viernes, 5 de junio de 2009

SIETE CUENTOS DEL SEPTIMO DIA

 


Copyright CENDA 0601-501

A mis abuelos
que supieron, sin descanso,
llenar la casa - y la isla-
de hijos buenos.


A mis alumnos,
-como icebergs-
que saben asomar
las esperanzas.


Enrique Pineda Barnet


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EXACTAMENTE EN DIAS COMO ESTOS, EN 1992, ESCRIBÍ ESTE TEXTO EN UNA CAMA DEL HOSPITAL CARDIOVASCULAR.  APROVECHANDO MI CIRCUNSTANCIA DE ENTONCES, LA HICE PÚBLICA, ALBERGANDO ESPERANZA.

 

ESTAMOS EN EL 2004.

 

                                     SOPLAR  COMO  DIOS

(Publicado en los periódicos "Juventud Rebelde" de la Habana y "El Nuevo Herald" de Miami, en los mismos días, como si nada).

            La Patria, esa palabra anacrónica, "démodè", de libro de lectura, en desuso, cursi...¡esa palabra!

            La Patria-PATRIA, la esencial, la que está sustentando nuestros pies, la que nos alberga, nos pare, nos vomita, la que forjó el carácter y el mal carácter, nos dió la voz, resumió imbricaciones, la de los sueños y las luchas, pero sobre todo la de la sangre -los amados perdidos y hasta los hermanos enemigos aplastados en la muerte-.

           La Patria de la poesía y el gesto vulgar, sexo-boca-sepultura-lecho-mesa-fruta. La atesorada en cofres emigrados, la ensangrentada en las caídas de los caballos heróicos, la que sumergió las estrellas que iluminan...la malversada, atropellada, pretexto, escala, apoyo, lanza. La que como un pez grande muerto en el océano es acosada para ser devorada a dentellazos.

            La Patria de la que tiramos por un lado y del extremo de la soga con esa voluntad tan férrea de romperla. Esa, la Patria, la que de cualquier modo -para bien o para mal- es de todos. Esa, está en peligro.

            Y es como si no importara, como si lo que valiera fuera el "cacho", el trozo, el desgajado miembro, la tira de la piel, el filo de la uña...que cada cual quiere llevarse en el bolsillo.

             Entonces, por tanto, teniendo en cuenta todo eso:

             Agarre su cuota tan apretada en el puño, váyase a altamar, busque un cayo, un islote, abra la mano frente al sol, y trate de crear con su "cachito" La Patria, esa, la esencial, la primera, la única...sople al sol el salitre en la palma de su mano, hágalo con todas sus fuerzas...a ver si crece, a ver si  usted es capaz de hacerse para sí solo otra Patria.

Enrique Pineda Barnet

Instituto Cardiovascular

Ciudad de La Habana

Octubre 1O de l992 


Publicado en los periódicos "Juventud Rebelde" de la Habana y "El Nuevo Herald" de Miami, en los mismos días, como si nada.

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 EL SANTO  "ESO MISMO"

¡Que expresión tan ordinaria! Pero fue así que le ocurrió a Jesús, que era un santo, cuando llegó al templo, donde suponía que los hombres debían estar orando y lo encontró convertido en mercado, lleno de infamia y corrupción. Y entrando Jesús al templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban, y trastornó las mesas de los cambistas y las sillas de los cortesanos...y así se indignó, se llenó de santa ira, se  encabronó, y agarró el santo empingue, que fue lo que le colmó de gracia, de fuerza, de suprema violencia...y los castigó con furia, los echó, azotó, maldijo: "Vosotros habéis hecho de mi casa una cueva de ladrones". Y a partir de ahí, se propuso morirse.

-Porque no es igual no morirse-. El se propuso morirse porque estaba enfermo de Patria, enfermo de Templo y de Casa, porque la corrupción y la infamia duelen hasta cuando salpican. Se propuso morirse pensando que podía así cambiar las cosas, que la crónica de una muerte anunciada puede ser motivo de reflexión, de transformaciones. "En la cruz ha de morir el hombre todos los días", se confundió. Y de la indignación, berrinche, santa ira, santo "eso mismo", se invadió de calor, le dolió y le aplastó el pecho, le atravesó el corazón y díjose: " me da la gana de morirme". Y corrió a ordenar sus gavetas, escribió los testamentos, lo que la gente debió saber de siempre y no le daba la gana de enterarse, lo que todos de alguna manera proclamaban para gozar el secreto placer de lo contrario.Decidió morirse. Y escribió las cartas endeudadas, apretó manos, se despidió con optimismo. Se moriría y todo iba a cambiar. Algunos pensarían que era un "mentecato", otros dirían que había sido un soñador, un romántico, un tipo poco práctico. Algún cortesano murmuraría que había ejercido el oportunismo de morirse espectacularmente para convertirse en vedette del sufrimiento. Los que le amaban y reconocían sollozaron en silencio la inútil muerte de su socio Jesús. Pero lo cierto es que nadie se había propuesto el seguimiento  -y cerrar el mercado, menos-. Que el templo se venga abajo, pero cada cual con su ganancia y su arca flotante a mano.

Mas, ocurrió lo único no posible, lo impensado. No resucitó al tercer día, pero lo operaron. Le operaron la cruz, le sanaron con rayos láser la lanza del costado, le injertaron clavos de acero inoxidable, le cauterizaron la corona de espinas, le otorgaron una dieta de aceite -para combinar con el vinagre-. Las maravillas de la ciencia, los adelantos, el verdadero amor conque se impusieron el salvarlo. Así, como un radiecito roto tirado patas arriba sobre una mesa de mecánico desordenado, con todos los cables vibrando sueltos, lleno de mangueritas, con las venas abiertas de América Latina, cortado en dos por una sierra eléctrica como una langosta carapacho-abierto por dos gatos hidráulicos, cambiadas todas las sintonías, revivido, nuevo, de paquete, pelota de football rugby magullada al final del partido, lo depositaron fuera del Taller de Reparaciones, en la acera: dado de alta.

No, no es igual no morirse. ¿Dónde quedó la promesa, el propósito, la oferta?¿Y el ejemplo, el arma, el instrumento de lucha y de transformación? Los escribas y los cortesanos de los sacerdotes tenían ahora que procurar cómo deshacerse de él.

Estaba allí, depositado en la acera, "de alta", frente al mismo Templo, el mismo Mercado. Fue a cruzar la calle, aun embelesado en su impotencia, un coro de ciclistas venía a todo tren. Uno de ellos, el más entusiasta, haciendo un estruendoso frenazo, le gritó:

-Oye, “tembo”... ¿es que tu quieres morirte?

                                                       Enrique Pineda Barnet

                                                       La Habana, Noviembre l6 de l992

 

* "empingue" : expresión popular grosera para denominar indignación, ira. Sinónimo: encabronamiento.

* "tembo": expresión popular más bien despectiva, para denominar a un viejo.

 

Actualización: noviembre 2008 (igual) 

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               AJUSTE DE CUENTAS

                                                                  ( A Gilbertico, a los muchachos)                                          

     Luego de haber sido cómplice -por hijo- de la creación de todo lo bueno - Y LO MALO-, estaba Jesús meditabundo, sentado sobre una piedra. Había ocurrido remotamente aquello del Edén, los despidos, la precipitación en el fuego y la vuelta a la manzana. Había ya caminado sobre las aguas, repartido -mejor, multiplicado-, los panes y los peces -y los hombres-, sin menoscabo de la moral. Resucitado a los muertos - y de entre ellos mismos-, orado en el huerto, arado en el desierto, en fin...hasta crucificado. ¿Qué más podía acontecer?. De todo: responsable, compinche, socio, compañero...

Acercósele el Ángel, que lo observó, quizás hasta angustiado, y le preguntó:

-¿Qué os atribula, Señor? ¿Qué os provoca tanta incertidumbre, después de tantas esperanzas que forjó en sus noches...?

-Hijo, digo, Ángel, no sé...- suspiró Jesús, mirando abajo al universo tan atareado.-No sé qué hacer ofertando tanto del alma, y sin mercado.

-¡Ay, Señor!.- dijo el Ángel- Unas veces renegáis del Mercado y ahora de la No Demanda...

Jesús enjugó su lágrima.

-¡Es tan difícil saber  qué hacer con lo que abunda y lo que nos falta!

Y dicho esto, comenzó a tirar piedras desde lo alto.

 

                                               Enrique Pineda Barnet

                                               La Habana, marzo 9 de l993


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DIMAS?

 

   Dimas, el buen ladrón, intentó robarse  los clavos de la cruz de Cristo. Pero , como Jesús era tan generoso, prefirió imaginar que lo estaban liberando.

 

                                                       

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CAIN?

Y estando Jesús conturbado, con una sombra de pecaminoso pesimismo, pensando en el otro Judas y el gallo que cantó toda la madrugada, se le apareció Caín y, manos a la cintura, le espetó:

-Ah, pero ¿te vas a hacer el nuevo?


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MAGDALENA?

    La Magdalena se encontró al Señor, que estaba contemplando su propia imagen  en el manto de la Verónica. Llena de celos se le enfrentó a Jesús, recriminándolo.

-¡Ah, te sorprendí en pecado!.- le dijo.

Y fue cuando él  puso... la otra mejilla.

 

                             

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                                                              SALOMONICA?


-¿Qué es el cinismo?

Ella sonrió mientras afilaba el cuchillo conque Salomón cortaría en dos a su hijo:

-Estoy aquí para vigilar la cuota que me toca.


                                             

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LOS PELIGROS DEL SEPTIMO DIA

 

 El Señor se sentó a descansar, pero se quedó dormido, y ocurrió que todo lo realizado estuvo a punto de venirse abajo.

 En el principio había creado los techos y los pisos, pero estaban en tinieblas, y Él hizo la luz, la expansión, las aguas y la tierra. Y un jardín que produjo árboles y frutos. Y lumbreras para alumbrar y guiar. Y lo llenó todo de animales. Y dijo: "Hagamos el hombre a nuestra imagen, para que señoree", y crió al varón y  la hembra, para fructificar y multiplicar, y les dió el  Paradiso, y cuanto era imaginable para comer. Y reposó, -no sin antes bendecirlo todo-. Pero se le ocurrió prohibir

            Y nada menos que prohibió el Conocimiento. Y, aprovechando la siesta del Señor, el hombre y la mujer probaron del Conocimiento, y se enteraron de las Cuestiones. Pero la Serpiente, que era una insidiosa, engañó al Creador -que no por ser Él mismo dejaba de ser  engañable-,  y le dijo que la pareja había pecado, cuando en realidad se habían iluminado. Y el Señor les condenó a la vergüenza innecesaria y aplicó los castigos que inventó la Serpiente -porque cuando a Dios se le ocurre escuchar a la Serpiente todo se vira patas arriba-. Inventó el dolor, las discriminaciones, el hambre, el sudor, la muerte, - y el Miedo-.

            Todo esto le ocurrió al Señor por dormirse sobre los laureles. El Paradiso se volvió un sitio carcomido, todo de caries, bombardeado. Ni un fruto en los árboles ni en las despensas. Ni vestidos ni abrigos para cubrir el pudor inventado con la vergüenza o el frío de la soledad. Fue entonces el reino del dolor, el aparthait, la miseria y el terror.

            Pero el Dios no había leído a Bertold Brecht y no entendía la relación entre el bien, el mal, la  necesidad y la satisfacción. Y el hombre se corrompió -ayudado o no por la mujer, pero junto con ella-.

            Y el Señor tuvo una revelación: soñó que el sueño podía ser recobrado, que un Paradiso se reconstruye con un mínimo de organización y recursos en un Proyecto de cortos años, que los almacenes y despensas pueden colmarse de hoy para mañana. Pero el sueño revelaba un error trágico:

RESTITUIR LA INOCENCIA, EL ESTADO DE GRACIA INICIAL, LA RAZON PURA, PENSAMIENTO, ACCION Y PALABRA, SIGNIFICARIA OTRO MILENIO, GENERACIONES Y GENERACIONES DE PARADISOS, ARBOLES, HOMBRES Y FRUTOS.

              El Poderoso despertó sobresaltado.     

              Una paloma bajó a susurrar en el oído del Señor la urgencia de una luz para guiar el camino del recobramiento. Él, Dios, de inmediato, ordenó aparecer una estrella encendida.

              Pero como el Señor volvía a cabecear, no pudo percatarse de que en dicha lumbrera estaba agazapada la Serpiente.

              Y entonces, fue el Diluvio. 

 

                                                      Enrique Pineda Barnet

                                                  La Habana, enero 6 de l993