viernes, 11 de febrero de 2011

DVD PROFESIONAL “LA BELLA DEL ALHAMBRA”


Editado en Cuba por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, 2009-2010
Video ICAIC- BONUS CD Banda Sonora

CONTENIDO:

Filme “La Bella del Alhambra” (1989), dirección: Enrique Pineda Barnet

EXTRAS:

Documental “Canción para Rachel” (2007), dirección: Carlos Barba
Fichas técnicas
Carteles
Galería de fotos
Biofilmografía de Enrique Pineda Barnet
Biofilmografía de Beatriz Valdés Fidalgo
Críticas
Premios
Momentos musicales

LA BELLA DEL ALHAMBRA

Por Luciano Castillo
Investigador y crítico de cine cubano.

Cuando uno escucha en el documental “Cuentos del Alhambra” (1963), el testimonio de la veterana Amalia Sorg, ya una mujer envejecida, rolliza, enorme de busto, pero con una vivacidad y una chispa de picardía en la mirada y los gestos, con las que trató de seducir al novel realizador Manuel Octavio Gómez, comprende que en su juventud, como narrara al novelista Miguel Barnet, fuera una mujer muy libre que podía hacer de su capa un sayo. Estaba convencida de que podía superar hasta la Chelito criolla y a otras coristas, solo con observarlas cuidadosamente, -no para imitarlas, sino para recoger con malicia-. Hasta que, convertida en una esponja, capaz de caracterizar a una mulata que hizo época, irrumpió como un huracán en el escenario del Alhambra, aquel teatro de la calle Consulado, fundado el 10 de noviembre de 1910, en el cual arrebató al exclusivo público masculino, al tiempo que enfrentaba una guerra sin cuartel contra sus rivales que le hicieron la vida imposible.
Solo alguien dotado de una sensibilidad tan especial como Enrique Pineda Barnet (La Habana, 1933), era la única persona que podía acometer una empresa de tal envergadura como la recreación de la atmósfera propia del coliseo. Las temporadas del Alhambra, que devino algo más que un teatro, como precisa el historiador Rine Leal, "no hicieron otra cosa que prolongar (y perfeccionar) los mecanismos de comunicación del bufo, sustituir unos tipos vernáculos por otros y mantener los elementos de apelación del público, basados en la música, el texto superficial, el choteo, la parodia, el tono subido de color o francamente pornográfico, y la actualidad política, excluyendo de la misma toda crítica que fuese a la raíz del problema".

Pineda Barnet ya en los años sesenta se preocupará por registrar en celuloide para la Enciclopedia Popular, acontecimientos de nuestra escena como una histórica puesta en escena de “Aire frío”, de Virgilio Piñera, o de Fuenteovejuna, de Lope de Vega. Después de una serie de largometrajes como “David”, “Mella”, “Aquella larga noche” y “Tiempo de amar”, vinculados todos a figuras y períodos determinados de la historia de Cuba, decide filmar con el título de “La Bella del Alhambra”, su versión de la novela “Canción de Rachel” (1969), de Miguel Barnet, testimonio novelado que trasciende el retrato íntimo de Amalia Sorg, una corista muy famosa entre la década del 20 y parte de la del 30 en el teatro habanero Alhambra, para abarcar todo un período de frustración republicana.

Como "gran tubo de ensayos de toda una música cubana", calificó Alejo Carpentier el nacimiento del teatro bufo, y al teatro Alhambra, su sede: "el conservatorio de la música cubana" en los inicios del siglo XX. En su escenario se estrenaron partituras antológicas, como los danzones de Jorge Anckermann, y de otros autores y desfilaron innumerables estampas costumbristas –generalmente protagonizadas por los personajes típicos del gallego, la mulata y el negrito-, sin olvidar la sátira política. El asturiano Regino López fue el máximo intérprete y animador de ese controvertido teatro para hombres solos, que se mantuvo en continua actividad durante veinticinco años hasta que se derrumbó en la noche del 18 de febrero de 1935. Allí, el matancero Federico Villoch era comúnmente llamado "el Lope de Vega criollo", por su gran fecundidad al aportar unas quinientas obras. Sobre la génesis de la película explicó el realizador:
"Desde que hicimos el guión, decidimos no tomar la novela al pie de la letra, sino utilizar los elementos más cinematográficos de la obra, seguir la trayectoria de esta artista y lo que podía significar como alegoría. La novela-testimonio nos hubiera obligado a hacer una película-testimonio distinta a la que teníamos en mente. Se trata de la historia de Rachel y, a la vez, del teatro (…) La película narra las aventuras y desventuras de una mujer por su realización. Teníamos también, con respecto a Rachel, la idea de este personaje en cuanto a que la vida es una y difícil; que se vive en una cuerda floja, que el problema no está en lograr el equilibrio, sino en vencer la cuerda de cualquier forma, saltando jadeante, aferrándote a ella con los dientes".

Con un indescriptible despliegue imaginativo, más que de recursos, para la reproducción de La Habana de los años 20 por el preciosista escenógrafo Derubín Jácome, la película rememora el repertorio de este teatro, que abarcará desde el sainete costumbrista, el de solar, el político, las revistas de espectáculo y las de temas de actualidad, la opereta y las parodias. Los estudiosos apuntan que en el fondo, el Alhambra pulsaba diversas cuerdas de un mismo diapasón: el acento sainetero, espectacular, musical y actual. Todo este ajiaco criollísimo, sazonado con el extraordinario trabajo de Mario y Gonzalo Romeu en la selección y orquestación de las piezas más representativas de cada género y época, además de la composición de música incidental, contribuyó a un clima fidedigno, nostálgico y evocador. Se respira en las imágenes logradas por Raúl Rodríguez ese encanto de los grabados, ese sabor añejo que transmiten anuncios y viejas fotografías de la época, acentuado por una excepcional banda sonora que adquiere valores independientes. Pero de nada habría servido contar con un equipo de colaboradores de tan probado profesionalismo, al que se sumó el diestro editor Jorge Abello, y asesores en disímiles aspectos, sino hubiera aparecido la intérprete capaz de personificar a esa muchacha con dotes artísticos que no se conforma con actuar en una carpa paupérrima. Con su empeño verá cumplirse sus sueños al ser contratada en el teatro Alhambra, donde recibirá aplausos y escuchará comentarios envidiosos. Pronto la prensa y el público la bautizarán como “la bella del Alhambra”. Ella fue Beatriz Valdés, una joven actriz en quien por su desempeño precedente ante las cámaras, era imposible avizorar, que, como un Pigmalión, el cineasta la convertiría en su (nuestra) Rachel. Hay que agradecer la obstinada defensa por el realizador de su propuesta frente al intento de imponer una figura española como protagonista. Este es uno de los tantos descubrimientos del largometraje documental “Canción para Rachel”, de Carlos Barba, sin duda el mejor de su tipo consagrado a un filme cubano hasta la fecha.

Resulta admirable apreciar a la esplendorosa Beatriz, en su interpretación pletórica de genuino sabor de canciones antológicas en las voces de glorias del patrimonio cultural cubano. "Beatriz consigue, sin estereotipos ni parodias, resumir en un nuevo personaje, que no se parece a nadie en particular, -escribió Enrique Núñez Rodríguez-, toda la gracia, la sensualidad, la picardía y la rotunda criollez de aquellas mujeres por las que suspiraron nuestros abuelos. (…) Beatriz es, en esta película, la esencia de todas las grandes del género".

Solo así uno puede imaginar a toda aquella galería de intérpretes que desfilaron por las tablas del Alhambra, que terminaban por ser coautores de las obras con sus morcillas e improvisaciones hasta transformar el teatro en un verdadero fenómeno. Al apreciar la interpretación de esa auténtica revelación que es Beatriz Valdés en números como “Capullito de Alelí”, “Tápame”, “Cabo de guardia”, “Si llego a besarte”, o ese clásico que es “¡Ay, mamá Inés!”, la reacción es harto satisfactoria. Su agradable voz y la frescura y picardía que irradia su Rachel al desplazarse por las tablas del teatro pinareño “José Jacinto Milanés”, remedo del desaparecido coliseo habanero, la convierten en una especie de alter ego de Amalia Sorg y de tantas otras vedettes aclamadas en el Alhambra: Blanca Becerra, Luz Gil, Pilar Jiménez, Consuelo Novoa, Candita Quintana, Alicia Tellechea, Hortensia Valerón, Mimí Cal, Eloísa Trías, María Pardo e Inés María Hernández. El equilibrio de las interpretaciones alcanza hasta los papeles episódicos.

Reiteradas veces Pineda Barnet ha definido su película como la historia de una mujer que, como la República, no quiso ser prostituída, y que pese a incorporar diversos números musicales, no es un musical: "Pienso que es un melodrama musical, o, un melodrama con música. El melodrama es un género dramático tan válido como la tragedia, la comedia, la picaresca, la farsa, o cualquier otro. (…) La película pretende rescatar algunas de nuestras tradiciones teatrales y la esencia de nuestra música cubana, tratando de hacer sonar nuestra tradición musical con timbres nuevos y con imágenes nuevas para los nuevos ojos y los nuevos oídos: la juventud ".

Desde su estreno en La Habana, el 28 de diciembre de 1989, “La Bella del Alhambra” suscitó lo que un titular de la prensa calificó de “delirio nacional”: dos millones ochocientos mil espectadores en poco más de tres meses de exhibición, en una isla que entonces contaba con diez millones de habitantes constituyó todo un récord de taquilla. Recibió medio centenar de galardones nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Goya otorgado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España. El exigente crítico Alejandro G. Alonso apuntó: "La Bella del Alhambra acierta en más de lo que se equivoca; y, así, la agradece nuestro devoto público, seguidor incansable del cine cubano, cuyas apetencias encontrarán en la cinta, motivos ciertos de satisfacción". De "deliciosa pintura de una época irrecuperable" la calificó un cronista argentino en ocasión de su resonante estreno en Buenos Aires.

¿Qué representa “La Bella del Alhambra” en el contexto del cine revolucionario…? El saldo –tardío, pero válido- de una deuda con un género de arraigo popular que los espectadores cubanos (y de otras latitudes) esperaban de la cinematografía del país durante varias décadas. El cine cubano pre-revolucionario, pese a contar en numerosas películas con la presencia de viejas figuras del Alhambra no llegó a rendirle el tributo que merecían. Las tentativas anteriores, fallidas en grado superlativo por revitalizar el género musical, de Manuel Octavio Gómez con “Patakín” (1982), y de Constante Diego con “Hoy como ayer” (1987), dejaron el camino libre para que brillara con luz propia, alejada de toda historicidad y documentalismo, la creación lozana e imperecedera de Enrique Pineda Barnet (Premio Nacional de Cine 2006). Con elementos de probada eficacia comunicativa y una considerable dosis de buen gusto, consiguió tejer la urdimbre de una genuina pieza de orfebrería en su género, destinada a un receptor siempre dispuesto a recibir una obra de esta naturaleza.

Dedicada "a todos los que han hecho y hacen posible nuestro teatro", en los últimos minutos de “La Bella del Alhambra”, esa suerte de violetera del Caribe que es Rachel-Beatriz Valdés, languidece rodeada de velos, como Sarita Montiel fenecía entre bambalinas luego de vocalizar su "último cuplé": "volver al teatro Eso no. Pero vivir, lo que se llama vivir, eso si. Yo no estoy preparada para la muerte". Los espectadores cubanos y de todos aquellos países donde se ha exhibido con rotundo éxito la película, que ahora presenta el ICAIC en este nuevo soporte, se resignan a que cese este aliento vital transmitido a un género tan criollo como las palmas.

BANDA SONORA DEL FILME:

Canción de Rachel, Mario Romeu
Galleguíbiri Mancuntíbiri, parodia de Absolutely Mr. Gallager, Positevely Mr. Shean actualizada por Enrique Pineda Barnet y Gonzalo Romeu
Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig con letra de Ramón Gollury y Agustín Rodríguez
Rag Time Marius I, de Mario Romeu
Longina, de Manuel Corona
Tápame, de Ricardo Yust y A. López Monis
Titina, de Duncan y Daniderff
Rumba flamenca, anónimo
Cabo de guardia, de Tato Alfonso
La señorita de Maupin, de Federico Villoch y Jorge Anckerman
Alexander’s Rag Time Band, de Irving Berlin
El pescao, de Eliseo Grenet
El lunar, de José Bohr
Si llego a besarte, de Luis Casas Romero
La mujer de Antonio, Miguel Matamoros
Papá Montero, anónimo
Ay, mamá Inés, de Eliseo Grenet
La isla de las cotorras, de Federico Villoch y Jorge Anckerman
Son de la loma, de Miguel Matamoros
La Mora, de Eliseo Grenet
Ramona, de Mabel Wayne
Capullito de alelí, de Rafael Hernández
I loved you, de David Mendoza
Traviata, de Giuseppe Verdi
Lágrimas negras, de Miguel Matamoros
Siboney, de Ernesto Lecuona
Eleonora, de Jessie L. Deppen
Two Steps Marius II, de Mario Romeu