistas, y personalidades del mundo y el bajo mundo. Frente por frente al malecón, sobre altas rocas, defendido por enormes cañones de hierro y rodeado de espléndidos jardines, donde la ya no joven actriz me violó con y sin consentimiento.

El Hotel Vedado, Saint John (de una cadena de Johnys de un famoso traficante), Hotel Victoria, Capri (con su Casino y Salón Rojo, producto de otras mafias) , Riviera (con sus originales murales y esculturas de Rolando Lopez Dirube, y los cuadros de Cundo Bermúdez en el Casino), Hilton., hoy Libre., Presidente, Meliá Cohíba, recién nacido, de corta pero ya con historia., Hotelitos y ahora la moda del Bed and Breakfast y Los Paladares ideados de la telenovela brasilera VALE TODO.
Hotel Palace, que fuera elegante en los 30, extraña construcción indescifrable, hoy convertido en rara vivienda colectiva. Donde viví en los días en que nos divorciamos de mi padre y filmé escenas de “Mella” en el 75.

Restaurantes: El Jardín, 23 y 12, Vienes, Gato Tuerto, La Roca, Carmelos de arriba y de abajo, Mandarin, Yan Tse, Polinesio, Pekín, Pizzerías, La Romanita, Dña. Rosina, L y 21, la Rampa, La Gruta, Matisse, El Coctail, El Escondite de Hernando,  Monseñor, Los Violines, Imágenes, Eloy, Zorra y el Cuervo, Club 23, Club 21,  Jazz Sesion, Montmatre, Moscú, Wakamba, Flamingo, Amanecer,  Jhonys 88, La Terraza, The Yank, Intermezzo, Turf, Los Nopales (Cine Revista), 23 y G, 1830 … y  el infinito sin estrellas

CASINOS: Salas de juego: Habana Hilton, Havana Riviera, Capri, Casino Parisién, Montmatre,

GANSTERS: el 1, el 2, el 3, el 4--- se me olvida contar.

Una Buhardilla para soñar: casa suiza en H entre 15 y 17

Margarita la Cotera: una vieja, como estandarte viviente, altoparlante humano. Gorda, pintarrajeada, presagio de especie de actriz sureña retirada, dedicada al chisme  con vocación de chivata,  exhibiendo en su portal y jardín de 23 y J, al lado de Los 7 Mares, sus pancartas, pasquines, letreros lumínicos y cuanta parafernalia publicista del peor gusto pueda haber, con letreros de “Batista es el hombre”, “El bombillo que más alumbra”, exactamente en frente de donde hoy se erige el monumento en hierro torcido de El Quijote.

Paradero de tranvías y enfermeras en Línea y 18. Esquina de calor –y color-. Puestos de fritas, tortillas, rositas de maíz. Y citas de amor.
Paradero de las rutas 26 y 27, las únicas con mujeres conductoras, en 23 y 18 y luego en 26 frente al zoológico del Vedado. O cuando el Vedado era otro Zoológico.

Salas de cine: Gris, Vives, Olympic para las familias de barrios, Trianon y Riviera para los pepillos, Auditórium para los culturosos, Rodi (Mella) para la nueva clase, Astor (23 y 12) para los pepillos de arriba, Atlantic (Chaplin) para los cinéfilos, con  La Rampa, Renacimiento (Ambar) para sin subtitulaje, las manejadoras y las ancianas , Warner, Radiocentro, Yara, para pensar que el Vedado es un barrio desarrollado que a veces ha tenido funciones hasta las 12 de la noche.

Teatros: Auditórium, Rodi, Odontológico, Arlequín, el Guignol de los Camejo, Hubert de Blanck, Rita,
Valdés Rodríguez, Teda, Tespis, Patronato, ADAD, los jardines de las familias nice,   Las Mascaras, el Sótano,  La Casona, Teatro Estudio, Conjunto Folklórico, Universidad Plaza Cadenas, Talía, Bertold. Bretch, Habana Libre, testimonios de una lucha encarnizada, persistente, valiente, mil veces aplastada y vuelta a levantar, donde la cultura teatral se ha esforzado a sangre, fuego, desamparo, persecución, dogmatismo, parametraciones  y a veces atropello. En el Auditórium los conciertos de la Orquesta Filarmónica Nacional, con programas excepcionales, los directores más prestigiosos y los  solistas y virtuosos más importantes del mundo, que nadie hoy puede imaginar. Funciones los domingos en las mañanas, después de la misa en la Parroquia del Vedado, con merienda y encuentros inevitables en El Carmelo. Pero habrá otra gala el lunes en la noche, para el lucimiento de los modelos de Manet del Salón Francés de El Encanto, las capas de pieles guardadas en los refrigeradores de Madame Rosell durante el verano, y las joyas de
Las familias. Al segundo balcony las Juventudes Musicales y la crema de la intelectualidad. 

Librerías: L y 27,
Habana Libre,
Biblioteca del Lyceum Lawn Tennis
Biblioteca Casa de las Américas
Biblioteca de la Universidad.
Estudios Martianos, Calzada y E
Salas escasamente visitadas, clientes fijos y algunos que quedaron petrificados allí para siempre, de modo de poder demostrar que una vez existieron lectores..

Conciertos y música de cámara en Hubert de Blanck con la memorable presentación de   Rita Montaner en  La Médium de Gian Carlo Menotti, que luego secundó triunfalmente Alba Marina.

El Lyceum con sus conciertos de música de cámara, sus salas de exposiciones, sus salones de conferencias, tan criticado, tan ofendido pero nunca sustituido, convertido en humilde e ineficiente Casa de la Cultura , DEL VEDADO.

Ballet y opera, en el Auditórium, continuados hoy en el Amadeo Roldán, gracias a ProArte musical, Patronato del Teatro, Adad, Ballet Alicia Alonso, Ballet Nacional de Cuba, Juventudes Musicales, Sociedad Nuestro Tiempo…

Galerías. Lyceum, Edificio Mella (Retiro Odontológico) , Galería Juan David en el cine Yara, Galería Habana en Línea entre D y E, Galería  23 y 10 del ICAIC, Galería 23 y 12, y Casa de las Américas

Museos: Casa Américas, de la Danza en Línea y G, Artes Decorativas en 17 entre D y E,  Galería Haydee Santamaría en Paseo,

Esculturas de Rolando López  DIRUBE, exterior del  Edificio  Asclepios, en Paseo y 17, original mural de hormigón que se extiende delante de la fachada remedando la escuela plástica de Wilfredo Lam, contemporáneo de Dirube. Dirube, también pintor y escultor de los murales interiores del vestíbulo y el casino del Habana Riviera, y de la escalera sin final del mismo hotel. Esculturas de Rita Longa frente al Zoológico del Vedado.

Escuela de Ballet en L y 19, y en Calzada entre D y E  BNC,
Conservatorio de música en F y 27

Universidad de la Habana, 1905. Se trasladó del Monasterio de Santo Domingo, en la Habana Vieja, al tope de la colina,  hoy llamada Colina Universitaria.
La viejita de las palomas de la Universidad, llegaba descalza todas las tardes a echarle  granos a las palomas. Las palomas eran parte esencial de la Escalinata de la Universidad, como lo son en las viejas plazas de Europa. Hace años la escalinata no tiene palomas, como tenía nieve en mis pesadillas.
Plazas, escalinatas, columnas, patios. Tienen tantas historias, que es otro Vedado.

Como apéndice de la Universidad, la residencia para señoritas estudiantes, en L y 19, que dada la belleza de sus habitantes recibió el nombre popular de “La Bombonera”

El malecón, que todo lo circunda, es el muro que supone una separación del mar, tantas veces robado. El mar que intenta cuando se acuerda, recobrar lo perdido. El malecón que se extiende a comunicarnos con La Habana, el que tiene dos vidas y dos caras. Cuando los transeúntes se sientan frente al mar, o cuando se sientan mirando a la ciudad. Extrañas posiciones que  enmascaran estados de ánimo, actitudes, objetivos. Pudiera hacer lecturas múltiples de cada posición, las conductas de las parejas, los que se exhiben desde los arrecifes, pescadores reales, carteristas, piropeadotes, cazadoras, cazadores, infortunios, latrocinios, confesiones, engaños, trampas, juramentos, recuerdos “j´ëndrai”, suicidas, tirar flores, tirar kilos, tirar despojos, limpiezas, planes, ilusiones, fantasías, tirar sueños. Y tirar el calor y recibir el viento, la brisa… y más allá la brisa…

Puedo ser reiterativo y hasta picúo –que en el Vedado se decía cursi-, pero el Vedado está en mí, y va conmigo, es más, El Vedado, como Flaubert, donde incluyo aquel lugar, aquello que me es vedado, EL VEDADO… soy yo.

Enrique Pineda Barnet
Octubre 30 del 2003


“AQUELLO” QUE ME ES VEDADO, LÓGICAMENTE  NO APARECE REFERIDO.

NOV 11 /2003

En la foto Enrique Pineda Barnet en una azotea del Vedado